1.02.11

Nazarenas para D. Juan José

Monseñor Asenjo, a la sazón Arzobispo de Sevilla, va a terminar definitivamente con el asunto de las nazarenas en las Hermandades sevillanas.

En la actualidad, son tres las que se han mantenido como los irreductibles galos – Santo Entierro, Quinta Angustia y Silencio –, reacias a incorporar mujeres en la nómina de nazarenos.

Si D. Carlos actuaba de manera sibilina - reteniendo en Palacio la aprobación de las nuevas reglas hasta que se acomodaban a la pastoral -, D. Juan José va de frente. Es la versión dura del clericalismo, aquél que pretende convertir al laico en un zombi que actúe al son del Obispo de turno.

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31.01.11

Usus Antiquior en la televisión municipal sevillana

Los fieles que asistimos ayer a la Santa Misa con los libros litúrgicos del Beato Juan XXIII, nos encontramos con que las cámaras de Giralda Televisión estaban allí, para realizar un breve reportaje sobre la Misa Gregoriana que saldría en sus informativos.

Que la televisión municipal, del socialista Alfredo Sánchez Monteseirín, le dedique un espacio a la Santa Misa y que, otras emisoras catoliquísimas destaquen por su silencio sobre la Liturgia según la Forma Extraordinaria es, por llamarlo de alguna manera, llamativo.

La reforma de Benedicto, a pesar de toda la oposición, se abre poco a poco camino.

Laus Deo!

Aquí para ver el video.

p.s. Ayer, la Misa fue celebrada por el padre Ángel Alfaro Rivero, de la FSSP. Que la FSSP se instalara en España sería una gran bendición. A ver si algún Obispo da el primer paso.

30.01.11

La vida moral y la ley civil: un documento de la Congregación para la doctrina de la Fe sobre el aborto

La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó el 18 de Noviembre de 1.974, una Declaración sobre el aborto provocado (Qaestio de abortu). Entre otras cosas, señala lo siguiente:

19. En casi todas partes la discusión moral sobre el aborto va acompañada de graves debates jurídicos. No hay país cuya legislación no prohíba y no castigue el homicidio; muchos, además, han precisado esta prohibición y sus penas en el caso especial del aborto provocado. En nuestros días, un amplio movimiento de opinión reclama una mitigación de esta última prohibición. Existe ya una tendencia bastante generalizada a querer restringir lo más posible toda legislación represiva, sobre todo cuando la misma parece toda legislación represiva, sobre todo cuando la misma parece entrar en la esfera de la vida privada. Se repite además el argumento del pluralismo: si muchos ciudadanos, en particular los fieles de la Iglesia Católica, condenan el aborto, otros muchos lo juzgan lícito, al menos a título de mal menor; ¿por qué imponerles el seguir una opinión que no es la suya, sobre todo en países en los cuales sean mayoría Por otra parte, allí donde todavía existen, las leyes que condenan el aborto se aplican con dificultad: el delito ha llegado a ser demasiado frecuente como para que pueda ser siempre castigado y los poderes públicos encuentran a menudo más prudente tolerar de hecho. Pero el mantener una ley que ya no se aplica no se hace nunca sin detrimento para la autoridad de todas las demás. También hay que añadir que el aborto clandestino expone a las mujeres que se resignan a recurrir a él a los más grandes peligros no sólo para su fecundidad futura, sino con frecuencia también para su vida. Por tanto, aunque el legislador siga considerando el aborto como un mal, ¿no puede proponerse limitar sus daños?

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