Cuando llega un aguafiestas y te suelta una en tos los morros
No es que sean malos, es que hay gente que, cuando menos te lo piensas, en lugar de ser prudente y callar por no liarla, te suelta exactamente lo que piensa que, además, y curiosamente, es lo que piensan muchos que se callan por timidez, miedo, vergüenza, prudencia evangélica o acongoje gonadal.
Recuerdo aquella reunión en una parroquia hablando de los pobres. Una señora muy señorada, embutida en un magnífico abrigo de pieles, diciendo que ella no podía ayudar porque andaba mal de dinero. Uno de esos desvergonzados le espetó: “pues con ese abrigo comían más de cuatro”.
O en aquella ocasión hablando unos cuantos curas de eso del coltán, imprescindible para los móviles y cuya extracción por lo visto provoca no sé cuántas muertes. Pues tuvo que salir el cura aguafiestas para decir al más concienciado con el tema que aquí mucho hablar del coltán, pero vaya peazo móvil que gastas.

Llego de Gascones ahora mismo. Los martes suelo celebrar por la mañana para poder disponer de un día algo más tranquilo a lo largo de la semana. Siempre hay alguien, aunque no crean que muchos: dos, tres, quizá cinco el día que acuden las religiosas catequistas con alguna voluntaria de Cáritas. Siempre… o casi siempre.
No sé los años que algunos llevan pidiendo un Vaticano III. Tampoco sé muy bien para qué. Si de lo que se trata es de libertad para que cada uno haga lo que quiera y se organice como le parezca, eso ya lo tenemos. Estamos instalados en la Iglesia del “depende” en la que lo único fijo son los horarios de misas y casi que tampoco.
Lo vemos y lo decimos todos, pero no cabe duda de que tiene especial importancia que lo afirme y reconozca nada menos que el obispo portavoz de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Argüello, durante un desayuno con el Nueva Economía Fórum.
Parece que aquí todo quisqui va mostrando las cartas, la patita, las intenciones y el traspuntín. Hasta ahora, con disimulo, ahora, a pecho descubierto y calzón quitado.