Sor María Sión de la Trinidad, en el siglo Susana
Quizá a alguno de los lectores de mi libro “De profesión cura” les suene una historia titulada “Os anuncio una gran alegría”. En ella contaba cómo una feligresa nuestra, Susana, acababa de entrar como postulante clarisa en Belorado (Burgos).
Es curioso que cuando en las historias que uno escribe hablo de personas concretas, no faltan los que, al cabo del tiempo, me preguntan qué ha sido de esta gente. Por ejemplo, Susana. ¿Persevera, está bien, contenta, cómo le va todo?

Servidor como ya saben, además de haber sido cura rural, es que es de pueblo. Más exactamente “serrano”. Dicen que los serranos –los de la Sierra de Madrid- somos gente buena pero bruscos como las piedras entre las que nos hemos criado. Vamos que la diplomacia, como habrán podido observar desde hace tiempo en un servidor, no es precisamente lo nuestro. El serrano es de pocos matices y mucha claridad: esto es así, y esto de la otra manera.
No nos engañemos. La noticia estrella de ayer mismo en medio de información religiosa e incluso en medios generalistas era la supuesta llamada del papa Francisco a una mujer casada civilmente con un divorciado en la que expresamente le autorizaba a recibir la comunión eucarística.
Es la impresión que tengo. Después de trece meses de pontificado de Francisco mucha gente está empezando a sentirse decepcionada.
Te quedas, como vulgarmente se dice, a cuadros. Llevaba yo creo que años y años sin ver a Piedad. Bonito encuentro de amigos, del cura con una antigua feligresa. Creo que los dos hemos cambiado. Ella cada vez más progre y liberal. Servidor, por lo visto, convertido en un radical de cuidado. Cosas de la vida.





