7.12.16

Novedades y rúbricas en el Misal (II)

Habiendo visto algunas –no todas, ni mucho menos- de las rúbricas nuevas o modificadas de los ritos iniciales y de la liturgia de la Palabra, avanzamos con la liturgia eucarística. Revisémonos todos, y ajustémonos a las normas actuales de la Iglesia.

3) La liturgia eucarística

-En los números 73-77 de la OGMR se describe detalladamente desde la procesión de ofrendas hasta la incensación y el lavabo de las manos del sacerdote. Si se leen estos números, sin duda se corregirán los excesos de la «presentación de ofrendas» que tantas veces se ve:

  • no existe monición a cada ofrenda
  • ni tampoco existen «ofrendas simbólicas» (este libro, este reloj, este balón…)
  • sino todo el pan y vino necesarios para la Santa Misa
  • y otras donaciones reales para los pobres o para la iglesia.

-El canto para las ofrendas no es obligatorio siempre; «al rito para el ofertorio siempre se le puede unir el canto» (OGMR 74); en muchas ocasiones será mejor que únicamente suene el órgano.

-El lavabo en la Misa sigue siendo obligatorio (no es opcional) y se señala que se hace «en el lado del altar» (OGMR 76), no en el centro.

-Todos se pondrán en pie al decir el sacerdote: «Orad, hermanos, para que este sacrificio…» (OGMR 43) y no después.

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Novedades y rúbricas en el Misal (I)

A lo largo de tres artículos, fuimos viendo qué es y qué valor tiene la nueva edición del Misal romano en castellano, para recibirlo como acto de entrega de la Iglesia que requiere acogida filial, valorando, al mismo tiempo, el Misal como fuente de espiritualidad que enriquece, indudablemente, la oración personal si los textos litúrgicos van también acompañados de nuestra meditación silenciosa y contemplación.

Pero la recepción de esta 3ª edición del Misal no sería completa si nos olvidásemos o ignorásemos las rúbricas, las normas de obligatorio cumplimiento para el desarrollo de la Santa Misa. Las rúbricas son, de algún modo, teología en acto, responden a un porqué, y evitan el capricho y la arbitrariedad de unos y otros, para crear unidad en la liturgia, unidad que es comunión eclesial. Sí, las rúbricas hay que cumplirlas y obedecerlas: es la Iglesia –nadie en particular, nadie por iniciativa propia- quien dispone cómo hay que celebrar. También en esto, «sentir con la Iglesia» y «sentir la Iglesia» es fidelidad a las rúbricas, obediencia fiel de hijos a la Iglesia madre.

La primera parte del Misal es un amplísimo documento que se llama Ordenación General del Misal Romano (: OGMR) donde se ofrece la teología del sacramento eucarístico y la normativa y rúbrica para su celebración. Este documento merece ser conocido y estudiado.

En esta tercera edición de la Ordenación General del Misal romano (: OGMR) se explican y se matizan muchas normas litúrgicas, se aclaran algunas rúbricas y se añade alguna más. Para ser fieles, hay que conocer estas rúbricas y, lógicamente, obedecerlas.

¿Novedades? ¡Algunas hay! Vamos a recorrer la celebración de la Misa (1). La descripción la hallamos en el capítulo IV de la Ordenación General del Misal Romano, titulado «La forma de celebrar la Misa».

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1.12.16

Presentación... lo que se pretende

Primer post de un nuevo blog, “Liturgia, fuente y culmen”, como presentación.

¿Qué decir? Partimos de un convencimiento profundo y arraigado: que la liturgia es fuente y culmen de la vida de la Iglesia, su auténtica espiritualidad, escuela del verdadero espíritu cristiano y que tiene importancia suma para la vida espiritual de los fieles cristianos.

¿Qué decir más? Que la liturgia, en la variedad de sus ritos y familias litúrgicas, no son sólo ceremonias y rúbricas, sino acción de Dios y presencia del Misterio, glorificación de Dios y santificación de los hombres. En ella se entrecruzan la teología, la espiritualidad y el ejercicio pastoral de la Iglesia. La liturgia es la “theologia prima”, la primera teología, porque “lex orandi, lex credendi”.

¿Cabe añadir más? ¡Sí! Otro convencimiento igualmente firme y arraigado: que es necesaria la profundización en la liturgia, en sus ritos, gestos, acciones, plegarias… lo que la Tradición, y muy especialmente los Padres, llamaron “mistagogia”, es decir, entrar más en el misterio de la liturgia, con una comprensión mayor y más espiritual.

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