Javier G. Recuenco: “Tras 200 años de hegemonía calvinista, es tiempo de volver a los valores católicos”

El superdotado y expresidente de Mensa España afirma que «son más humanistas los valores católicos que los de los seguidores de la diosa razón» y analiza el agotamiento del modelo cultural anglosajón
Javier González Recuenco, nacido en Madrid en 1970, es un ingeniero informático, empresario, académico y expresidente de Mensa España. Ampliamente conocido por ser considerado una de las mentes con mayor cociente intelectual del país, cifrado en 165 puntos y por ser especialista en estrategia y en la resolución de problemas complejos.
Considera a los católicos “de los suyos” y en un pódcast con Rubén Cientozero afirmó: “la inteligencia te aleja de Dios en un principio, para luego devolverte a Dios”. Por todo ello y su combate frontal contra el luteranismo me ha parecido muy interesante entrevistarlo confrontando su agnosticismo con los argumentos que llevaron a la fe a varios intelectuales célebres.
Chesterton decía que la fe protegía a la razón de volverse loca. Mirando el relativismo de hoy, ¿no cree que el tomismo es una estructura mil veces más sólida que cualquier filosofía moderna?
Los argumentos deontológicos del «buey mudo» se pueden discutir desde el momento en que Wittgenstein demuestra que las grandes formulaciones de problemas filosóficos suelen apoyarse en limitaciones del lenguaje. De hecho, Gödel tenía un argumento deontológico similar.
Lo que pasa es que si lo comparas con Lyotard y todos los posmodernos, claro, es de una inteligencia seis niveles por encima.
¿Cree que el protestantismo de Lutero, al ser subjetivista, nos llevó a este bucle de materialismo, individualismo y cultura de la cancelación?
Lutero triunfó fundamentalmente porque era extraordinariamente conveniente, empezando para los príncipes alemanes y, por qué no decirlo, porque el capitalismo, la Iglesia y cualquier cosa buena degeneran en cuanto se vuelven hegemónicos.
Yo tengo un combate frontal con el luteranismo desde una perspectiva casi paródica, pero, después de doscientos años de hegemonía calvinista, es tiempo de volver a los valores católicos, entre otras cosas porque son mucho más humanistas, paradójicamente, que los de los seguidores de la diosa razón.
Cualquier planteamiento que ignore el hecho de que el hombre es una superposición cuántica de alguien ferozmente individual y alguien ferozmente colectivo, que se limita a colapsar dependiendo del contexto, está condenado al fracaso absoluto.





