La medium
Las parroquias son lugares de lo más entretenido. Pobre del que se piense que aquí es todo el día lo mismo. de la misa al rosario, del rosario a la catequesis, de los niños al catecumenado, de Cáritas a vida ascendente. Bah. Pobres ingenuos. Es verdad todo lo antedicho, pero de vez en cuando aparecen la sal y la pimienta que ponen chispa en la cotidianeidad.
Me vino hace no mucho una señora a pedir agua bendita, y servidor, perro viejo, en estos casos indaga un poco. No por nada, sino porque ya me la han pedido para echar a la comida y que no haga daño, para fregar el suelo y ahuyentar malos espíritus o para derramarla sobre la ropa del niño porque es hiperactivo y no hay quien le aguante. También es cierto, ojo, que hay gente que gusta de tener en casa para santiguarse en algún momento del día. No es lo mismo, naturalmente.
Pues esta buena mujer me pedía o bien agua bendita o que yo fuera a su casa a bendecir el hogar ya que había descubierto que hay gente que le estaba lanzando energía negativa y que eso se contrarresta derramando agua bendita abundantemente por toda la casa. Pues empezamos mal, porque eso de las energías negativas y tal a uno como que no le convence mucho -vamos, que no me convence nada-.

Un sínodo raro donde los haya. Empezando por que ha sido sínodo “extraordinario”, es decir, fuera de lo ordinario, de lo normal, hasta por pura definición.
La mejor cosa que ha hecho hasta ahora el sínodo sobre la familia ha sido
Cuando un párroco llega a su nuevo destino, lo hace para suceder a un compañero que antes que él, con sus luces y sombras, pero aceptando siempre su buena voluntad y su deseo sincero de servir al evangelio y a los fieles. El compañero anterior es merecedor de todo el respeto, el aprecio y el agradecimiento por la labor realizada.
Cosas que uno escucha y le hacen pensar. Una reflexión que ayer mismo me hacía un feligrés muy bien formado, que se ha leído la “Relatio” y tampoco sale de su asombro. Porque además de asegurar que hay cosas en ella que van directamente en contra del magisterio de la Iglesia, tanto que me afirmaba -yo también lo afirmo- que con un trabajo así no pasaría el examen un alumno de teología, hay otra cosa que le duele aún más si cabe.





