En la Iglesia nunca pasa nada
Antes de leer el post seguro que ya hay espabilados que me achacan el pedir que vuelva la inquisición. No es el caso. La pregunta que me hago es que si en la Iglesia existen las sanciones y exactamente para qué y si se aplican.
En las cosas realmente gordas sí. Es decir, por ejemplo, un sacerdote u obispo afectados por casos de pederastia son sancionados ejemplarmente y en muy poco tiempo. Mi pregunta va más en la dirección de las cosas de pequeño, mediano y no tan mediano calibre. Porque uno tiene la sensación de que aquí, en nuestra querida Iglesia, nunca pasa nada.


Mi principal duda en este momento es si la gente realmente se está volviendo tonta, si se creen que los tontos somos los demás, o si el que se está volviendo rematadamente gilipichis es un servidor.
Ni molesto, ni enfadado, ni deprimido. Tampoco eufórico ni como un envío de castañuelas. Más bien diría que en estado de shock. Dicen que los cumpleaños son especialmente significativos cuando se cambia de década, y eso es lo que me está pasando en esta mañana.
A lo más que llegó un servidor era a eso de “iglesia militante, purgante y triunfante”. Prometo que, desde mi mejor buena voluntad entendí que con eso bastaba. Ignorante. Necio. Botarate. Memo. Mostrenco. Cavernícola. Infocatólico. Ya lo ven, aquí servidor anclado en que si la purgante… Pero hombre, que todo el mundo está en el cielo y purgante ya solo suena a ricino y eso para los mayores. Ahora lo que se lleva es eso de Iglesia escuchante y dialogante. Nada menos que ambas dos.