El camino sinodal y la tarea compartida de la nueva evangelización
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El camino sinodal y la tarea compartida de la nueva evangelización

«En todo momento hay que permanecer fieles a la herencia de fe recibida, pero ahora, más que nunca, vivimos en una época en la que nos jugamos la credibilidad de la Iglesia con la rectitud doctrinal, el testimonio coherente y el compromiso vital»

Desde que la Santa Sede informara que el 24 de abril 2021 el Papa había aprobado la organización de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, con el tema: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión», han sido muchas las voces que se han alzado, tanto para aplaudir y elogiar la iniciativa como para cuestionar su oportunidad, su planteamiento y el desarrollo del mismo. No sabríamos cuantificar en qué medida, pero, atendiendo a las publicaciones, podemos sostener que el camino sinodal ha generado entusiasmo en algunos, aunque también bastante indiferencia y polémica en otros.

Por encima de todo esto, como afirma el Papa Francisco, la sinodalidad no es algo ocasional sino estructural de la Iglesia y «si no se cultiva una praxis eclesial que exprese la sinodalidad de manera concreta a cada paso del camino y del obrar, promoviendo la implicación real de todos y cada uno, la comunión y la misión corren el peligro de quedarse como términos un poco abstractos».

Hay que acoger, por tanto, el Sínodo, y sobre todo el espíritu sinodal, como una oportunidad para revitalizar nuestra condición de bautizados, corresponsables de la tarea misionera y evangelizadora de la Iglesia.

El noble y firme propósito de querer caminar juntos puede presentar, no obstante en la práctica, una dificultad originada en predisposiciones incorrectas, procedimientos confusos y erróneos o pretensiones inadecuadas. El Espíritu Santo no puede generar división en la Iglesia, inspirando a cada uno procedimientos opuestos y contradictorios. Se trata de ir en la misma dirección. El Sínodo consiste, como afirma el Papa Francisco, en «caminar juntos y con toda la Iglesia bajo su luz». El mismo Pontífice lo expresa con toda nitidez cuando sostiene que hacer cambios y especialmente ‘remiendos’ que permitan poner en orden y en sintonía la vida de la Iglesia adaptándola a la lógica del mundo presente o la de un grupo particular sólo provocaría, con el tiempo, adormecer y domesticar el corazón de nuestro pueblo y disminuir y hasta acallar la fuerza vital y evangélica que el Espíritu quiere regalar.

Desde los orígenes, es el Espíritu Santo el que anima a la Iglesia y habita en medio de la comunidad de creyentes en Cristo. Ahora bien, la voluntad de Dios no puede identificarse sin más con el consenso de las mayorías, menos aún cuando este acuerdo responde a actitudes acomodadas o intereses ilegítimos, al no ser fruto de una profunda conversión personal y comunitaria. Sin pretenderlo podemos caer en la tentación de proponer que el Espíritu Santo nos escuche a nosotros y reclamar que se ajuste a nuestras demandas, en lugar de escuchar nosotros la voz del Espíritu Santo y aceptar lo que Él dispone.

Esto hace que sea imprescindible y necesaria una labor de discernimiento, y el discernimiento cristiano solo se puede realizar a partir de una renovación y de una transformación, que supone la génesis de una nueva mentalidad que no se acomoda a la sociedad en que vivimos, opuesta radicalmente al saber de Dios, y que se basa en el sometimiento de las personas a los bajos deseos, a los caprichos del instinto, que esclavizan al hombre y lo encierran en su propio egoísmo.

Por eso, más allá de las propuestas desatinadas que se han podido escuchar en los resúmenes de algunas Diócesis al concluir la fase diocesana del Sínodo, lo importante es considerar que tenemos ante nosotros una oportunidad extraordinaria para emprender de forma seria y definitiva la tarea de la nueva evangelización. Ante la descomposición de los valores morales y con ellos, en gran medida también, la desintegración de los principios sociales de convivencia y la destrucción del soporte humanizador de la cultura, corresponde a las personas e instituciones católicas, como ya hicieron tras la caída del imperio romano, conservar y mantener los cimientos cristianos de la civilización.

En todo momento hay que permanecer fieles a la herencia de fe recibida, pero ahora, más que nunca, vivimos en una época en la que nos jugamos la credibilidad de la Iglesia con la rectitud doctrinal, el testimonio coherente y el compromiso vital. Es precisamente la acción firme y decidida de la Iglesia, junto al fortalecimiento de su misión originaria, lo que urge recuperar plenamente para poder poner en marcha una nueva reevangelización de nuestro mundo.

Juan Antonio Moya Sánchez

 

10 comentarios

José Moyano Gozalez
El mejor REGALO que le podríamos dar a DIOS , es UNIFICAR todas las ramales del Cristianismo en un solo CAMINO, VERDAD Y VIDA HACIA EL SEÑOR .

UNIDOS TODOS JUNTOS HACIA EL SEÑOR , EL *CREADOR* ESTARÍA MÁS CONTENTO .
🤍💛🙏🙏🙏🙏
23/06/22 12:04 PM
Martinna
Como podemos ver al leer esto, en la Iglesia hay mucha gente sensata y con las ideas claras, no todos son según los medios anticatólicos dicen.
23/06/22 12:50 PM
Martinna
José Moyano Gozalez
El mejor REGALO que le podríamos dar a DIOS , es UNIFICAR todas las ramales del Cristianismo en un solo CAMINO, VERDAD Y VIDA HACIA EL SEÑOR .

La unidad no la damos nosotros a Dios ni nosotros la organizamos. Todo nos viene de El a nosotros y todo está de Su Mano. El problema es precisamente ese: que queremos hacer a nuestra manera la obra Dios.
Si queremos “colaborar” lo que nos corresponde hacer es estar a la escucha y abrir nuestra mente y corazón para hacer Su Voluntad y nos bendiga.
23/06/22 1:04 PM
Marian
Una oportunidad ....una invitación (el término deber suele angustiar...) no desaprovechable como Nuevo Pueblo de Dios. En lugar de "qué espero yo de mi Comunidad?", el Sínodo nos interpela a cada uno de nosotros..."y tú,qué esperas hacer en pro de tu Cumunidad".Fantástico,D.Juan Antonio.
23/06/22 6:03 PM
Roque
Considero que el Sínodo está siendo manipulado en muchas iglesias particulares y parroquias por ideólogos comunistas, manifiestamente expresado en ideas como: género, sacerdocio femenino, matrimonio homosexual, indigenismo, aborto, eutanasia, entre otros. La Iglesia debe mantenerse firme en la enseñanza de la Sana Doctrina: Fe y Costumbres. La fe no se negocia.
23/06/22 6:33 PM
Pepita
La unificación de todas iglesias cristianas,sin excepcion,es el gran sueño del pueblo de Dios. Pero unificar supone ceder todos algo.Enfocar las cosas de distinta forma y ver hasta dónde se puede llegar, manteniéndose firme en lo esencial.
Es un gran reto está unificación,pero con la ayuda de Dios hay que trabajar para conseguirlo.
23/06/22 10:20 PM
Angeles Wernicke
Padre Juan Antonio Moya, què gusto leerlo aquì! Ayer pude verlo y oìrlo en La Sacristìa de la Vendèe, y me pareciò oìr de usted lo que hubiera dicho cualquiera de los grandes misioneros catòlicos de antaño, los que no contemplaban ideologìas ni modas y se concentraban en la misiòn encomendada por Nuestro Señor a Sus apòstoles: ´`Id y predicad...´` Dios lo bendiga !
24/06/22 6:57 PM
hornero (Argentina)
“lo importante es considerar que tenemos ante nosotros una oportunidad extraordinaria para emprender de forma seria y definitiva la tarea de la nueva evangelización. Ante la descomposición de los valores morales y con ellos, en gran medida también, la desintegración de los principios sociales de convivencia y la destrucción del soporte humanizador de la cultura, corresponde a las personas e instituciones católicas, como ya hicieron tras la caída del imperio romano, conservar y mantener los cimientos cristianos de la civilización”.

Sí, es así, Padre. La nueva evangelización es una cuestión a resolver, requiere una respuesta no fácil, porque la crisis que vive la Iglesia la dificulta en extremo.

¿Cómo disponer del número de evangelizadores necesarios para atender una demanda de ocho mil millones de hermanos? Porque es necesario abordar el problema en su magnitud real, sin conformismos que engañan. La ofensiva del mundo anticristiano es enorme, ello requiere una respuesta de envergadura, porque la Iglesia ha dado sobradas pruebas desde hace tres siglos de no poder detenerla.

Por eso, Dios en su Misericordia, envía a Su Madre, que desde La Salette, Lourdes, Fátima y sus actuales manifestaciones y mensajes lleva adelante la Misión encomendada de evangelizar; Primera Evangelizadora, nos convoca a “trabajar por su causa”. María dispone de los medios que Cristo le otorga para cumplir su Misión.

Que la Iglesia no silencie la Misión de su Madre y Reina, que proclame el triu
24/06/22 11:40 PM
hornero (Argentina)
Que la Iglesia no silencie la Misión de su Madre y Reina, que proclame el triunfo del Corazón Inmaculado en el mundo anunciado por la Virgen en Fátima. Sólo así recibirá de Cristo las gracias que le den la sabiduría y aliento necesarios para la nueva evangelización.
25/06/22 10:24 PM
Pep
Hay palabras que se inventan con un propósito oscuro, que se les da un uso torticero, y que quedan ya manchadas.
Una de ellas es "sinodalidad", que no la habíamos oído en la vida y que va a quedar asociada a este lamentable pontificado.

Sinodalidad no es nada. Si es algo, es una palabra bonita para cosas feas. Es una voz amorosa hacia el rebaño, mientras se le pega bastonazos con el cayado.
30/06/22 8:35 AM

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