Bono apunta la solución...
El 22 de mayo de 2009 publiqué el artículo “Non pro Bono pacis…” en mi blog y que ahora recupero a propósito de las últimas declaraciones de Bono recogidas en Infocatolica.
Yo creo que Bono apunta la solución: Si la disciplina de partido es la que debe dominar el voto de los diputados, todo diputado católico al que se quiera obligar a votar la ley del aborto tiene la obligación moral de dejar su escaño, como bien dice Bono.
Llega la hora grave de elegir y de decidir si se quiere servir a Dios o no, porque no está en juego la voluntad de Martínez Camino, como dice Bono, sino la voluntad de Dios. Que resuenen aquellas palabras del Deuteronomio: He aquí que pongo delante de ti la vida y la muerte, el bien y el mal… ¡Elige! Todos responderemos ante la historia y ante Dios.
Para los que no leyeron mi anterior artículo, helo aquí:
No hace mucho, el Presidente del Congreso, a propósito de una moción presentada para repudiar unas enseñanzas del Santo Padre, se despachaba con unas jugosas reflexiones sobre la primacia del “imperio de la ley” sobre el “sentimiento religioso". Probablemente con esta última expresión se referiría a su fe católica. Muy significativo e iluminador. La reducción de la experiencia cristiana a “sentimiento” es, sin duda, una de las más amargas raíces del modernismo (sabiamente denunciado y condenado por San Pío X) que perduran en nuestros días. Basta una lectura atenta de la Pascendi para ver su rabiosa actualidad. Así es la fe de muchos “católicos” hodiernos: voluptuosa y evanescente como un sentimiento. Y así vamos. Para un católico, Jesucristo y todo lo que de Él procede han de ser siempre lo primero. Nada puede anteponerse a Dios. Muchos cristianos han sido mártires por no anteponer nada ni nadie a Jesucristo. En los primeros tiempos la disyuntiva era aut Caesar aut Christus. Y “el imperio de la ley” los liquidaba sin contemplaciones. A Santo Tomás Moro (recuerden que es modelo para cristianos políticos) le costó la cabeza no someterse a la arbitrariedad de un reyezuelo déspota. Y la lista sería larga. Los católicos sentimentalistas, ha de reconocerse, tienen unas enormes tragaderas que les permiten engullir muchos sapos y culebras. Pero un católico que quiera actuar con dignidad y coherencia en la vida pública llega el momento en que debe decir Non possumus. Aunque le cueste el cargo o la vida. Reconozco que la expresión de Bono podría interpretarse correctamente si admitimos la objetividad de la ley (que siempre ha de ser conforme a la verdad para ser justa) por encima del subjetivismo sentimentalista. Y en esta perspectiva cabe recordar que efectivamente hay que acatar el imperio de la ley, especialmente cuando esta ley emana del Supremo Legislador, Dios Todopoderoso, a quien hay que obedecer por encima de los hombres. Y, evidentemente, para quien teme al Señor, oponerse y desobedecer las leyes que contradicen la ley divina es una obligación. Y viendo ciertas leyes elaboradas y otras que se avecinan y el afán por imponerlas con un ímpetu de apisonadora no es descabellado pensar que llegan tiempos de martirio y confesión. San Pablo, con un gran sentido de la realidad, exhortaba a los fieles a elevar preces al altísimo por los que gobiernan, para que pudiéramos llevar una vida tranquila en este mundo. ¡Qué gran sabiduría la del Apóstol!
Recemos pues por los que gobiernan. Es muy urgente y necesario viendo el panorama que vemos.
