Daoiz

Luis Gonzaga María del Rosario Guillermo Escolástico Manuel José Joaquín Ana Juan de la Soledad Daoiz Torres y el de más aquí y el de más allá, sevillano, español, capitán de artillería, llamado «el Abuelo» por su gravedad, serenidad y circunspección.

Educado en el colegio jesuita de San Hermenegildo – gloriosos tiempos donde los jesuitas daban santos y héroes, no herejes -, en Sevilla su localidad natal, estudió en Segovia, en el Colegio de Artillería de Segovia, sita en el Alcázar de Segovia, que se erige como un bastión, fortaleza formidable, metáfora de lo que sería el fin del capitán Daoiz, que murió como un valladar ante el invasor gabacho.

Descendiente de los vencedores en la batalla de las Navas de Tolosa (batalla decisiva para España desarrollada en suelo andaluz), su bisabuelo fue alguacil mayor y regidor perpetuo de Gibraltar, este militar menudo parece que tuviese escrito en su destino el ser personaje fundamental del alzamiento de los españoles.

En el parque artillero de Monteleón, junto a Velarde, se pensó en un primer momento el dar armas al pueblo, pero finalmente, decidido consintió porque «ellos son nuestros hermanos, démosle las armas que piden», para terminar con un «¡Viva España!, ¡Viva Fernando VII!, ¡Mueran los franceses!».

D. Luis murió a las siete de la tarde del día 2 de Mayo de 1.808, asaeteado por las bayonetas gabachas. Después vendría Bailén, donde se derrotó al magnífico ejército napoleónico, la Constitución de Cádiz, los Arapiles y San Marcial. Napoleón es expulsado de España y vuelve el Rey, el Rey que tanto daño ocasionó a España y a los españoles, primero con Napoleón, después por no saber resolver convenientemente el problema de la sucesión, acarreando una guerra que desgarraría por muchos años a la nación. Rey de infausto recuerdo.

Hoy Libertad Digital nos informa que el Tribunal Constitucional ha preparado un borrador de un documento donde reconoce que Cataluña es una nación, entonces, ¿qué es España? En el fondo no es más que el desarrollo a partir de la definición que hace la Constitución de su fundamento, el cual se basa «en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas».

Nunca entenderé por qué este día no es fiesta como antaño y se ha quedado minimizado, residual, en la Comunidad de Madrid, más ahora, cuando hay que reivindicar nuestro origen común, en una de las naciones más antiguas de Europa.

Hoy, más que nunca, hay que volver nuestra mirada al capitán Daoiz.

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