¿Merece la pena mantener un blog?
La pregunta que uno se hace y que tantos se hacen. Si merece la pena mantener un blog de temática religiosa y, más aún, el sentido del blog y hasta el sentido de las páginas religiosas católicas en internet.
Uno tiene su propio blog. Con su estilo, sus formas y maneras, manías, fijaciones y todo lo que mis lectores quieran. Y aunque algunas veces ya he contado el sentido que para un servidor tiene, creo que no viene mal de cuando en cuando recordarlo. ¿Para qué debería servir un blog en internet, y más si su autor es un sacerdote? Intento explicarlo con cuatro palabras:

Tengo la impresión de que seguimos sin ser del todo conscientes de la fuerza que hoy tienen las redes sociales y las nuevas formas de comunicación. Ante cualquier cosa, la que sea, cualquiera con su teléfono hace fotos, saca videos, graba y difunde, de tal modo que la chorrada de mosen Joan en la liturgia, la frase desafortunada de monseñor Fulánez, la compañía inconveniente de fray Gerundio o la pseudo misericordia de sor Veneranda, a los cinco minutos han recorrido los cinco continentes. Basta una foto de móvil hecha a traición de cualquier documento y ya la hemos liado. Hasta las conversaciones más privadas a través del móvil han salido fotografiadas en redes.
No se me pongan tiquismiquis, que ya me los conozco. Yo sé perfectamente lo que es el órgano, la música sacra y la preeminencia del gregoriano y la música coral. También conozco suficientemente el calendario litúrgico. Pero también sé lo que es celebrar la fiesta en un pueblo con poco más de cien habitantes, presupuesto más que justo y templo parroquial casi derruido del todo en la guerra civil.
Tras unos días en los que circunstancias ajenas a mi voluntad no me han permitido seguir escribiendo, aquí estamos de nuevo en contacto con tantos amigos de Infocatólica.
Tengo aún grabado en mi cerebro el olor a Zotal con el que mi padre, periódicamente, desinfectaba la vaquería. Decía que era lo más eficaz, que eso no dejaba bicho vivo. Impregnar algo en Zotal era garantía de profunda y casi definitiva desinfección. Necesitamos toneladas y toneladas de Zotal en esta santa madre Iglesia de nuestros amores.