Pecador, más que nadie. Hereje, nunca
He oído la historia varias veces, aunque sin demasiadas concreciones. En resumidas cuentas, era más o menos de este tenor:
Nos situamos en tiempos de la reforma protestante. Un grupo de “reformados” acudió a un sacerdote católico solicitándole pasara a engrosar sus filas. Era un sacerdote de vida parece del todo licenciosa con desprecio práctico absoluto al llamado sexto mandamiento. Por eso les sorprendió la negativa del presbítero a abandonar la iglesia católica y pasarse a los seguidores de Lutero. Pero hombre, le decían, con esa vida que llevas, mejor estarías siendo pastor protestante. Respondió el sacerdote: “pecador, más que nadie; hereje, nunca”.
Un amable lector me ha refrscado la memoria. Gracias. Estamos hablando de S.ANDRÉS WOUTERS.

Llevo tiempo diciendo que se nos ha ido la olla. Espero que sea solo eso. Pero es que ves y lees unas cosas que no sabes si reír, llorar, patalear o directamente cachondearte.
Y cada vez más. Pues si los “jefes” nos explican que Dios, que Cristo no nos hacen falta, que la doctrina de la Iglesia es del todo irrelevante, ya podemos dedicarnos a otra cosa y lo que tiene que hacer nuestra gente es olvidarse de cosas caducas como el pecado, la conversión, la oración o la gracia para apuntarnos a cualquier ONG laica y reducir el mensaje de salvación a puro altruismo y el cielo a un paraiso en la tierra ¿de qué me sonará a mí esto?
Quizá es que en la medida que uno va cumpliendo sus años las cosas se terminan haciendo cada vez más simples. O que uno se va haciendo cómodo, que también pudiera ser. Pasaron, a mí se me pasaron, los años en que todo el objetivo de la parroquia era hacer cosas, muchas cosas, mil actividades, cien grupos, movimiento, todo el día estresados, todo el día a carreras. Ya saben lo que es eso: de la catequesis a los scouts, de los jóvenes al grupo de manualidades, de la vida ascendente al grupo de liturgia, de la revista al reparto de alimentos, del teatro al ensayo, del ensayo a la misa.