InfoCatólica / Joan Antoni Mateo García / Archivos para: Enero 2010

25.01.10

Comulgar bien: Un objetivo pastoral prioritario y permanente

Las pasadas navidades, entre las muchas felicitaciones que recibí, me agradó especialmente la que me mandó Luís Fernando. Iba encabezada por una cita de Juan Pablo II. Es la siguiente:

“La mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?” (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia)

Les recordaba a mis feligreses, a la luz del Prólogo del Evangelio según San Juan, que una Navidad cristiana consistía fundamentalmente en recibir a Cristo y que sin esto, la Navidad perdía su identidad.

Y no hay duda que el lugar y momento de la máxima recepción de Cristo para un cristiano acontece en la Sagrada Eucaristía y en el momento de la Comunión. Un momento que debería ser culminante, íntimo y solemne, devoto y excepcional. Un momento lleno de inmenso amor y gratitud. Y por esto estoy convencido que ayudar a recibir a Jesucristo Eucaristía constituye un objetivo pastoral de primer orden.

En este año sacerdotal, a nivel personal, junto a los objetivos pastorales propios de la Diócesis, me he propuesto ayudar a los fieles a redescubrir la grandeza y el significado de un acontecimiento tan trascendente como es recibir a Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Comunión. Recibirlo como el merece: con fe y amor.

Juan Pablo II, en su última encíclica y primera del tercer milenio, nos proponía el ejemplo de María contemplando el rostro del Niño Jesús y estrechándolo en sus brazos como el modelo inigualable de amor de recepción de Cristo Eucaristía. Recuerdo una bella fórmula de comunión espiritual en que se dice que quisiéramos recibir al Señor con aquel amor y pureza con que lo recibió su Santísima Madre.

¿Cómo podríamos vivirlo nosotros?

La primera disposición es la recepción de Cristo en la fe pura y auténtica, en la confesión de fe que es adoración y que reconoce en Aquél que nació en Belén de María Virgen y murió por nosotros en el Calvario y resucitó al tercer día a quien es el Hijo Eterno de Dios, Dios y hombre verdadero.

En el catecismo más elemental se nos enseñaba que la primera condición para comulgar era precisamente ser bautizado, ser cristiano, confesar la fe. ¿Nos acercamos a la Sagrada Comunión con esta fe? San Agustín decía que pecaría el que comiera el Cuerpo de Cristo sin adorarlo, es decir sin confesar su misterio en la fe.

Eran hermosos y profundos aquellos actos de fe, esperanza, amor y penitencia que se rezaban antes de la Comunión. ¿Por qué no recuperarlos? Tal vez en forma de bellos cánticos como aquél, maravilloso a mi juicio, que empezaba diciendo “Oh buen Jesús, yo creo firmemente…”. Me parece una tarea urgente que nuestros cantos en la liturgia destilen fe recia, devoción profunda, sentimiento auténtico.

La manera como el sacerdote distribuye la Sagrada Comunión puede ayudar y mucho a captar el sentido de la fe. Haciéndolo con pausa y reverencia, mostrando bien el Cuerpo del Señor al fiel, proclamando con palabra clara su identidad: “El Cuerpo de Cristo”. Por parte del fiel, manifestando con su porte la dignidad del momento, pronunciando el amén con gozo y convicción, recibiendo el Señor con grande respeto y observando las normas de la Iglesia a respecto. Sólo con que pusiéramos atención a estos detalles, los recordáramos oportunamente, los revisáramos periódicamente, muchas cosas e importantes mejorarían en nuestras parroquias y comunidades. La rutina y dejadez en estos aspectos suele ser mortal.

Y todo esto vale también para la comunión del Sacerdote que el misal detalla con sus respectivas rúbricas y bellas oraciones, con sus gestos solemnes y reposados, con gran delicadeza. Esto constituye una excelente catequesis para los fieles. Todo nos ha de recordar que vamos a recibir en alimento a Jesucristo, Dios y Señor nuestro.

Invito a los lectores a compartir su experiencia sobre lo que les ayuda especialmente a comulgar bien. (continuará)