No tomarás la «palabra» de Dios en vano, porque darás cuenta de toda palabra ociosa
@copy; Patrick Tomasso en Unplash

No tomarás la «palabra» de Dios en vano, porque darás cuenta de toda palabra ociosa

«No tomarás el nombre del Señor, tu Dios, en vano, pues el Señor no dejará impune al que tome su nombre en vano.» (Ex 20, 7)

«Os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Por tus palabras, pues, serás justificado, y por tus palabras serás condenado.» (Mt 12, 36-37)

Hoy uno se cree que puede decir lo que quiera con ambigüedad y ambages fuera del Magisterio de la Iglesia, confundiéndose a sí mismo y a quien quiera escucharlo.

La verdad es que Jesucristo es la Palabra de Dios, el Verbo, el nombre, sobre todo nombre, ante el cual toda rodilla se doblara, en el Cielo y en el Infierno. Este nombre se nos ha comunicado, ha sido invocado sobre nosotros (Por eso no pretendamos, dice el Apóstol Santiago, ser todos maestros, pues si confundimos al discípulo tendremos un juicio más severo; cuanto más el que confunde amor con herejía, mansedumbre con hipocresía ¿Acaso mana de una fuente agua dulce y amarga por el mismo caño? Así también la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad; es ella, de entre nuestros miembros, la que contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, inflama el curso de nuestra vida desde el nacimiento. Una sabiduría así no desciende de lo alto, sino que es terrena, meramente natural, diabólica. St 3, 1-15)

No podemos, no se debe, ni nunca se permitió en la Iglesia, la tergiversación de la Palabra de Dios, unida intrínsecamente a su Santo Nombre, a su Ser, a su esencia, como nos presenta San Juan:

«En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por él, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron. Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos creyeran. No era él la luz, sino el que debía dar testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo se hizo por él, y el mundo no le conoció. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Pero a cuantos le recibieron les dio la potestad de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios. Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.» (Jn 1, 1-14)

Por tanto, me parece que tomar el nombre de Dios en vano, va más allá de usarlo para blasfemar; es tomar su nombre para acreditar la vanidad de los herejes, cizaña vacía que toma el nombre de Dios en vano. Porque no dicen que vacían de contenido la enseñanza de Jesús y de su Iglesia, de su magisterio, bajo su propia interpretación, o dicen esto me parece a mí, o puede ser, aunque nunca ha sido… no, se invisten de autoridad como elegidos por el Espíritu Santo, para banalizar el evangelio y la ley de Dios. Podría decirse que no les basta, siendo lobos rapaces, vestirse de corderos, sino que pretenden revestir a los corderos de lobos.

Así, la Iglesia es esa «mujer» que amasa tres medidas de harina hasta que todo fermenta (Lc 13,20), y que no usa la levadura de los fariseos (Mc 8, 14), de la cual debe guardarse; porque la levadura de la mentira ha dividido a la gente entre católicos y luteranos, etc. El fin del ecumenismo es que todos sean católicos, por eso la «mujer» que coge las tres medidas de «harina» es la Iglesia apostólica originaria, la que acoge la palabra de Jesús: «Él respondió: – Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios.» (Mt 4, 4). Y la acoge en su verdad como nueva y antigua, presentada en sus tres medidas en cada Eucaristía: AT, Salmo y NT; estas son las tres medidas de «harina» (la palabra de Dios).

Esta levadura crece y reconoce, por esa palabra viva y eficaz, a Jesucristo en el pan eucarístico, pues ya no es pan y vino, sino su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Así, la levadura de la fe, amasa todo lo dicho por Jesús (Jesús mismo- eucaristía) y nos une en comunión con Él, «en un mismo pensar y sentir… ¿Acaso está dividido Cristo?» (1Cor 1, 10-13)

Por tanto, no pongamos a la oveja (la fidelidad) el traje de lobo (herejía), porque hoy se cortan demasiados trajes, me parece a mí, indignos de cualquier sastrería; trajes a medida de sus dueños, ya sean con bordados o sencillos, porque no hace el hábito al monje, ni es humildad todo lo que reluce. Cuidado con cortar el trigo con la cizaña (Mt 13, 29-30), pues ni la cizaña se caracteriza por llevar roquete, ni todo saco lleva trigo.

 

3 comentarios

Maribelllllll
Si queremos saber donde esta la verdad sin confundirnos , debemos escuchar las razones de Dios que nos inspiran para que entendamos su verdad entre tantas ideas engañosas .
la maldad divide , miente,confunde, es egoista,convence y no quiere a Jesus, no ama a su projimo , por sus frutos los conocereis,
Dios no esta alli.
Pena de tanta confusion



27/11/23 7:47 PM
Vicente
Todos los bautizados en el Nombre de la Santísima Trinidad no somos católicos??????
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LF:
No, hay muchísimos cristianos bautizados que no son católicos sino protestantes y ortodoxos
27/11/23 9:46 PM
rocamador
Este mandamiento parece secundario al primero. Sin embargo, es muy relevante. Y va dirigido, ante todo, a quienes se han consagrado a Dios. Muchas veces se ha pensado en quienes pecan blasfemando. Peor quienes usan las potestades espirituales (clérigos: Papas, obispos sacerdotes, consagrados y religiosos) para lo que no es de Dios, y se valen de su poder, que no autoridad, para dañar a los que pertenecen a Dios y buscan a Dios.
2/12/23 5:49 PM

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