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13.04.10

San Hermenegildo, Mártir y Rey

El rey Hermenegildo, hijo del rey de los visigodos Leovigildo, se ha convertido de la herejía arriana a la fe católica gracias a la predicación del reverendísimo varón Leandro, obispo de Sevilla, unido a mí en íntima amistada desde hace mucho tiempo.

Para hacerlo volver a la herejía, su padre arriano intentó persuadirlo con regalos y amedrentarlo con amenazas. Mas, como él respondiera con toda firmeza que jamás podría abandonar la fe verdadera una vez que la había conocido, el padre, airado, le privó del reino y le despojó de todos sus bienes. Pero, como ni siquiera así fuera capaz de debilitar la fortaleza de su alma, encerrándolo en una angosta prisión cargó de cadenas su cuello y sus manos. Así pues, el joven rey Hermenegildo, despreciando el reino terreno y ansiando con ardiente deseo el celestial, comenzó a yacer, encadenado, sobre una manta de piel de cabra, a prodigar súplicas a Dios todopoderoso para que lo confortara y a desdeñar la gloria de este mundo pasajero, tanto más exaltadamente cuanto que sabía que, aun encadenado, no había nada que pudiera serle arrebatado.

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9.04.10

25.01.10

«Una noche iluminada por una luz desconocida»

Visto en Secretum meum mihi:

Un día como hoy de 1938: “Una noche iluminada por una luz desconocida”
Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre

Nuestra Señora de Fátima
Jul-13-1917

Exmo. y Rvmo. Señor Obispo: V. Excia. sabe cómo, hace algunos años, Dios manifestó esa señal, y que los astrónomos quisieron designar con el nombre de aurora boreal. No sé. Pero me parece a mí que si lo examinasen bien, verían que no fue ni podría ser, por la forma en que se presentó, tal aurora. Pero sea lo que sea, Dios se sirvió de eso para hacerme comprender que su justicia estaba presta a descargar el golpe sobre las naciones culpables, y por ello, comencé a pedir con insistencia la Comunión reparadora de los Primeros Sábados y la consagración de Rusia. Mi fin era, no sólo conseguir misericordia y perdón para todo el mundo, sino, en especial, para Europa.

Dios en su infinita misericordia, me fue haciendo sentir cómo ese terrible momento se aproximaba, y V. Excia. Rvma. no ignora cómo, en su momento, lo fui indicando. Y aún digo que la oración y la penitencia hecha hasta ahora en Portugal, no aplacó aún la Divina Justicia, porque no ha sido acompañada de la contrición y enmienda.

Espero que Jacinta interceda por nosotros en el Cielo.

Hermana Maria Lúcia do Coração Imaculado
Carta al obispo de Leiria
Ago-08-1941

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28.10.09

3.09.09

Sancte Pie, ora pro nobis!

Encíclica Iucunda Sane, sobre la responsabilidad de los que gobiernan la Iglesia.

Lo que los Pastores no deben hacer

Por todo esto, que surge necesariamente de los principios de la revelación cristiana y de las íntimas obligaciones de nuestro apostolado, ya veis, Venerables Hermanos, cuánto se equivocan los que estiman que serán más dignos de la Iglesia y trabajarán con más fruto para la salvación eterna de los hombres si, movidos por una prudencia humana,
In vera distribuyen abundante la mal llamada ciencia, movidos por la vana esperanza de que así pueden ayudar mejor a los equivocados, cuando en realidad los hacen compañeros de su propio descarrío. Pero la verdad es única y no puede dividirse; permanece eterna, sin doblegarse a los tiempos: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre (35).
También se equivocan por completo los que, dedicándose a hacer el bien, sobre todo en los problemas del pueblo, se preocupan mucho del alimento y del cuidado del cuerpo, y silencian la salvación del alma y las gravísimas obligaciones de la fe cristiana. Tampoco les importa ocultar, como con un velo, algunos de los principales preceptos evangélicos, temiendo que se les haga menos caso, e incluso se les abandone. Al proponer la verdad, será prudente proceder con tacto; cuando se hayan de tratar asuntos con quienes desprecian nuestras instituciones y viven completamente apartados de Dios, como decía Gregorio, al curar las heridas, es preciso tocarlas antes con mano delicada (36). Pero este procedimiento se quedaría en prudencia de la carne, si se pusiese en práctica así, sin más; sobre todo, porque daría la impresión de que se tiene en poco a la gracia divina -que no sólo se concede a los sacerdotes, sino a todos los fieles de Cristo-, y con la que nuestras palabras y nuestros hechos acaban venciendo toda resistencia. Esta clase de prudencia fue desconocida para Gregorio, tanto en la predicación del evangelio, como en todo lo que admirablemente hizo para remediar las desgracias del prójimo. Siempre siguió las huellas de los Apóstoles, que al recibir la primera misión de anunciar a Cristo por la tierra, decían: Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para pus los gentiles (37). Porque si ha existido algún tiempo en que pareciese más oportuna la prudencia humana, fue aquél., sin duda, ya que los ánimos no estaban preparados para recibir una doctrina nueva que contrastaba con las ambiciones generales, y tan opuesta a la magnífica cultura de los griegos y los romanos. Sin embargo, los Apóstoles no hicieron caso de esa prudencia, porque conocían bien los designios divinos: Dios quiso salvar a los creyentes por la necedad de la predicación (38). Esa necedad, como siempre, también ahora es poder de Dios para tus los que se salvan, es decir, para nosotros (39). Como antes, también contaremos con armas poderosas en el escándalo de la cruz; como entonces, también en adelante venceremos con este signo.

(35) Hebr. 13, 8.
(36) Registr. V, 44 (18) ad Ioannem episcop.
(37) I Cor. 1, 23.
(38) I Cor. 1, 21.
(39) I Cor. 1, 18.

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