Que nos desamorticen
Esto es como lo de la gota fría. Siempre vuelve. No sé cuántas desamortizaciones lleva la Iglesia católica en España. Nos suena la de Mendizábal, pero esa fue una. Hubo más: Godoy, José Bonaparte y Madoz, amén de otras pequeñas e intentos varios.
Los bienes de la Iglesia son siempre golosos. Más cuando sucede que las arcas del estado andan bajo mínimos. Pasó y pasa. No hay dinero. Y como los politicos no están por la labor de una administración austera ni mucho menos renunciar a sus sueldos y prebendas, toca ver a quién se le guinda la bolsa.

He sido fidelísimo lector de Astérix. Disculpen esta pequeña debilidad. Posiblemente me hubiera sido más provechoso dedicar ese tiempo a leer las sesudas reflexiones del P. Agúndez, repasar la suma teológica de santo Tomás o meditar sobre el fin de la vida según san Alfonso María de Ligorio. Lo sé. Es un pecado que me perseguirá un ratito. Tampoco vamos a andar exagerando.
- ¿Así que ayer miércoles de ceniza?






