Tocar el corazón o las narices
Ayer tuve la oportunidad de leer varias noticias relacionadas con jóvenes en la Iglesia. Unas tocan el corazón, las otras, las narices. Así somos los humanos.
Ensancha el corazón saber, por ejemplo, que las hermanas de Iesu Communio, en su inmensa mayoría jóvenes, estén planteándose una nueva iglesia para su monasterio de La Aguilera. Normal. Más de doscientas y siguen creciendo. Lo que era un viejo monasterio francisco prácticamente abandonado, hoy alberga una muy floreciente congragación religiosa que está restaurando el conjunto y ha tenido que levantar celdas, locutorios, dependencias. Jóvenes que rezan, contemplan, se entregan y quieren vivir en fidelidad a Cristo y a la Iglesia.

¿Cuántas parroquias en estas fechas no andamos de mercado y mercadillo, venta y rastrillo? Coincidiendo con el final de curso parece que es el momento de organizar algún tipo de evento recaudatorio para apoyar la vida y las actividades de la parroquia. ¿Tienen sentido, sirven para algo, merece la pena un método más para sacar dinero a la gente cuando andan las cosas así?
Miguel y yo fuimos compañeros de escuela de pueblo. Escuela unitaria, se decía, donde en una única clase nos juntábamos cincuenta chavalotes de distintas edades, bajo el mando y la vara de un maestro, mientras la estufa, alimentada por tomillos que cogíamos a la salida, nos obsequiaba periódicamente con una nube de humo capaz de impregnar nuestra ropa para una semana y hacernos llorar como si hubiérmaoa perdido todas las bolas del guá.