Me despido... por una semana
Mi costumbre es escribir tres o cuatro veces por semana cuando menos. Y mis lectores, que ya saben de esa costumbre, buena o mala según, si de repente me ven inactivo una semana entera son capaces de barruntar cualquier inconveniencia, inconveniente o imposibilitante. Por eso prefiero contar lo que pasa.
Bueno, en realidad, pasar, lo que se dice pasar, no pasa nada. Simplemente que esta próxima semana voy a dirigir unos ejercicios espirituales a un grupo de sacerdotes de la diócesis de Lugo. No sé si voy a tener internet ni me importa. Personalmente quiero también a provechar la semana que viene para estar tranquilo, rezar, leer y no hacer otra cosa que pasarla en Dios con ese grupo de hermanos.

Si me lee algún antiguo compañero agustino, recordará sin duda al P. Ramiro Fincias. Le gustaba echar su partidita de vez en cuando y no se le daba mal el mus. Para los que no lo conocen, digamos, simplemente, que es un juego de apuestas, no de dinero, sino de puntos. Ante la apuesta de un jugador, se puede aceptar, declinar o responder aumentando la cantidad. Cuando el P. Ramiro aumentaba la apuesta y el otro se echaba atrás, su expresión, que no sé de dónde la habría sacado, era “se ha aciruelado”.





