Elisenda Torras habla de Our Lady of Christendom (Nuestra Señora de la Cristiandad en Inglaterra)

Entrevistamos a Elisenda Torras, secretaria de la peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad en Inglaterra. Hace balance de los dos primeros años de la peregrinación.

¿Cómo nace la peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad en Inglaterra?

Nace de una inquietud compartida por un pequeño grupo de amigos católicos residentes en el Reino Unido que conocíamos peregrinaciones como París–Chartres y Nuestra Señora de la Cristiandad a Covadonga. Nos impresionó esa forma de vivir una fe que no queda encerrada en el ámbito privado, sino que se hace visible mediante la oración, el sacrificio, la belleza de la liturgia y la fraternidad.

Al preguntarnos cómo podía arraigar una peregrinación así en Inglaterra, descubrimos la historia de Nuestra Señora de Evesham. Según la tradición, allí tuvo lugar, hacia el año 701, la primera aparición mariana conocida del país, varios siglos antes que la de Walsingham. Sin embargo, sigue siendo una historia muy poco conocida y, en gran medida, olvidada. Posteriormente, san Egwin fundó en Evesham una gran abadía benedictina dedicada a Nuestra Señora, que fue destruida durante la disolución de los monasterios bajo Enrique VIII.

Por eso sentimos que Evesham era el destino natural y que debíamos contribuir, con mucha humildad, a recuperar esa memoria. Lo que comenzó como una conversación entre amigos se convirtió en una misión compartida, liderada por Andrea Cabanas.

¿Qué supone para usted formar parte del equipo central de la peregrinación?

Para mí es un regalo, una forma de servicio y también una responsabilidad. Detrás de cada decisión hay peregrinos, familias, sacerdotes y voluntarios que ofrecen generosamente su tiempo y sus talentos.

Como española que lleva más de diez años viviendo en Londres, esta peregrinación tiene además un significado muy personal. Vivir lejos del entorno en el que crecí me ayuda a comprender que no voy a la iglesia simplemente por tradición o cultura, sino porque elijo libremente vivir mi fe. Aquí he conocido amigos maravillosos y católicos de muchas nacionalidades, y esa diversidad me ha permitido experimentar de una manera muy concreta la universalidad de la Iglesia

Formar parte de esta peregrinación me permite unir esa experiencia con la riqueza de la historia católica de Inglaterra. Sobre todo, me recuerda que esta obra no nos pertenece. Nosotros solo ponemos nuestro tiempo, nuestras capacidades y también nuestras limitaciones al servicio de Nuestra Señora, confiando en que Ella sabrá guiarnos.

También es una oportunidad constante para crecer en virtudes como la humildad, la paciencia, la generosidad y la confianza. Organizar una peregrinación exige aprender a escuchar, trabajar con otros, aceptar los imprevistos y reconocer que muchas veces los frutos no dependen únicamente de nuestros esfuerzos, sino de nuestra capacidad de ponernos al servicio y dejar actuar a Dios.

¿Qué recorrido han hecho en estos dos años?

En la primera edición, celebrada el 28 de junio de 2025, caminamos 24 kilómetros desde Tewkesbury Abbey hasta Evesham Abbey. En la segunda, del 4 al 6 de julio de 2026, ampliamos el recorrido a tres días de camino y dos noches de acampada, desde Oxford hasta Evesham Abbey, atravesando los Cotswolds.

A lo largo de esta segunda edición pasamos también por las ruinas de Hailes Abbey, donde durante siglos se veneró una reliquia de la Preciosísima Sangre de Cristo. Escogimos las fechas de la peregrinación para que coincidieran con la festividad de la Preciosísima Sangre y tuvimos la gran bendición de poder detenernos a rezar en las propias ruinas. Fue un momento especialmente significativo, porque nos permitió enlazar el camino con la memoria espiritual de uno de los antiguos lugares de peregrinación más importantes de Inglaterra.

Desde Hailes continuamos hacia Evesham, verdadero corazón y destino de la peregrinación por su importancia en la historia mariana y benedictina del país. Cuando los representantes de Enrique VIII acudieron a suprimir la abadía, encontraron a los monjes celebrando las vísperas y los interrumpieron durante el Magnificat. Por eso fue especialmente significativo concluir también nuestra peregrinación celebrando las vísperas después de la Santa Misa. En ambas ediciones, al llegar a las ruinas, todos nos arrodillamos para cantar la Salve Regina y, justo en ese momento, las campanas comenzaron a sonar sin que estuviera previsto. Lo vivimos como un verdadero regalo.

En esta segunda edición celebramos además la Santa Misa en St Lawrence’s Church, en Evesham, donde, según nos explicó una historiadora local, probablemente no se había celebrado una misa católica en aproximadamente quinientos años. Todo el recorrido, desde Oxford hasta Evesham, nos permitió recordar una historia de fe que fue interrumpida y, al mismo tiempo, hacer visible que esa fe continúa viva y que la oración puede volver a llenar estos lugares.

¿Por qué era importante que un país como Inglaterra contase con una peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad?

Inglaterra no carece de raíces católicas; son raíces que, en gran medida, han sido olvidadas. Su territorio está lleno de antiguas abadías, santuarios y lugares vinculados a santos y mártires, y durante siglos fue conocido como la Dote de María —Our Lady’s Dowry—. La Reforma anglicana supuso una profunda ruptura religiosa, cultural y social: trajo consigo la disolución de los monasterios, la destrucción de numerosos lugares sagrados, la pérdida de tradiciones centenarias y la persecución de quienes permanecieron fieles a Roma. Iniciar la peregrinación era una forma de tender un puente entre la fe que vivimos hoy y esa herencia, no desde la nostalgia ni el resentimiento, sino reconociendo que el catolicismo forma parte esencial de la identidad inglesa y que todavía tiene mucho que decirnos.

Desde esta perspectiva entendemos también qué significa para nosotros hablar de restaurar la Cristiandad. No se trata de recuperar una estructura política del pasado, sino de permitir que Cristo transforme nuestros corazones, nuestras familias y nuestras comunidades. La peregrinación es nuestra pequeña manera de dar testimonio de una fe que sigue viva y de recorrer de nuevo estos lugares con oración y esperanza, confiando a Nuestra Señora el deseo de que conduzca a muchas personas hacia su Hijo.

¿Qué balance hacen después de dos ediciones de peregrinación?

El balance es muy positivo. En la primera edición participaron alrededor de cien peregrinos. En la segunda, ampliada a tres días de camino y dos noches de acampada, se registraron unas sesenta personas procedentes de Inglaterra, España, Alemania, Australia, Argentina, Polonia, Canadá, y Francia, entre otros países. Ha sido realmente emocionante ver a personas de lugares tan distintos caminando juntas hacia Evesham.

Ninguno de nosotros había organizado antes una peregrinación de estas características, así que seguimos aprendiendo mucho. Sin embargo, el principal fruto no es numérico, sino espiritual: comprobar que existe un deseo real de peregrinar, hacer penitencia y vivir públicamente la fe en este país. Estamos también muy agradecidos por el apoyo y la experiencia de los equipos de París–Chartres y Covadonga.

¿En qué medida les ayuda la experiencia de París–Chartres, Covadonga y otras peregrinaciones de Nuestra Señora de la Cristiandad?

Nos ayudan enormemente. París–Chartres nos muestra lo que una peregrinación puede llegar a ser después de décadas de fidelidad, formación y trabajo voluntario. Covadonga ha sido una referencia especialmente cercana. De ambas aprendemos sobre la organización por capítulos, la participación de sacerdotes y religiosos, la distribución de responsabilidades, la vida en los campamentos y, sobre todo, la centralidad de la liturgia.

Somos muy conscientes de lo que significa caminar bajo el nombre de Nuestra Señora de la Cristiandad. Formamos parte de una familia espiritual internacional de peregrinaciones profundamente marianas, presentes en distintos países y unidas por una misma espiritualidad: la centralidad de la Santa Misa, la oración, el sacrificio, la formación tradicional y la vida comunitaria, siempre en plena comunión y fidelidad con la Santa Sede y con la Iglesia.

Nuestra Señora no es simplemente el nombre de estas peregrinaciones, sino quien las acompaña, las protege y conduce siempre a los peregrinos hacia su Hijo. Al mismo tiempo, cada una debe arraigarse en la historia y en la realidad del país en el que nace. Nuestra responsabilidad es aprender de todas ellas y, a la vez, construir una peregrinación verdaderamente inglesa, vinculada a sus santos, sus mártires, sus antiguos santuarios y los caminos que recorremos.

Por Javier Navascués

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