InfoCatólica / Joan Antoni Mateo García / Archivos para: Octubre 2009, 09

9.10.09

Liturgia: algo se está cociendo...

Me contaba una buena amistad de Barcelona y digna de todo crédito algunas aventuras litúrgicas vividas este pasado verano. En una Parroquia de una diócesis vecina, el sacerdote, en una Misa ferial, advirtió a los feligreses que, dada la terrible epidemia de gripe (sic), deberían comulgar todos en la mano. Mi amiga y sus familiares, entre ellos cuatro jóvenes (los únicos que había en aquella celebración), se pusieron al final de todos para recibir la Comunión. En el momento de recibir el Cuerpo de Jesucristo lo pretendieron hacer según su costumbre y legítima preferencia, disponiéndose a comulgar directamente en la boca. El sacerdote le dijo a la señora, la primera de la fila, que debía comulgar con la mano. Ésta replicó que quería recibir la Sagrada Comunión directamente en la boca y que sus familiares así lo preferían. El sacerdote insistió en que cogiera con la mano el Cuerpo de Cristo. Al negarse la mujer, el presbítero dio media vuelta y dejo sin Comunión a toda la familia. Omito el diálogo que siguió en la sacristía.

Esta misma señora, otro día, en otra parroquia de otra diócesis, constató con estupor que a la hora de la Consagración, todos los asistentes pronunciaban las palabras consagratorias reservadas al sacerdote. Después preguntó al celebrante quién había consagrado. Respuesta: ¡Todos! ¿No sabe usted que después del Concilio Vaticano II todos somos sacerdotes?

Afortunadamente estos episodios son raros pero demuestran que, efectivamente, hay que poner un poco de orden en la liturgia. Estos días hay un vivo debate sobre supuestas intervenciones de la Santa Sede en materia de liturgia, reformas de la reforma y otras cosas por el estilo. Personalmente creo que se trata de poner orden y de hacer que las cosas se hagan bien. Me parece una insensatez contraponer el “Novus ordo” con el anterior. La liturgia, especialmente la celebración de la Santa Misa, si se hace como se debe hacer, como estipulan los libros litúrgicos vigentes, tiene una gran sobriedad y belleza y una fuerza de renovación espiritual extraordinaria.

Yo me ordené sacerdote el año 1985 y, evidentemente, siempre he celebrado según los libros litúrgicos emanados después del Concilio Vaticano II. He visto de cerca celebrar la liturgia a Juan Pablo II, participando en más de una ocasión en la Santa Misa que celebraba en su capilla privada cada mañana en los Palacios Apostólicos. Y me parece una liturgia hermosa en continuidad con la tradición de la Iglesia. Lamentablemente, los abusos, que en palabras de Benedicto XVI, han ido a menudo más allá del límite de lo tolerable, han creado en muchos perplejidad y escándalo. A veces, veo en ciertas páginas de internet fotos y videos que se presentan como muestra de la liturgia renovada y que son auténticas abominaciones comparado con la Misa que la mayoría de sacerdotes procuramos celebrar con dignidad y devoción y mucha fe.

Igualmente me parece magnífico que, por voluntad del Santo Padre, muchos fieles y sacerdotes vinculados al antiguo ordo y otros que quieran redescubrirlo, puedan celebrar en paz el modo extraordinario del único rito romano.

Dicho esto, creo que nada obsta a que se introduzcan mejoras y se corrijan defectos. Yo no sé qué hay de cierto en algunos rumores que se propagan, incluso entre reconocidos vaticanistas. Algunos dicen que se pretende recuperar más el uso de la lengua latina. Tal vez en muchos casos deberíamos hablar de resucitar la lengua latina. Yo pienso que nunca debió abandonarse hasta el grado en que se ha hecho. No era ésta la intención del Concilio. Es hermoso constatar en Roma, en Lourdes, cómo podemos rezar tantos fieles y de tan distintos lugares y lenguas en una misma lengua: la latina.

Reconociendo la riqueza inconmensurable que ha supuesto dar cabida de las lenguas vernáculas en la liturgia,sin embargo, la pérdida del latín ha sido una auténtica catástrofe cultural. Tal vez una forma de irlo recuperando sería introduciendo paulatinamente algunas partes del ordinario de la Misa en latín: acto penitencia, gloria, credo, sanctus, benedictus y cantos de la tradición católica de probada belleza y seguro contenido doctrinal. Hoy la gente gusta estudiar idiomas. ¿Por qué no el latín? Sería una riqueza recuperar este tesoro, así como el canto gregoriano.

Otro tema que circula, es la recuperación de la posición del sacerdote, hacia el Señor, con todo el Pueblo “conversus ad Dominum”. Ciertamente ésta sería, al menos en muchos lugares, una innovación que suscitaría admiración. Personalmente pienso que la reubicación de la cruz en el centro del altar, como vemos en las hermosas liturgias papales, sería un avance suficiente en este tema.

Otra posibilidad, a mi juicio, si se dispusiera la celebración “ad Dominum o ad orientem” sería reservar el altar exclusivamente para la liturgia eucarística, y resaltar la sede para el resto de la Misa.

Se habla de recuperar la belleza y el sentido de lo sagrado. Creo que es algo sumamente necesario, especialmente en lo que respecta a la distribución de la Sagrada Comunión ( es lamentable la degradación que se observa en muchos lugares) y a los gestos explícitos de adoración que cada vez más se han escatimado a nuestro Señor. He leído con sumo agrado el precioso librito, Dominus est, de Athanasius Schneider y que recomiendo vivamente a sacerdotes y fieles. También he leído con interés el sugerente ensayo de Nicola Bux en su obra La reforma de Benedicto XVI y especialmente el prólogo que hace el cardenal Cañizares a este libro. Invita a reflexionar sobre cuestiones de fondo muy importantes.

Personalmente no me gusta la expresión “reforma de la reforma” y preferiría hablar de “perfeccionamiento de la reforma” y, en expresión muy querida por nuestro Papa, “hermenéutica de continuidad” también para lo que se refiere a la liturgia. En este sentido creo que se está articulando todo un movimiento litúrgico cuya expresión más patente no deja de ser las admirables catequesis litúrgicas implícitas en las celebraciones del Santo Padre. Algo se está moviendo en la liturgia y estoy convencido que será para bien.

Ahora, animada la reflexión, invito a los lectores a participar en el foro y a responder a una sencilla pregunta: ¿Qué cosas considera usted que podrían y deberían mejorar en las celebraciones de la liturgia? ¡Buen debate!