InfoCatólica / Blog de nuestros lectores / Categoría: Armando Rubio

17.03.26

¿Quién fabricó al emotivista religioso?

Los obispos citan a MacIntyre contra el emotivismo. Y no advierten la ironía

Hay momentos en la lectura de un documento eclesial en que uno debe detenerse, releer el párrafo y preguntarse si el autor es consciente de lo que acaba de citar. Uno de esos momentos se encuentra en la nota a pie de página número seis de la Nota doctrinal que la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe publicó el pasado 3 de marzo. Allí, para fundamentar su crítica al «emotivismo» religioso (la reducción de la fe a la intensidad del sentimiento), los obispos citan a Alasdair MacIntyre, concretamente el capítulo segundo de Tras la virtud, su obra capital de 1981.

La cita es correcta. Y sin embargo, algo produce un leve vértigo intelectual en quien conoce a MacIntyre más allá del nombre: la institución que lo cita contra el emotivismo lleva décadas construyendo, con sus propios instrumentos pastorales y pedagógicos, exactamente el tipo de sujeto que MacIntyre describió como producto inevitable del emotivismo. No es una acusación. Es una paradoja. Y las paradojas, bien miradas, son siempre más instructivas que los errores.

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6.03.26

Lo que León XIV le dijo a los sacerdotes y lo que el Sínodo les está preparando

Dos papeles sobre la mesa

Hace unos días, José Francisco Serrano Oceja publicó una columna cuyo título era una pregunta: «¿Es el clero de Madrid el mejor clero del mundo?». La desplegaba con la integridad que le caracteriza, enumerando razones posibles, recordando a Morcillo y a Tarancón, a Suquía y a Rouco, evocando la referencia de Will McAvoy en Newsroom sobre un país que ya no es el mejor pero que lo fue «cuando estaba gobernado por hombres grandes». Y cerraba con una advertencia de aparente sencillez: «Si el clero de Madrid es el mejor del mundo, convendría que siguiera así». Lo que Serrano Oceja no podía saber (o quizás sí) es que en los mismos días en que escribía esas líneas, el grupo sinodal que el cardenal arzobispo de Madrid coordinaba estaba finiquitando el documento que propone reformar la formación sacerdotal de toda la Iglesia según un modelo que los predecesores de Cobo desmontaron en Madrid hace cuarenta años. La advertencia de Serrano resulta así, leída a la luz de lo que ha ocurrido después, casi profética.

Hay una fecha que conviene no perder de vista: el 28 de enero de 2026.

Ese día, memoria litúrgica de santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia, como subraya el propio encabezado, el Papa León XIV firmó en el Vaticano una carta dirigida a los sacerdotes de Madrid. Una carta personal, cargada de imágenes, escrita en el castellano sonoro y preciso de quien ha leído a los místicos españoles. Una carta que terminaba con una cita de san Juan de Ávila: «Sed vosotros todo suyo».

Pocas semanas después, en los despachos del proceso sinodal, circula un documento de trabajo del Grupo de Estudio 4 (GE4), Formare Presbiteri in una Chiesa Sinodale Missionaria, que propone transformar desde los cimientos la manera en que la Iglesia forma a sus futuros sacerdotes. Un documento que invoca al Papa León XIV como aval de su proyecto desde las primeras líneas.

El problema es que los dos textos no dicen lo mismo.

No es que uno contradiga al otro en cada párrafo. Los documentos eclesiales raramente se contradicen con esa franqueza. Lo que ocurre es algo más sutil y, en el fondo, más revelador: hablan de la misma realidad (el sacerdocio, su identidad, su formación) y dibujan figuras que no encajan. Como si dos arquitectos hubieran recibido el mismo encargo y uno hubiera proyectado una catedral y el otro un centro cívico. Ambos edificios tienen altar. Pero no son el mismo lugar.

Pongo los dos textos uno junto al otro y dejo que el lector juzgue. 

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16.02.26

Si el cura no es «otro Cristo», ¿por qué existe? Andrea Grillo ataca al Papa y al sacerdocio

Andrea Grillo, screenshot Youtube

Hay palabras que parecen técnicas pero que esconden batallas existenciales. «Alter Christus», otro Cristo, es una de ellas. La Iglesia llama así a los sacerdotes para expresar algo que supera la simple representación: cuando un cura consagra el pan y el vino en la Misa, cuando absuelve pecados en el confesionario, no está «actuando en nombre de Cristo» como un delegado actúa en nombre de su jefe. Está siendo instrumento de Cristo mismo, que obra a través de él. El sacerdote, en esos momentos, desaparece. Y aparece Cristo.

Pero esa comprensión, tan antigua como la Iglesia misma, continúa bajo asedio. Y el último ataque no viene de fuera, sino de dentro: Andrea Grillo, teólogo italiano considerado el ideólogo intelectual de Traditionis Custodes, cuyas ideas sobre la Misa tradicional fueron asumidas casi literalmente en el documento de 2021, acaba de publicar un artículo muy crítico contra el Papa León XIV. Su pecado: haber dicho a los sacerdotes de Madrid que su identidad consiste en «ser alter Christus».

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