Pobre Iglesia. De las rebajas, a los saldos
Los comerciantes saben muy bien la diferencia. Lo suyo es vender, como sea, y para eso tienen sus ventas normales, días de rebajas para sacar lo que no acaban de quitarse de en medio, y saldos, que es ver como deshacerse de las últimas existencias como sea y al precio que sea.
En nuestra querida Iglesia el problema es que nos acucian los números, que no el mensaje ni la fidelidad, ni la santidad de los fieles o el celo por convertir almas a Cristo, quizá olvidándonos de que no solo es eso lo primero, sino que, además, curiosidades de la vida, cuando somos fieles la gente viene.

Es que somos así. Creo que ha sido recibir el nombramiento para las parroquias de mis tres pueblos y lo rural, que uno tenía adormecido, se ha abierto paso con una fuerza incontestable.
Es que si no, ¿para qué leches queremos acudir a la parroquia?
Este próximo domingo, día 5 de noviembre en la misa de las 13 h., me despediré de la parroquia de la Beata María Ana Mogas.
Les prometo que yo tenía hecho el propósito de ser bueno, relajarme y menos información religiosa y más rosquillas con Rafaela, con perdón por el régimen (alimenticio, claro). El problema es que a uno se lo ponen muy difícil.





