Ni un obispo con los mártires
Ayer viernes se inauguró en Madrid una excelente e impactante exposición, creo que con el título “La belleza del martirio”, donde se muestra la realidad de tantos y tantos cristianos que sufren persecución en el mundo por su fe.
Me ha impactado especialmente esta mañana, en la radio, cómo se describía el martirio de aquellos cristianos degollados creo que en Libia. Todos recordamos las imágenes de esos hombres con sus monos de color naranja que eran llevados hasta una playa por unos cuantos fundamentalistas vestidos de negro. En las redes sociales colgaron las imágenes de su martirio, degollados.

Está bien lo de la libertad de expresión, pero… además de existir la libertad de expresión, también lo hacen el derecho al honor y el respeto a las creencias religiosas, y eso hace que, en ocasiones, se pueda dar algún conflicto. No pasa nada. Para eso están los jueces, para solucionar y dirimir.
Ganas de condicionar la vida de todo el mundo. Con lo fácil que es dejar que el personal haga lo que le parezca oportuno mientras no jorobe la vida a los demás. Pues no hay forma. Parece que se quiere reinventar una especie de gran hermano según la cual alguien, por encima de nosotros, decide hasta los más mínimos detalles de nuestra vida y el uso de la propia libertad.
Nuestro sencillo monumento. Acabado hace apenas unos minutos.
Antes de Socio, tuve doce años conmigo a un schnauzer miniatura de nombre Gomer. Me lo dieron con apenas cinco meses y con su rabito cortado, como era costumbre en esa raza de perros. Hoy no hubiera podido salir a la calle con el pobre Gomer, ya que cortar el rabito a un perrito se ha convertido en delito de lesa canidad y te puede costar un riñón en forma de multa.





