El capítulo valenciano, «Nuestra Señora de los Desamparados», en la peregrinación a Covadonga

Cuando llegó a mis oídos que la Asociación Nuestra Señora de la Cristiandad estaba preparando una peregrinación al Santuario de Covadonga, muy parecida a la de París-Chartres en Francia, mi corazón dio un vuelco: esta iba a ser una gran ocasión para tomar distancia de los bienes y tristezas del mundo para tener la vista puesta durante unos días (que se hicieron cortos) únicamente en Jesús, aquel que nos da la vida, nos consuela y nos guía por senderos que casi nunca conocemos pero sin soltar nunca nuestra mano. Estos días me han servido para vivir con y para Cristo y su Santísima Madre, compartiendo una ínfima porción de los sufrimientos que Nuestro Señor padeció durante su Pasión, así como los dolores y gozos de su Santísima Madre.
Tras un interminable viaje en autobús –en el que aprovechamos para conocer al resto de integrantes del capítulo valenciano, «Nuestra Señora de los Desamparados»– llegamos a Oviedo, punto de inicio de nuestro camino. Bien pronto por la mañana nos esperaban las torres de la catedral, cubiertas de nubes; nuestros cuellos se doblaban en ángulos imposibles para contemplar su belleza. Esta catedral alberga una de las joyas de la Cristiandad: el Santo Sudario que fue cosido alrededor del rostro de Nuestro Señor tras su crucifixión.


Impresiones personales de Juan Manuel Rodríguez, Presidente de Una Voce España, sobre la reciente celebración de la peregrinación tradicional entre Oviedo y Covadonga.




