Benedicto XVI: la valentía de la Verdad

Ayer se cumplieron dos semanas desde que el decreto del Papa se hizo público. Han sido dos semanas nada fáciles y ciertamente densas en las que hemos podido apreciar gestos de valentía que nos han alegrado y han contribuido al bien de la Iglesia pero, por desgracia, también hemos visto actitudes cobardes que, con intención o sin ella, han provocado dolor al Santo Padre y a la Iglesia.
Ya hemos manifestado, en otra ocasión, que no es posible culpar de todo esto a una supuesta posición poco clara de la Iglesia sobre el antisemitismo o a la rehabilitación de un obispo que niega la Shoah. Es evidente que la molestia se debe, más en general, a que la Fraternidad de San Pío X esté más cerca de la plena comunión. Y detrás de ello, debemos ser sinceros, la molestia está dirigida finalmente al Papa Benedicto XVI y a su “idea de Iglesia”. Pero aquí surge el problema: ¿estamos ante una “idea de Iglesia” de Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI? ¿O se trata, más bien, de la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia Católica, de cuya fidelidad a su Divino Fundador es garante el Sucesor de Pedro?




