Prácticamente ciega encuentra en Dios la fuerza para seguir escribiendo y ser instrumento de esperanza

Ana Cachinero tiene 64 años. Nació en Andújar (Jaén) el 16 de febrero de 1962 y es escritora. Desde muy joven descubrió en la lectura un mundo lleno de posibilidades. Comenzó disfrutando de tebeos, cuentos y obras de grandes autores, hasta que un día encontró el material que despertó definitivamente su vocación por la escritura. Cursó estudios de EGB, Bachillerato y se diplomó en Magisterio, en la especialidad de Humanidades. A pesar de su discapacidad visual, nunca ha renunciado a sus sueños y ha procurado hacer de la escritura una forma de crecer, de compartir y de transmitir esperanza. En 2002 publicó su primer libro de relatos infantiles y juveniles: Las aventuras de Carol. En 2017 vio la luz Aventuras salvajes, una obra que tuvo una buena acogida en distintos medios de comunicación.

En 2021 publicó en formato digital En los ojos de un niño y Rous Rose. Dos años más tarde apareció su poemario A través de mi espacio y, en diciembre de 2024, publicó su primera novela corta: Sueños y raíces, un relato romántico que ha sido muy bien recibido por los lectores. Actualmente está disponible en la Biblioteca Municipal de Jaén, en el Centro de Apoyo de la ONCE de Jaén y también en formato digital. Se considera una escritora incansable, especialmente dedicada a la literatura infantil y juvenil, aunque también cultiva la poesía, el relato y la narrativa para adultos. Su mayor deseo es seguir escribiendo mientras Dios le conceda fuerzas, con la esperanza de que cada una de sus obras pueda dejar una huella de ilusión, valores y esperanza en quienes las lean.

¿Cómo fue aceptando la enfermedad de su vista desde niña?

No fue un camino fácil ni algo que pudiera aceptar de un día para otro. Desde muy pequeña tuve que convivir con una enfermedad visual que marcó mi infancia. Mientras otros niños descubrían el mundo con total naturalidad, yo tenía que adaptarme a unas limitaciones que, en muchas ocasiones, no comprendía del todo.

¿Cómo asumió haber perdido prácticamente toda la visión?

Perder prácticamente toda la visión fue, sin duda, uno de los mayores desafíos de mi vida. No fue un proceso fácil. Hubo momentos de incertidumbre, de miedo y de adaptación a una realidad completamente distinta de la que había conocido hasta entonces. Con el tiempo comprendí que podía seguir adelante. Aprendí a desenvolverme utilizando los recursos adecuados, como el braille y las tecnologías adaptadas, y descubrí que una limitación no tiene por qué impedir que una persona continúe creciendo, aprendiendo y persiguiendo sus sueños. La escritura se convirtió en una de mis mejores compañeras. A través de ella encontré una forma de expresar mis emociones, compartir experiencias y dar sentido a muchas vivencias. Escribir me ayudó a transformar las dificultades en aprendizaje y a mirar la vida con esperanza. Hoy no defino mi vida por la ceguera, sino por todo lo que he podido construir a pesar de ella. Sigo afrontando retos, como cualquier persona, pero también sigo ilusionándome con nuevos proyectos. He aprendido que la verdadera mirada nace del corazón, de la voluntad y del deseo de seguir adelante.

¿Cómo ha seguido luchando en la vida para poder cumplir sus sueños?

Antes que nada, comprendí que los sueños no desaparecen cuando cambian las circunstancias. A veces solo necesitan un camino diferente para hacerse realidad. La pérdida de visión me obligó a aprender nuevas formas de estudiar, de trabajar y de desenvolverme, pero nunca renuncié a seguir creciendo. Con el apoyo de mi familia, de la ONCE y, sobre todo, con la ayuda de Dios, fui descubriendo capacidades que ni siquiera sabía que tenía. Aprendí braille, utilicé nuevas tecnologías adaptadas y seguí formándome. Más adelante encontré en la escritura un medio para expresar mis vivencias, mis inquietudes y mi fe, convirtiendo las dificultades en una oportunidad para ayudar y animar a otras personas. He comprobado que los sueños no siempre se cumplen como uno los imaginó, pero sí pueden realizarse de una forma incluso más profunda. Cada libro escrito, cada testimonio compartido y cada persona que encuentra esperanza en mis palabras es un regalo que da sentido al camino recorrido. Hoy sigo teniendo proyectos e ilusiones. Mientras Dios me conceda fuerzas, continuaré escribiendo, aprendiendo y poniendo mis dones al servicio de los demás. Porque la verdadera discapacidad no está en los ojos, sino en perder la esperanza, y esa, gracias a Dios, nunca la he perdido.

¿Qué ha supuesto la escritura en su vida y poder publicar varios libros?

La escritura ha sido uno de los mayores regalos que Dios ha puesto en mi camino. Cuando perdí la visión, muchas personas podían pensar que también perdía la posibilidad de cumplir mis sueños. Pero, descubrí que las palabras no necesitan ojos para nacer, sino un corazón dispuesto a sentir y una voluntad firme para seguir adelante. Escribir me ha permitido expresar emociones, transformar el dolor en aprendizaje y compartir experiencias que quizá puedan ayudar a otras personas. Cada relato, cada poema o cada reflexión es una parte de mi vida, de mis recuerdos y de mi forma de entender el mundo.

Poder publicar varios libros ha supuesto la realización de un sueño que durante mucho tiempo parecía inalcanzable. No lo vivo como un logro personal únicamente, sino como una prueba de que las dificultades no tienen la última palabra cuando se afrontan con constancia, ilusión y confianza en Dios. Además, la escritura me ha regalado algo muy valioso: conocer a personas maravillosas, crear talleres literarios, compartir experiencias con otros escritores y comprobar que mis palabras pueden emocionar, hacer reflexionar o acompañar a quienes las leen. Ese es, para mí, el mayor premio que puede recibir un escritor. Si algo he aprendido es que escribir no consiste solo en publicar libros, sino en dejar una huella de esperanza. Mientras Dios me conceda fuerzas, seguiré escribiendo, porque es una forma de dar gracias por la vida y de ofrecer a los demás todo lo que ella me ha enseñado.

¿En qué medida es su refugio escribir libros literatura infantil y juvenil?

La literatura infantil y juvenil ha sido para mí mucho más que un género literario; ha sido un verdadero refugio. Cuando la oscuridad fue ocupando mis ojos, descubrí que la imaginación seguía intacta. Escribiendo podía recorrer bosques, conversar con animales, inventar aventuras y contemplar paisajes que ya no podía ver con la vista, pero sí con el corazón. Cada historia que he escrito ha sido una forma de transformar las dificultades en esperanza. Me gusta crear personajes que afrontan sus miedos, aprenden a valorar la amistad, la solidaridad, el esfuerzo y la fe. Creo que los niños y los jóvenes necesitan historias que entretengan, pero también que les ayuden a descubrir que siempre hay un camino para seguir adelante, incluso cuando la vida parece complicarse. Escribir estos libros también me ha permitido seguir siendo niña en cierto modo. Mantener viva la capacidad de asombro, de soñar y de creer que el bien puede vencer al mal. Esa ilusión ha sido una fuerza que Dios ha puesto en mi vida para no rendirme nunca. Si mis relatos consiguen arrancar una sonrisa, despertar la imaginación o sembrar una pequeña semilla de esperanza en el corazón de un lector, siento que todo el esfuerzo ha merecido la pena. Esa es una de las mayores recompensas que puede recibir una escritora.

¿Cómo le ha ayudado su fe en Dios a seguir viviendo con esperanza?

Ante el Santísimo, puedo decir que mi fe en Dios ha sido el mayor apoyo de mi vida. No ha evitado el sufrimiento ni las dificultades, pero sí me ha dado la fuerza para afrontarlos sin perder la esperanza. Desde niña he aprendido que Dios nunca abandona a quienes confían en Él. En los momentos en que la oscuridad parecía más grande, cuando la pérdida de vi las limitaciones o las incertidumbres querían desanimarme, siempre he sentido que el Señor caminaba a mi lado, sosteniéndome y ayudándome a levantarme una vez más. La oración ha sido mi refugio y mi fuente de paz.

Muchas veces no he encontrado respuestas inmediatas, pero sí la serenidad para aceptar lo que no podía cambiar y el ánimo para seguir luchando por mis sueños. También he descubierto que el sufrimiento, vivido con fe, puede convertirse en una oportunidad para crecer, amar más y comprender mejor a quienes también pasan por momentos difíciles. Procuro vivir cada día con gratitud, poniendo mis proyectos en manos de Dios y confiando en su voluntad. La escritura, el servicio a los demás y el deseo de transmitir esperanza forman parte de ese camino que Él ha ido marcando en mi vida. Por eso, aunque haya tenido muchas pruebas, nunca me he sentido sola. Mi esperanza no se apoya únicamente en mis fuerzas, sino en la certeza de que Dios permanece siempre a mi lado y de que, con Él, incluso las dificultades pueden transformarse en una ocasión para seguir adelante con alegría y confianza.

¿Cómo le ayuda una emisora como Radio María a escuchar la Misa y a mantener el fervor?

Radio María es para mí una compañía espiritual muy valiosa. Aunque no suelo escuchar la Santa Misa todos los días y solo lo hago en algunas ocasiones, sí recurro con frecuencia a su programación para escuchar el Evangelio, las oraciones y las reflexiones que ayudan a fortalecer la fe. En los momentos de silencio o de dificultad, escuchar una emisora que habla de Dios me recuerda que nunca estamos solos y que el Señor siempre nos acompaña. Sus programas me invitan a detenerme, a rezar con más serenidad y a mantener viva la esperanza. Para quienes, como yo, no siempre pueden participar presencialmente en la vida de la Iglesia, Radio María es un hermoso medio para seguir alimentando el espíritu y sentirnos unidos a la oración de tantos cristianos.

Por Javier Navascués



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