Salir del otro closet
La controversia suscitada por el libro de Jose A. Pagola sobre Jesucristo, que tanto ayudará a subir su difusión y venta, revive desde el punto de vista teológico la pregunta por el estatuto de las conferencias episcopales, o en general, del carácter que reviste una enseñanza o disposición de un obispo, si se le considera de manera individual o como parte de un cuerpo colegiado más amplio.
El criterio con el que se han presentado las cosas, por lo menos si uno juzga por algunos comentarios a estos blogs, es algo así como esto: “Si es un solo obispo el que condena un libro, el problema es del obispo; si en cambio fueran muchos, valdría la pena considerar el asunto.” La pregunta que surge es: Según esta eclesiología basada en mayorías, ¿cuántos obispos, y de qué sedes, tienen que pronunciarse sobre un asunto para que este quede zanjado?


Cuando los británicos protestantes empezaron a tomar posesión por la fuerza de los templos católicos en Irlanda hubo un enfrentamiento cultural y civil, por supuesto, pero también la confrontación de dos modos de ser iglesia. Tal vez la mejor manera de percibir la diferencia es preguntarse qué clase de diálogo pudo darse en tales circunstancias, a principios del siglo XVII. La respuesta puede ayudar a entender por qué existe una Latinoamérica católica, por qué Polonia es baluarte del catolicismo en Europa Occidental, y por qué el avance teológico no suele ir a la par con el avance misionero.





