¿Iglesia de base? Los adjetivos se cargan el invento
Yo creo que los colectivos que se agrupan bajo el pomposo título de “iglesia de base” deberían sacar sus comunicados preferentemente en 28 de diciembre, fecha en la que quedarían perfectamente ubicados.
Los infinitos grupos que forman la iglesia de base en Galicia, Andalucía, Madrid o el cantón de Cartagena, son exactamente tres gatos (demasiada arrogancia incluso lo de cuatro) que para aparentar que representan algo se asocian en mil grupúsculos. Por eso cada vez que sacan un comunicado aparecen bajo el texto asociaciones y más asociaciones que parecen algo y son ciertamente nada.
Eso sí, siempre se encuentra algún medio que con tal de sacudir dos leches a quien sea, especialmente si se trata del cardenal Rouco, les concede la gloria de unos minutos en portada como si el susodicho comunicado fuera de interés mundial o lectura obligada para la comprender algo. Todo líquido.

El sábado regresé a mi parroquia anterior. No suelo ir demasiado. Mejor, apenas la piso. Pero hay ocasiones en las que resulta imposible el resistirte.
No dejo de ver en estos días gestos especiales hacia los más desfavorecidos. Que si un restaurante invita a comer a no sé cuántos pobres un menú que no baja de los ochenta euros. La asociación X organiza una gran cena para cientos de menesterosos. El cardenal de J. sirve las mesas en un comedor social. Los amigos de Y reparten por la calle regalos y bocadillos. La parroquia de Z saca a los reyes magos a la calle para que dejen regalos a los sin techo. Los jóvenes de San Serenín acuden a cantar villancicos a los viejecitos de la residencia.
En mi parroquia cantamos con una cierta frecuencia esa canción que comienza con “No adoréis a nadie, a nadie más que a Él". En ella también se repite la frase que da título a este post. En el día de Navidad, cuando en un rato celebraré la misa del día, resuenan en mi corazón muy especialmente las lecturas del momento: “hoy Dios nos ha hablado por su Hijo", “la Palabra se hizo carne”.





