El Papa en el corazón de la Europa cristiana

En vísperas de la histórica visita del Papa, que al ser elegido Sumo Pontífice ha querido honrar con su nombre a san Benito, a la abadía y la diócesis de Montecassino, ofrecemos una interesante entrevista que el abad local, Pietro Vittorelli, ha concedido hoy a L’Osservatore Romano.
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Benedicto XVI se dirige a Montecassino como portador de fuertes vínculos con san Benito. Hasta el momento, ¿cómo se han manifestado estos vínculos en su servicio petrino?
Benedicto XVI ha subrayado en varias ocasiones, desde el inicio de su pontificado, un enraizamiento en la espiritualidad benedictina volviéndola a proponer en sus discursos y en sus catequesis que encuentran una admirable síntesis en el nihil amori Christi praeponere, que san Benito incluye en el cuarto capítulo de la Regla “Sobre los instrumentos de los buenas obras” (4,21) y que el Santo Padre ha citado varias veces casi como un leitmotiv de su trabajo teológico. Cuando en la tarde del 19 de abril de 2005, el cardenal Jorge Arturo Medina Estévez anunciaba al mundo que el Cardenal Ratzinger había sido elegido Papa y que había elegido llamarse Benedicto, además de la alegría incontenible de todo el mundo monástico que en Montecassino se confundía con el sonido de las campanas y la congestión de las líneas telefónicas y del correo electrónico, a algunos monjes no se les escapó la inmediata referencia a la Regla en las primeras palabras que declaraban al Papa “un sencillo y humilde trabajador en la viña del Señor”. Si bien era clara la referencia evangélica, no se dejaba de notar la referencia a la humildad, querida por Benito, y la expresión del Prólogo a su Regla: “Et quaerens Dominus, in multitudine populi cui haec clamat, operarium suum” (14).
