Vale mucho la pena leer los discursos de Solzhenitsyn

Que Alexander Solzhenitsyn es uno de los grandes testimonios del siglo XX es algo indiscutible. Los cuatro discursos recogidos en el libro Escritos imprescindibles lo confirman. Un testimonio valiente y un pensador potente (como el magnífico prólogo de Ricardo Ruiz de la Serna argumenta convincentemente) que sigue estando de enorme actualidad. ¿Qué puede haber de mayor actualidad, por ejemplo, que esta cita extraída del discurso que dio en Harvard en 1978: «Quizá la decadencia del coraje sea lo más chocante de Occidente para una mirada ajena… Este deterioro del coraje se manifiesta sobre todo en las capas gobernantes e intelectuales».
Resulta también interesante, al leer estos discursos (el primero es de 1970, el último de 1993), ver la evolución de Solzhenitsyn. En el discurso de recepción del Nobel, escrito en 1970, encontramos una esperanza un tanto naif en el poder del arte, de la literatura, que presenta como el medio para salvar el mundo. También, es cierto, aparece ya una de sus ideas clave, la de la lucha contra la mentira, cuando sostiene que «en la lucha contra la mentira el arte siempre ha vencido».El texto ¡Vivir sin mentiras!, de 1974, año en que es detenido y expulsado de la Unión Soviética, significa un paso más. No niega lo anterior, pero lo desarrolla y completa. Pertenecen a este texto estas líneas inolvidables, que han inspirado a tantas personas desde entonces:
«Puede que la mentira lo haya cubierto todo, puede que la mentira domine todo, pero plantémonos en lo más pequeño: ¡que su dominio no sea a través de mí!… Cuando las personas se desprenden de la mentira, ésta simplemente deja de existir… No estamos maduros para salir a las plazas a pregonar la verdad, a declarar en voz alta lo que pensamos, no hace falta, da miedo. Pero al menos neguémonos a decir lo que no pensamos…Nuestro camino: ¡no apoyar conscientemente de ninguna manera la mentira!».
El discurso en Harvard en 1978 supuso un punto de inflexión y provocó un gran revuelo: tras criticar denodadamente el comunismo, el disidente también se atrevía a señalar los puntos débiles del mundo que le había acogido: Occidente. El discurso, en mi opinión mucho más realista y afinado que el del Nobel, contiene diversas perlas de gran valor. Valga como ejemplo esta certera reflexión que vale para todo momento: «Habiendo pasado toda mi vida bajo el comunismo, diré esto: es terrible la sociedad en la que no hay balanza judicial imparcial alguna. Pero una sociedad en la que no hay otra balanza, salvo la jurídica también es poco digna del ser humano… Ante las pruebas del siglo que nos amenaza va a ser simplemente imposible sostenerse solo sobre puntales jurídicos».
Acabaré con otras dos advertencias de Solzhenitsyn que, creo, convencerán al más escéptico sobre la pertinencia de volver a leer al gran escritor ruso:
«La defensa de los derechos del individuo ha llegado al extremo de que la propia sociedad se ha vuelto indefensa ante algunos individuos; y en Occidente, ha llegado el momento de salvaguardar, no tanto los derechos del hombre como sus obligaciones».
«Hay avisos sintomáticos que la historia envía a una sociedad amenazada o que está naufragando: por ejemplo, la decadencia de las artes o la ausencia de grandes hombres de Estado».
2 comentarios
El típico que huye del comunismo pero no para ser demócrata sino facha.
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