¡QUINIENTAS! primeras comuniones
Hay compañeros curas ante los cuales me quito la teja, el bonete, el solideo con floripondio, el birrete y la boina común. Porque no me negarán ustedes que meterte cada primavera ¡QUINIENTAS! primeras comuniones entre pecho y espalda tiene su mérito.
Uno piensa solo en lo que es la celebración y ya se te caen los palos del sombrajo, porque digo yo ¿cuántas misas de primera comunión? ¿Quince, veinte? Y seguimos con los números, porque si los niños hacen como mínimo dos años de catequesis, eso significa organizar la formación anual de ¡MIL CHAVALES! con sus correspondientes catequistas, que no quiero pensar ni en cuántos. Supongo que entre cincuenta y cien.

Dice el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua que bocazas es “persona que habla más de lo que aconseja la discreción”. Mala cosa tener alguien cercano de esa condición, porque eso resulta estar en un constante peligro.
Pues para que esté con un matrimonio de los de siempre que se lleven mal o no sepan cuidar al niño, para eso mejor con una pareja de gays. Por favor, lean de nuevo despacito, y relean entre líneas toda la carga de profundidad que encierran esas palabras.
En la liturgia, como en tantas cosas de la vida de la Iglesia, hay que saber distinguir entre lo mínimo, lo bueno, lo óptimo y lo posible. Lo mínimo es celebrar según mandan las rúbricas. Qué menos. Lo bueno, poder disponer de algo más como lectores que sepan su oficio, monitor si es necesario, algo de canto, acólitos. 





