Raíces teológicas del antropocentrismo eclesial

Raíces teológicas del antropocentrismo eclesial

Benedicto XVI ha subrayado la importancia de la noción de naturaleza, de ley natural, y orden natural, con el objetivo de perfilar un auténtico humanismo, sensible a la cuestión de la verdad y del bien como realidades objetivas, que tienen su fundamento en Dios. Nada más lejano del moralismo jesuítico de cuño kantiano, que se afianzó como consecuencia del «giro antropológico», y que asoma en las propuestas culturales y sociales del antropocentrismo eclesial

En numerosos pasajes del Antiguo Testamento se encarece la dignidad del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios; esta referencia es su composición y fábrica, la hechura que lo define. No puedo ofrecer en este artículo un amplio desarrollo bíblico del tema; me limito a un solo ejemplo, el Salmo 8, que en una visión teocéntrica del mundo afirma que la grandeza o pequeñez de una criatura proceden de la relación que tenga con Dios. El mundo de los astros -que actualmente nosotros conocemos con una amplitud y profundidad que el salmista no hubiera podido sospechar- es grande porque fue creado a imagen de la inmensidad de Dios, de quien recibe la propiedad de imponer al hombre una respetuosa admiración. El ser humano -Adam- es grande en cuanto que Dios lo creó a imagen de su inteligencia, prerrogativa única en el universo: «Lo hiciste poco inferior a un dios (elohîm), lo coronaste de gloria (kabod) y esplendor (hadar); le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies» (Sal 8, 6 s.). La versión de los LXX lee: «Poco inferior a los ángeles» (brajý ti par' angélous); la Vulgata sigue esta lectura. Este poema ratifica el relato del Génesis: «Dios dijo: 'Hagamos al ser humano (adam) a nuestra imagen (selem), según nuestra semejanza (demut)' »; la traducción griega vierte, respectivamente, ánthrōposeikṓn, homóiosin (Gén 1, 26). El verso siguiente reza: «Y Dios creó al ser humano (adam) a su imagen (selem); lo creó a imagen de Dios, los creó varón (zajar) y mujer (nequebá)» (Gén 1, 27); según los LXX: ánthrōposeikṓn, ársen, thely.

En otro salmo aparece un contrapeso; la súplica incluye una advertencia razonable contra la desmesura: «Levántate, Señor, que los hombres ('enôsh) no se envanezcan (según el griego:que no se haga fuerte el ánthrōpos, que no prevalezca, que no triunfe), que aprendan que no son más que hombres ('enôsh)», Sal 9, 20-21.

La malicia del hombre pecador se multiplica en el Adam exiliado del Paraíso, a partir del fratricidio cometido por Caín; el Antiguo Testamento abunda sobre este argumento, y los escritos proféticos impugnan la ingratitud y la permanente rebeldía del pueblo de Dios. En los libros sapienciales se ofrece una ponderada reflexión sobre el argumento, según la cultura de cada época. Basten estas pocas referencias bíblicas.

Santo Tomás de Aquino recoge la rica tradición patrística. El hombre es un microcosmos; se lo llama minor mundus, porque en él se encuentran de algún modo todas las criaturas del orbe (I, q. 91, 1c.); le compete el dominio de las criaturas inferiores del mismo modo que él domina lo que encuentra en sí mismo (I, q. 96, 2c.). Estudiando la Encarnación del Verbo de Dios, el Doctor Angélico afirma que convenía que la causa universal de todo asumiera en la unidad de su persona divina aquella criatura que tiene una mayor comunicación con todas las demás criaturas. Como el hombre está constituido por la naturaleza espiritual y la corporal, resulta una especie de confín (confinium) por su cercanía, proximidad y vecindad entre ambas naturalezas (CG IV cap. 55, ad tertiam rationem). El destino de la criatura humana, su fin, lo exalta por sobre todo; respecto de algunas condiciones de vida es inferior a algunas criaturas, incluso puede asimilarse a las ínfimas. Sin embargo, según el orden del fin, nada hay superior a él, que está llamado a la felicidad, sino solo Dios, en quien consiste la perfecta felicidad del hombre (perfecta hominio beatitudo, CG IV cap. 54).

En 1974, el eximio filósofo Cornelio Fabro, restaurador de la metafísica tomista, publicó su libro L' aventura della teologia progressista, en el cual analiza ampliamente el abandono de la tradición bíblica y patrística acerca de la debida posición del hombre respecto de Dios; sobre la base de una secularización radical, y más concretamente por la asunción del principio del trascendental moderno se produjo el «giro antropológico» de la teología. El autor principal de la nueva postura fue Karl Rahner, el pensador jesuita que elaboró una hermenéutica inmanentista de Santo Tomás en varias publicaciones basadas en dos obras principales suyas: «Espíritu en el mundo» (Geist in Welt, 1939), y «Oyente de la Palabra» (Hörer des Wortes, 1941). Fabro describe exactamente la torcedura en que consiste la operación rahneriana (die anthropologisce Wende): reemplazar la «antropología teológica» de la teología tradicional -fundada sobre la trascendencia metafísica de Dios, y sobre la realidad sobrenatural de la redención en Cristo- por la «teología antropocéntrica», fundada sobre el principio moderno de inmanencia. Habría que superar lo que los autores progresistas llamaban el objetivismo teológico tradicional, porque este no diría nada al hombre contemporáneo. Así se propone una nueva gnosis, en la que el misterio de Dios queda reducido al significado que tiene para el hombre mediante una hermenéutica existencial.

Entre 1965 y 1983 el Padre Pedro Arrupe y Gondra fue Prepósito General de la Compañía de Jesús; en ese período el pensamiento de Rahner se convirtió de hecho en una especie de doctrina oficial de la Compañía, afectando seriamente la formación de esas generaciones, precisamente cuando numerosos jesuitas abandonaron el ministerio. Además, la doctrina rahneriana fue seguida por otros teólogos, que enseñaban en seminarios y facultades de Teología; el daño acompañaba las arbitrariedades que se cometían en nombre del «espíritu del Concilio», contrariando el magisterio de Pablo VI.

Fabro los caracteriza: «Los nuevos teólogos se sintieron autorizados a presentarse como los únicos intérpretes y árbitros de la fe, y los hermeneutas intocables de la Palabra de Dios. Más todavía, no solo se comportaron con escritos y con hechos como si el magisterio no existiese, sino que no hesitaron -Rahner a la cabeza- en discutir abiertamente los actos formales: por ejemplo, el Syllabus, de Pío IX, la Pascendi, de Pío X, la Humani generis, de Pío XII, la Humanae vitae y el Credo de Pablo VI, exigiendo de este último la retractación...».

Podemos añadir que se asumió la hybris de la cultura moderna, y su orientación inmanentista; la hermenéutica existencial reduce a Dios al verificarse de un encuentro que nos transforma, otorgando una importancia desmesurada a las condiciones de apropiación a través de las cuales el sujeto se apropia de la realidad de Dios. Según la herencia kantiana, se tiende a reducir a Dios al postulado de la acción moral; la teología progresista encuentra plena realización en la «teología de la liberación», y en la «teología del pueblo», ambas con proyecciones sociales y políticas; en estas expresiones el antropocentrismo es evidente. En mi opinión, se verifica en este caso una alteración doctrinal, no un mero aggiornamento de la presentación de las verdades. En Gaudium et spes 62 el Concilio distinguía entre el «depósito» de las verdades católicas, y el modo en que se las enuncia, manteniendo siempre el mismo sentido profundo, su significado; proponía actualizar el modo de exponer esas verdades, tomando en cuenta los hallazgos de las ciencias profanas, en primer lugar la psicología y la sociología. San Vicente de Lerins lo manifestó cabalmente en el siglo V: «Cum dicas nove, nos dicas nova»; decir de un modo nuevo, no decir cosas nuevas.

Fabro observa que el Concilio, sobre todo en la Constitución Lumen gentium, según la regla de aquel monje galo-romano, opta por un tradicionalismo eclesial dinámico, más allá de un estatismo o fijismo racionalista, y del historicismo romántico. Después del Concilio algunos autores hablaron de una «revolución copernicana» en el campo de la teología, y causa inquietud que en la actualidad se continúe afirmando que el Vaticano II fue «en cierto modo una revolución», sin advertir que se ha ido verificando en la cultura eclesial, por influjo de la cultura secular inspirada en la filosofía moderna, un vaciamiento de los dos pilares que son la trascendencia de Dios, y el carácter sobrenatural de la fe y de los misterios del cristianismo.

El Concilio de los Papas Juan y Pablo en sus documentos está en plena continuidad con la tradición. En la Constitución Gaudium et spes la antropología atiende debidamente a la situación histórico-existencial del hombre, y la ilumina con una inspiración eminentemente bíblica. Es, según indica Fabro, «antropología teológica» fundada en la Revelación, no «teología antropológica», que disuelve la Palabra de Dios mediante el discurso de las ciencias humanas. El hombre, creado a imagen de Dios, domina a todas las criaturas y ha de servirse de ellas para gloria de Dios; el pecado original inicia la dialéctica de la historia como lucha entre el bien y el mal; Cristo Redentor asume al hombre en su misericordia, y lo encamina a la vida futura; ya desde ahora, mediante la fe, puede contemplar y gustar el misterio divino; se afirma la existencia de la ley moral, escrita por Dios en el corazón del hombre; la gracia divina le hace posible superar la herida del pecado, que menoscaba su libertad; la realidad insoslayable de la muerte es transfigurada por la esperanza de la resurrección. Nada hay en esta exposición que autorice el giro antropológico rahneriano.

En su largo pontificado, Juan Pablo II ha ofrecido a la Iglesia y a la cultura contemporánea un amplísimo magisterio sobre todos los aspectos de la realidad humana, una antropología teológica con base en la tradición de la filosofía cristiana, enriquecida con el aporte filosófico moderno en consonancia con aquella. En la encíclica Dives in misericordia (§1, in fine) expresa la necesidad de articular, de manera orgánica y profunda, antropocentrismo y teocentrismo, lo que encontrábamos en las referencias al Salmo 8. Benedicto XVI ha subrayado la importancia de la noción de naturaleza, de ley natural, y orden natural, con el objetivo de perfilar un auténtico humanismo, sensible a la cuestión de la verdad y del bien como realidades objetivas, que tienen su fundamento en Dios. Nada más lejano del moralismo jesuítico de cuño kantiano, que se afianzó como consecuencia del «giro antropológico», y que asoma en las propuestas culturales y sociales del antropocentrismo eclesial: Dios y la religión encerradas en el ámbito de la «razón práctica». Además, como he podido comprobarlo personalmente, ese moralismo es, con frecuencia, relativista. La cuestión de la pobreza y la crítica de sus causas ocupa la máxima atención; se descuida el conjunto de los mandamientos de la Ley de Dios, y el Sexto no aparece en la predicación ordinaria, porque ya no se advierte su incidencia social, y su valor en la tutela de la familia, como Juan Pablo II lo formuló en catequesis que no habría que olvidar, puesto que conservan una permanente actualidad. Peor todavía: se descuida el anuncio explícito de Jesucristo, y de los misterios de la fe y la necesidad del culto de Dios.

La Iglesia se ocupa del cambio climático, la deforestación, el peligro de la proliferación de las armas nucleares, la violación de los derechos humanos y las injusticias sociales, el tráfico de personas y la situación de la mujer, temas sin duda ineludibles de nuestra Doctrina Social. Pero ¿qué lugar le destinamos al clarísimo mandato del Señor registrado en el final de los Evangelios de Mateo y de Marcos, que señala otras prioridades, cada vez más urgentes en un mundo que ha desplazado a Dios? Las palabras de envío pronunciadas por Jesús dirigen la misión de los Apóstoles a todos los pueblos -pánta tà éthne, Mt 28, 19- para hacerlos discípulos, cristianos, bautizarlos y enseñarles a cumplir los mandatos que Él ha establecido. Son enviados a todo el universo -eis tòn kósmon hápanta, Mc 16, 15- para anunciar el Evangelio a toda la creación -páse tà ktísei, ib-. Con la previsión del posible resultado: «El que crea y se bautice, se salvará; el que no crea se condenará» (Mc 16, 16, versículo que suele ser omitido cuando se cita el pasaje). El caso es serio, es der Ernstfall, al que se refería Hans Urs von Balthasar en su libro «Córdula o el caso auténtico». Ciertamente, el tenor del envío no fue: «Todos los hombres son cristianos anónimos -Rahner dixit-, ustedes háganles mejor, más feliz, la vida en este mundo».

+ Héctor Aguer, arzobispo emérito de La Plata

Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Académico Correspondiente de la Academia de Ciencias y Artes de San Isidro. Académico Honorario de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino (Roma).

 Lunes 23 de noviembre de 2020.
San Clemente I, Papa y Mártir.

16 comentarios

Pedro de México
Dice Mons. Héctor Aguer que "se descuida el anuncio explícito de Jesucristo, y de los misterios de la fe y la necesidad del culto de Dios".
Esta denuncia del Arzobispo emérito de la Plata, me motiva como laico, a intentar dar buen testimonio como padre y abuelo católico, y a intensificar la oración por toda la Iglesia, de manera especial por la jerarquía. Que la Virgen María me ayude en este propósito.
24/11/20 11:26 AM
Roberto
Gracias, muy claro y directo. Los que fuimos educados por los jesuitas, damos testimonio de que lo que dice es verdad.
24/11/20 12:25 PM
carlos iavicoli
Mateo 11, 25 Dijo NSJesucristo Te alabo Padre y me alegro de que ocultaste estas verdades a los sabios y poderosos y las revelaste a los pequeños e ignorantes. Asi nadie podra jactarse en Tu presencia. Deberian recordar los teologos que no son dueños de nuestra Fe sino meros iluminadores de la Revelacion en favor del Magisterio y de la Tradicion.Ni es su mision ser creativos. El recordado ateo Mario Bunge decia en su libro La Ciencia su metodo y filosofia que el arte, el amor y la RELIGION estan fuera del metodo cientifico. Borges llamaba a la teologia como saberes puramente conjeturales, subjetivos, modas pasajeras. Digo yo ideologias. Benedicto XVI contundente califico a dichas teologias como NO Catolicas.
24/11/20 1:06 PM
carlos iavicoli
Addenda a mi escrito anterior. En verdad ante el Divino Maestro yo califico como pequeño e ignorante. Asi solo El es Grande. Y creo solo en SU PALABRA.El prometio el Reino de los Cielos a los que son como los niños. ante la grandeza de Dios. Debo aceptar solo la teologia que ilumina la Revelacion y ayuda a una mejor comprension y explicacion del Magisterio hacia nosotros los fieles. Rechazo todas las teologias que, mediante artilugios intelectuales y subjetividades pretenden cambiar la Revelacion para adaptarla al espiritu del mundo siempre cambiante, hedonista, egoista, cientificista ,por decir lo menos, cuando no abiertamente antropoteista y furiosamente Anticristiano, por decir lo mas.
24/11/20 1:49 PM
gustavo perez
Por fin un pastor con arrestos, con pasrrhesía, como dice el Papa Francisco, ha puesto el dedo en la llaga y ha puesto al descubierto el "moralismo jesuítico de cuño kantiano, que se afianzó como consecuencia del «giro antropológico»", que hoy se advierte en la teología. Este giro antropológico explica el subjetivismo y relativismo en la Iglesia, denunciado por Benedicto XVI, y el subjetivismo de la conciencia individual que repudia toda ley objetiva para erigir en referente únicamente la conciencia individual en orden al discernimiento bueno o malo de todo comportamiento.
24/11/20 8:35 PM
valle
Excelente artículo y muy esclarecedor. Volvamos a
Dios en nuestra vida, en nuestra sociedad y en nuestras naciones. Gracias Mn. Ager!
24/11/20 10:49 PM
Jesse
¡Gracias! ¡Un verdadero sucesor de los Apóstoles!
25/11/20 4:57 AM
Jk
El jesuita Rahner con sus ideas ha sido lo mas nefasto, el contribuyo a destrozar a la otrora ortodoxa y evangelizadora Compañía de Jesús no digamos a la crisis postconcilar de la iglesia.
25/11/20 2:56 PM
Liliana
Tantas palabras para hecer ver tanta decidía y desde hace mucho tiempo.
¿Porque tanta opulencia del hombre por el hombre mismo, olvidándose de la omnipotencia de Dios?
Si la iglesia cayó en esta tentación, ¿porque no se ha denunciado y se ha exhortado a pedir perdón?
Quien se hace cargo hoy de tanto error?
Disculpe si son atrevidas mis preguntas. Gracias
25/11/20 4:54 PM
carlos saez Argentina
Después de leer y considerar este prodigioso articulo Me revuelco en la pregunta ¿ que compromiso tengo yo con Cristo, soy Cristiano de 24 hs comprometido y arrodillado en el credo? En vez de mirar y considerar las criticas a nuestra amada Iglesia, á los libros y á sus autores inmediatos, miro al autor supremo que los inspira, por no decir que los engendra, y que después de la transmutación que la materia creada sufre en nuestras manos, vuelve á recogerla en las suyas para juzgarla; al autor inicial La inmensa labor de los siglos que fueron, ya sentenciada por el tiempo y la opinión humana; la labor de nuestros contemporáneos, más difícil de sentenciar en el viciado ambiente de esta atmósfera de disputas que respiramos, sobrecogen igualmente el ánimo. La falta de unidades es tal, que hasta en la vida política, constituida por naturaleza en agrupaciones disciplinadas, se determina claramente la disolución de aquellas grandes familias formadas por el entusiasmo de la acción constituyente, , por principios más ó menos deslumbradores. Para que todo falte, debiera desaparecer también el fanatismo, que ligaba en estrecho haz enormes masas de personas. Madre no nos Abandones en este Adviento tan especial, en el deseo de contemplar a Dios en San Anselmo ( lectura del próximo viernes). Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo,…

25/11/20 11:50 PM
alejandra
Unos hombres dicen que esto que pasa hoy no es lo que Dios quiere, según lo que ellos entienden del mensaje que reciben, según creen, de Dios;
Otros hombres podrían interpretar también que nada pasa sin que Dios asi lo quiera, por lo que todo lo que está pasando hoy, puede que sea porque Dios así lo quiere y lo entienden.

Cómo sabemos los que quiere Dios?

Si hubiéramos, por algún motivo, estado equivocados en algunos puntos... cómo nos lo haría saber Dios? Cómo tomaríamos dichas observaciones?

Quién habla por Dios?
26/11/20 3:24 PM
angeles wernicke
Gracias, Monseñor Aguer, usted siempre nos muestra la verdad catòlica... Gracias a San Juan Pablo II y a la Iglesia por el Catecismo de la Iglesia Catòlica por estar al alcance de nuestras manos para consultar nuestras dudas... faro infalible.
26/11/20 10:01 PM
tarcis
Me gusto mucho su exposicion Padre.

Primero, el citar las fuentes de la Sagrada Escritura para intentar comprender nuestra naturaleza pienso que es con ello suficiente para abrirnos a una relacion con Dios y a nuestros semejantes y a la huella de Dios que es Su Creacion.
Con esa revelacion se puede llegar a la santidad..pienso

Sin embargo con todos la confusion moral que nos llega por parte del mundo secular aparentemente cristiano ayuda profundizar en el rico Magisterio de Dan Juan Pablo .

Es una aventura para quienes nacimos durante el CVII. reconocer que ese Capitan del Barco nos condujo diestramente en medio de terribles tormentas y su segundo de abordo el Cardenal Ratzinger. interpretando las Declaraciones del CVII a la luz de la Biblia y esto evidentemente era fruto del Espiritu Santo.

No sospechaba la desercion y desobediencia de una gran mayoria del clero y de profesores y teoligos por lo que cuenta en la Veritatis Splendor.


El Espiritu Santo se lucio con estos 2 Pontifices describiendonos como que fuimos elevados en dignidad con la encarnacion del Hijo y todo lo que recogieron tantas enciclicas. Como la evangelium vitae sobre Cain y Abel. Redemptoris Homini..Mullieris Dignitatis..Familiaris Consortio

La teologia del cuerpo!...avanzando a la mirada limpia y a un cuerpo esponsal y una feminidad o masculinidad que impregna el alma.

Benedicto habla ahora del HUMANUM...y va a un concepto llamado relacionalidad..y esto es la esencia de l
26/11/20 11:36 PM
Benito Salvia
Estimado Monseñor: discrepo con usted sobre la continuidad doctrinal en los documentos del último Concilio. Lo remito a hojear el libro de Brunero Gherardini y los avatares históricos de Roberto de Mattei, libro, por demás, que recibió un galardón por parte del estado italiano.
Entiendo que gente de su edad todavía les cueste aceptar una ruptura pero la ruptura se da en los mismos documentos. Es una verdadera caja de Pandora. Igualmente soy adicto a leer sus escritos especialmente sobre los aspectos de la modernidad profana.
27/11/20 9:50 AM
tarcis
Benito..

Juan Pablo no solo ve contunuidad respecto a la vision del hombre en el Concilio sino que da un salto porque nuestra dignidad ya no es solo en virtud de la imagen y semejanza a Dios sino que por su encarnacion fuimos elevados con El todo el genero humano..

Pero si ve Juan Pablo II una carencia la falta de profundizacion de la Redencion de Cristo..porque casi siempre se absorve en la Pascua..por eso San Juan Pablo decide escribir la Encicica Redemptoris Hominis.piensa que esa carencia era por la vision oriental de los cristianos que va al triunfo de la resurreccion..


Para nuestra dignidad la Cruz tiene un lugar importantisino que explica nuestra naturaleza y lo explica en su Libro Memoria e Identidad.
27/11/20 3:42 PM
Dr.Gabriel Galán Imola-Profesor egresado del I.P.A. y Abogad
muy buen articulo !!!!!!y es lo que debemos hacer .:no descuidar lo que anuncio JESUS.
30/11/20 12:12 PM

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