Crónica de la primera misa ad orientem en la parroquia
El día en que anuncié que comenzábamos una misa semanal ad orientem en la parroquia, no faltaron comentaristas que me pidieron que hiciera el favor de contar cómo había ido. Pues encantadísimo de hacerles llegar noticias del evento.
A mi modo de ver hubo una asistencia más que notable de fieles. Tengamos en cuenta que se trataba de la primera misa del domingo, la de las 9:30 h., a la que suelen asistir entre treinta y cuarenta personas. Ayer no exagero si digo que andaríamos rondando los cien asistentes, si no más. Es decir, que había expectación y ganas. En las fotos se ven huecos. Normal. Sentados caben en la iglesia más de trescientos fieles.
Al acabar la celebración, fueron numerosos los fieles que se acercaron a dar las gracias por la celebración y a dar rienda suelta a sus emociones. Al menos los que se acercaron a dar su parecer, muy contentos con la experiencia, sin más pega que la hora, que las 9:30 de un domingo para mucha gente resulta temprano.

Tan tranquila estaba sor Visitación de la Santísima Trinidad junto al torno, repasando unos purificadores mientras rezaba sus consabidos padrenuestros por las ánimas del purgatorio e incluso daba una cabezadita de cuando en cuando. Invierno, braserito a la antigua, silencio… y hasta el gato ronroneando.
Mis lectores son gente tenaz, de buena memoria e insistentes en sus interpelaciones. Dices algo y, como es natural, luego preguntan qué pasó, no sea que te hayas tirado un farol y después de la bravuconada la cosa quede en el aire. Los hay incluso que, Dios les conserve la vista, me dicen que yo amago, digo, pero que ni hablo claro ni me atrevo a llevar a cabo mis proyectos porque en el fondo soy un asustadizo. Pues vale.
Belleza o fealdad son ideas muy particulares. Hay categorías mensurables y las hay que naranjas de la China, que solo entran en el apartado gustos personales, que es una sección muy particular sobre la que, ya saben ustedes, no hay nada escrito.





