
Luis von Kobbe. Nació en el seno de una familia de diplomáticos (su tío-abuelo era el embajador español en Londres) y de ilustres españoles (mi abuela materna se apellidaba Peralta García de Paredes y Donoso Cortés). Su educación católica venía marcada por la devoción de su madre, familia directa de San José María Rubio y Peralta, pero a partir de los 15 años comenzó en su otro tipo de “devoción” marcada por el alcohol. Compaginó sus estudios de bachillerato trabajando en un estudio de diseño gráfico de primer nivel y de ahí pasó a trabajar en agencias de publicidad (RZR, Saatchi & Saatchi, Publicis, Tiempo BBDO y Bassat Ogilvy) como Director de Arte y Director Creativo. En 2001 se pasó a la dirección de spots en productoras como Ovídeo, Garage Films, Blur… para terminar montando la suya propia (Von Kobbe Productions). La crisis de 2008 fue el inicio de una vida incierta en la que su adicción acabó con su matrimonio (2015) y con él como persona.
En septiembre de 2018 dejó la bebida de forma abrupta ingresando primero en dos psiquiátricos y luego en un centro de recuperación, pero fue en febrero de 2019 cuando recuperó una serenidad que le llevó a vida una nueva en la fe católica. En marzo de 2019 creó la plataforma #noanonimos, ahora convertida en asociación sin ánimo de lucro, noanonimos.org. Compagina esta actividad colaborando activamente con Creatia Human, empresa especializada en expandir un liderazgo humanista y es cofundador de Lidero, una escuela de liderazgo online. Además sigue ejerciendo de Director Creativo y Realizador free-lance.
¿Por qué su trabajo de publicista y estilo de vida le fue llevando a una vida desordenada?
Un creativo con éxito y reconocimiento profesional se enfrenta con un gran enemigo: su ego. Juan Pablo II lo señalaba como un obstáculo para el amor verdadero y la relación con Dios por llevarnos a la soberbia, el egoísmo y la necesidad de autodonación. Asistí con mi familia a la multitudinaria misa en la Plaza de Lima (mi madre está emparentada con San José María Rubio y Peralta), pero poco tiempo después me vi absorbido por un afán materialista muy alejado de todo cuanto allí escuché. El trabajo que ejercía pocas veces estuvo tan marcado por el orden como por la creatividad, y ésta tiene mucho de espontaneidad, de improvisación y de un comportamiento anárquico en el que yo me desenvolvía con mucho éxito.
¿Cuál fue el punto de inflexión para pasar de ese desorden al alcoholismo?
Siendo sinceros yo había empezado a contactar con la bebida desde los 15 años, pasando de convertirse en algo esporádico a un hábito en muy poco tiempo. A los 21 años pasé de uno de los mejores estudios de diseño gráfico a una gran agencia de publicidad. Bebíamos en las comidas y lo que antes era sólo los fines de semana se convirtió en algo diario. Dos años después me fichó una gran multinacional en la que empecé a ganar premios y ascensos salariales desorbitados comparado con lo que ganaba alguien de mi edad. Me convertí en uno de los directores de arte mejor pagados y pronto en uno de los más jóvenes directores creativos. Mi adicción al alcohol creció a esa misma velocidad.
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