Transustanciación y metafísica
Leo en el blog de Pedro Luis Llera acerca de su preocupación, plenamente justificada, sobre los posibles planes para hacer caer el dogma de la transubstanciación por ciertos sectores, con una justificación «ecuménica». Su artículo recoge la información del blog 1Peter 5 que, a su vez, se hace eco de la opinión de Marco Tosatti. Se trata, por tanto, de un rumor bastante extendido con un fundamento bastante sólido, presentado por el mismo Pedro Luis Llera, en el informe «Del Conflicto a la Comunión…», en el que se evitaba el uso del término «transustanciación».
Coincido con José Miguel Arráiz en que el rechazo en el uso de un documento «ecuménico» del término transustanciación, visceralmente rechazado por los protestantes, no constituye, de suyo, una negación del dogma por la parte católica. Pero, a la vez, resaltaría con el P. Iraburu que presentar la fe en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento sin hacer referencia a la transustanciación no representa la fe de la Iglesia. Sobre la oportunidad del término y su fundamentación dogmática hay abundante información en todos los artículos citados; recomiendo vivamente leerlos.

Escribo este artículo tratando de complementar lo dicho ya, muy apropiadamente, por Bruno M. en su artículo
En recuerdo del aniversario de la llegada del Evangelio al Nuevo Mundo, por medio del instrumento elegido por Dios, que fue el pueblo español, comparto este capítulo que cierra la brillante Historia Natural y Moral de las Indias, escrita por el P. José de Acosta, S.I., y publicada en 1590. La lectura providencialista de la historia es la única que podemos hacer los que tenemos fe, y ciertamente que es fácil hacerla cuando se tiene delante la narración de los hechos reales que sucedieron en esta portentosa obra de civilización y evangelización. Nadie mejor que uno de los que dedicaron su vida a la salvación de los indios, movido por el amor a Cristo, para recordarlo.
En mis dos primeros años de ministerio recibí el encargo de ser profesor de religión en el instituto público. De entre las muchas experiencias desagradables que tuve, una que suelo recordar con frecuencia es la furibunda agresión verbal que me propinó un profesor de filosofía ante una atónita y repleta sala de profesores. Este compañero debió considerar que algo de lo que dije en una conversación de la que él no formaba parte era tan intolerable que ameritaba una reprensión pública. Entre gritos y tartamudeos expresó su odio hacia la Iglesia, los sacerdotes en general y hacia mí en particular, haciendo énfasis en lo detestable que consideraba la sotana que vestía. Una de las cosas en las que incidió fue en lo ofensivo que consideraba que personas célibes hablen sobre el matrimonio.

