Homilía Domingo XXVI A. Cosa del pedigrí
Los judíos eran gente de pedigrí. Hijos de Abraham. No digamos si además pertenecían al grupo de os fariseos, saduceos, escribas, a la clase sacerdotal. No necesitaban más. El Pueblo elegido. Los primeros en decir sí a la alianza… pero que ahora rechazaban la nueva alianza en Cristo.
Menudo escándalo. Y encima ese supuesto Hijo de Dios reunido con publicanos, como Mateo, y prostitutas, como la Magdalena. Que, efectivamente, habían rechazado todo, pero ahora se sentían cautivados por Cristo.


Pasó lo que se sabía podía pasar. Desde hace tiempo, especialmente desde la publicación de “Amoris Laetitia”, la cosa está entretenida. Y esto no me lo van a negar. Amoris Laetitia ha conseguido el nada despreciable logro de hacer que, no ya obispos y cardenales, sino conferencias episcopales, mantengan posturas diametralmente opuestas sobre el acceso a los sacramentos de los católicos que rompieron su matrimonio canónico y viven una posterior unión more uxorio. Por ejemplo, Wuerl y Burke. Por ejemplo, Malta y Polonia.





