InfoCatólica / Javier Tebas / Archivos para: Agosto 2011, 21

21.08.11

Crónica de la vigilia tormenta

Miles de personas se agolpan frente a una barrera policial. Son órdenes de arriba, aquí no pasa nadie. ¿Por qué? Cuestión de seguridad. Una nube de tormenta cierra el cielo y oscurece la tarde. Se agradecería el viento si no levantase tanto polvo. La tensión crece, mucha gente ha venido de muy lejos y no piensan quedarse a las puertas. Con la tormenta se desata una avalancha humana, unas dos mil personas rompen el cordón de voluntarios quinceañeros que, acojonados por la situación, no han aguantado más. Y entonces el caos.

Llueve con violencia, de la que duele en la cara. Vuelan paraguas, gorros, tiendas de campaña. Hasta solideos papales. Llueve barro y no se ve un carajo, tampoco se oye nada. Sólo los truenos, que terminan de dar un aire de campo de batalla a Cuatro Vientos. Algunos gritan, otros intentan cantar. El panorama es tal, que pareciera que viene uno a hacer la crónica de la operación tormenta del desierto.

El miedo de todos es que caiga alguna estructura escénica, algún andamio de altavoces o alguna pantalla. En un recinto sobrepoblado de peregrinos, sería dramático. Y a todo esto, ¿el Papa?, pues sentado en el altar un paraguas le cubre la cara. La seguridad vaticana al borde del infarto y él que no, que no se mueve.

Y después de la tormenta, llegó la calma. Y con la calma un murmullo por todos los cuadrantes. Como si hubiera fuese posible una analogía más exacta de lo que espera fuera. La gente se ha crecido. Somos católicos contra viento y tormenta, que caigan chuzos de punta, que aquí estamos.

Las velitas volaron, así que la vigilia, sin discurso pronunciado, giró en torno a la exposición del Santísimo desde el altar principal. Y después del caos, el silencio aplastante de la multitud. Aplastante. Aplastante. Cerca de mí, no muy lejos del altar, una chica llora. Lo hace sin ostentación, sin pose, no está pendiente de que nadie le vea. Me gustaría saber qué le recorre por dentro.