Ateísmo y derechos humanos
Alguna vez ya he afirmado que nuestras generaciones más jóvenes andan bastante peces en historia, y especialmente en historia del siglo XX, y la poca que conocen suele estar bastante manipulada. Esto de la manipulación tiene arreglo a base de leer y contrastar, pero eso supone dejar un rato el teléfono móvil para agarrar un libro.
Lo que sí les llega a los jóvenes, a través de los medios más a su alcance, como algo de televisión y, sobre todo, las redes sociales, son las supuestas maldades de la religión y, de manera particular, los horrores de la iglesia católica, culpable, como todos sabemos, de los horrores de la inquisición, que en España causó, para los más exagerados, un número de víctimas mortales que fueron poco más de 5.000.
Es igual. Iglesia mala, luego abolir la religión es un bien social.

Menudo peligro Teresita. Pasota de las cosas de Dios. De esas que “ya sabes que a mí no me van esos rollos, que todo es parafernalia y aparentar, yo paso”, y “en cuando tenga un año más (tenía 17) me voy de casa”. Teresa tiene unos padres católicos de esos con una fe a prueba de hijas rebeldes. Colegio católico… y a rezar, porque ya otra cosa no se sentían capaces de hacer.
Hoy ha sido un domingo gozoso. La llegada del verano hace que nuestros pequeños pueblos cobren algo de vida. Ayer tarde, en La Serna, asistí al inusual espectáculo de un grupo de chicos y chicas jugando en la plaza que hay delante de la iglesia. Incluso desde la casa parroquial llegué a escuchar gente que charlaba y reía.
Me temo que el cardenal Kevin Farrell, prefecto del nuevo discasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, y máximo responsable del Encuentro Mundial de las Familias de Dublín de agosto, no ha tenido su mejor día. En una
Las nuevas generaciones no tienen ni idea ni de quien fue Franco ni mucho menos de la truculenta historia de España en el siglo XX, de manera especial desde 1931. Lo único que saben es una manipuladísima visión de aquellos años, según la cual la república fue algo así como Imagine de Lenon, “Viva la gente” y “Yo tengo un gozo en el alma”, pero vino un señor que se llamaba Francisco Franco, dictador, genocida, y lo que quieran, que acabó con aquel paraíso en la tierra para convertirlo en la peor de las pesadillas.