Frases con más peligro que un mono con dos pistolas
Hace años, en un antiguo blog, mantuve una sección a la que puse por título “frases solemnes rellenas de nada” que adquirió un notable éxito, y donde me fui entreteniendo en comentar expresiones que tal vez soltamos en más de una ocasión sin pararnos a pensar muy bien lo que estamos diciendo. Efectivamente hay frases tontas, muy tontas, más tontas que Abundio y Pichote juntos.
El caso es que uno se aprende una frase, o la escucha donde sea, y sin pensar realmente en su contenido la repite especialmente si es atribuida a alguien al que se supone persona de prestigio. Entonces uno, rimbombante, afirma: “como dice Fulanítez, tachín, tachín, tachán”. Una necedad, posiblemente, y sin mayor trascendencia. Pero las hay compitiendo con el mono de las dos pistolas.

La imposibilidad en la práctica de acudir a los templos durante dos meses no ha sido lo peor. Se están jugando muchas cosas en estos momentos y nos tocará, me temo alzar la voz. Si no lo hacemos, gritarán las piedras.
Me sueltan el argumento algunas veces. Yo sé que el disenso molesta. Y mucho. Hay cuestiones en las que uno, libremente, disiente de otros, sin excluir sus pastores. Evidentemente en cosas que pueden ser matizables. Aquí no hablamos del credo, el dogma, las normas litúrgicas o la moral católica según se nos ha enseñado de siempre. Hasta ahí podíamos llegar. Hay otras cuestiones que son perfectamente opinables.
Lo de Pedro por intolerante, por bruto, por poco cuidadoso, por insultador, fanático, prepotente, personalista, agresivo y proselitista.
Y el que no la estuviera esperando es que es bobo o se lo hace.





