El patriarca no tiene quién lo defienda
Cualquiera que conozca mínimamente la archidiócersis de Madrid sabe que a don Leropoldo Eijo y Garay, obispo titular de Madfrid desde 1922 hasta su muerte, ocurrida en 1963, se le conocía popularmente como “el patriarca” desde que el papa Pío XII, en 1946, le concediera el honorífico título de patricarca de las Indias Occidentales, título por cierto que nunca más volvió a otorgarse.
El año 1948, y en conmemoración de sus 25 años como obispo en Madrid, le fue concedida la medalla de oro de la ciudad. Ya digo que no por otros méritos que sus veinticinco años de obispo. Pues ahora resulta que el ayuntamiento madrileño, presidido por doña Manuela Carmena gracias a la connivencia del PSOE, ha decidido retirar al patriarca la medalla de oro que en su día le fuera concedida.

Hace mucho que no les cuento cómo va el economato de Cáritas parroquial. Se lo cuento hoy aprovechando que acabamos de firmar un año más, creo que este es el cuarto, la renovación del acuerdo que mantenemos con Natixis, financiera francesa, que es quien nos garantiza unos importantes ingresos cada mes que salen en un buen porcentaje de los propios empleados (ahora es cuando salen dos o tres puristas con eso de bancos inmorales y financieras al paredón).
Merecería la pena preguntar a nuestros feligreses por la Conferencia Episcopal. Por ejemplo, a los habituales de la misa dominical a ver si saben qué es eso, el nombre del presidente y del vicepresidente. Y ya, para los que busquen nota, les pediría si recuerdan algún documento o alguna norma que hayan salido de ella.
Desgraciadamente, los católicos en Japón son la nada, en torno a quinientos mil, que no llegan ni siquiera al 0,5 % de la población. Dieciséis diócesis y supongo que una veintena de obispos, entre residenciales y eméritos. La situación de la Iglesia católica nada floreciente. Incluso disminuyendo el número de fieles. Pues trabajo tienen los obispos.
Amenaza. A eso ha sonado lo que ayer mismo monseñor Pío Vito Pinto, Decano de la Rota Romana, máxima autoridad de la Iglesia católica en procesos de nulidad, afirmó en su conferencia en la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid. De manera enérgica y empleando un tono fuerte, ha dicho que los cuatro cardenales que han escrito al Papa Francisco, pidiendo que aclare algunas dudas sobre su exhortación apostólica Amoris Laetitia, han incurrido en un grave escándalo al hacer pública esta carta a través de los medios de comunicación. Nos lo cuenta