Giróvagos
En el cristianismo antiguo y la Edad Media, se llamaba giróvagos a los monjes que vagaban de monasterio en monasterio sin aceptar la disciplina ni las reglas de una orden específica. En lenguaje vulgar diríamos que un giróvago es un culo de mal asiento. Hoy también puede aplicarse a religiosos o sacerdotes a los que es imposible sujetar a mandamiento. Yo creo que me entienden.
Una de las cosas que más admiro en un sacerdote es la sujeción a su parroquia, o al ministerio encomendado, que eche sus buenas horas a la salvación de las almas y trabaje ahí donde la ha puesto el obispo. Es lo general, pero siempre hay excepciones. Son todos esos que se pasan el día de la parroquia al encuentro, de la asamblea a la experiencia, de curso de A al conocimiento de B. Ahora quiero jugar a ser misionero, luego peregrino, posteriormente resulta que he descubierto ese grupo, esa comunidad con los que me siento cómodo y reconocido. Y por cierto, qué bien se venden a sí mismos.
Y ahí te encuentras al obispo preguntándose qué hace con estos sacerdotes. Porque claro, lo mandas a una parroquia y no está nunca porque tiene mil cosas que atender. Si una capellanía, te dicen que si va a estar dos días y faltar cuatro, mejor que no. Si se encarga de una tarea concreta, o no la hace o la hace no como quiere la Iglesia, sino como a él le da la gana y cuando tenga tiempo. Imposible.
Las razones del giróvago son más que conocidas y se encierran en dos: su conciencia, la suya, que por lo visto tiene más fuerza que lo que le pide su obispo, y el sentir directamente la llamada de lo alto: “es que el Señor me pide”. Imaginen la situación.
Yo soy bastante simple y con más conchas que un galápago. Cosas que se aprenden con los años. Tras esa forma de entender la conciencia y ese modo de iluminación según el cual Dios le habla en directo, salvo rarísimas excepciones se esconden culos de mal asiento, espiritualidad más que dudosa y cara dura cierta.
Pobre obispo, que, demasiadas veces, por quitarse el problema de en medio, acaba diciendo al giróvago: toma tu sueldo y haz lo que te dé la gana. Yo no sería tan generoso. Si no te sujetas al trabajo, tampoco al sueldo.
Así se lo digo a la gente. Fíense de un sacerdote que, además de cumplir al máximo con lo que le ha mandado el obispo, es capaz de sacar todavía ratos para atender un grupo, escuchar confesiones y suplir donde haga falta. De sacerdotes giróvagos, expertos en experiencias y una conciencia personal que siempre acaba en hacer solo lo que me apetece, lejos. Muy lejos. Cosas mías.
Girovagos. Pues eso: que giro y giro porque soy vago.
Y mientras, los demás, sujetos.
14 comentarios
Conozco a un sacerdote muy criticado por el resto de clero porque se negó a aceptar más de tres parroquias asignadas por el arzobispo. Conozco a otro que el arzobispo le dijo que le hablara con franqueza, y fue tanta la franqueza que al cabo de un mes le castigó nombrandole párroco, entre otras, de una de las parroquias más conflictivas de la archidiocesis a las que no quería ir nadie destinado.
También hay una clase de sacerdotes, mayormente jóvenes, que viaja constantemente, llegando a quitar Misas y desatender las parroquias. En Madrid una parroquia en las afueras estuvo cerrada 1 mes. Siempre acudiendo a espectáculos y restaurantes de moda.
En fin, san Carlos Borromeo, ruega por nosotros.
Este párrafo del escrito me parece muy oportuno.
No solo se da en sacerdotes, recuerdo un catequista que presumía de dar la catequesis de acuerdo con su conciencia y en algunas cosas no coincidía exactamente con la doctrina de la Iglesia.
La critica sistemática del feligres al párroco, puede ser tan perjudicial para la Iglesia como la critica continua del sacerdote a su obispo o al Papa.
Cuando asisto a tomas de posesión de una parriquia, me sorprende las promesas de fidelidad al obispo de los nuevos parrocos.
No hay duda que para mantener la unidad de la Iglesia, tan pedida por Jesus, es necesario la fidelidad a quien tiene la potestad de encomendar un ministerio.
Asi lo quiso Jesucristo al dar las llaves a Pedro y la potestad a los apostoles de atar y desatar.
Quien ejerce un ministerio de enseñar y predicar debe ser muy generoso y humilde en sus actuaciones y si la conciencia le obliga a no cumplir lo prometido dejar el ministerio y por supuesto el sueldo.
Malo es no hacer nada y tambien hacer cada uno "de su capa un sayo".
Obedecer al Papa y actuar en comunión con el obispo no es papadolatria, es aceptar y someterse al poder que reciben de Dios. Es una manera de manifestar la adoración a Dios.
Así estamos hechos unos zorros,y menos mal ,que hay también buenos sacerdotes como don Jorge
Le rezo su Avemaría.
No ha encontrado mejor forma de trabajar por la Salvación de las almas.
¿Qué hace su Obispo? Me imagino que mirar para otro lado.
Y luego en los seminarios habría que pedir "nota alta" para entrar, ser más exigente. Y el que "no apruebe" después de esos años, no se le nombra sacerdote. Más vale pocos y buenos, que muchos y mediocres. Además el voto de pobreza antes citado, haría también de filtro natural. No habría infiltrados, ni "trepas" o interesados en hacer "carrera eclesiástica", ya que una vida de pobreza no es muy apetecible.
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