Me gustaría conocer, en esta crisis, las aportaciones del islam
Ya saben. Todo inútil necesita una cortina de humo para ocultar sus miserias. La gestión de la epidemia de coronavirus en España es manifiestamente mejorable. Nadie se explica cómo España ostenta el terrible record del número de muertos por cien mil habitantes.
La cortina de humo es atacar a la Iglesia porque no hace nada en esta pandemia. Consignas que se lanzan para que, en lugar de chillar contra el gobierno, la gente se entretenga hablando una vez más, como es costumbre en nuestra piel de toro, de las maldades de la Iglesia.
Estoy esperando que alguien se rasgue las vestiduras exigiendo que el islam, los países árabes, se mojen en esta historia. Porque dinero tienen, más que nadie. Solo un dato. Solo en la gran mezquita de Dubai se han gastado más de seiscientos millones de dólares. Y si hablamos de grandes tesoros, podemos marcar mezquitas, desde las extraordinarias de Estambul, Damasco o El Cairo, hasta la de la M-30 madrileña. ¿Alguien sabe la colaboración de los musulmanes españoles ante esta crisis? ¿Dónde van a por alimentos los musulmanes pobres? ¿Alguien sabe que hayan aportado una sola mascarilla?

Me ha tocado las narices el desalojo de la catedral de Granada este pasado viernes santo. Estamos de acuerdo en la existencia de una situación sanitaria límite que requiere la colaboración de todos. El
Ayer noche Francisco José Fernández de la Cigoña nos contaba en
No necesitó más Judas para entregarlo. Apenas treinta monedas de plata que ardieron en sus manos, su corazón y su conciencia. Treinta monedas de plata que no pudo soportar y que acabaron arrancándole la vida. Resultó barata la traición.
Son ya tres semanas celebrando solo en La Serna y emitiendo la misa a través de mi perfil de Facebook y de la web de nuestra parroquia virtual de san José de la Sierra. Desde este pasado sábado celebro “ad orientem”, es decir, con el misal de Pablo VI, pero “coram Deo”. Lo expliqué el primer día: no celebro de espaldas ni soy un mal educado, sino que toda la asamblea, con el sacerdote al frente, celebra el memorial del sacrificio de Cristo en la cruz mirando en la misma dirección.





