La comunión en tiempos de pandemia. ¿Y después?

La comunión en tiempos de pandemia. ¿Y después?

Me parece innecesario, y peligroso mirando al futuro, que se decrete a causa de la pandemia que se ha de comulgar en la mano -y, por consiguiente, de pie- ¿A quién se desea conformar con una medida semejante?

El Estado argentino, ejerciendo su genética inclinación al autoritarismo, se atribuye el deber y la facultad de cuidarnos a todos del contagio de la nueva plaga. Ha determinado, entonces, que el culto de Dios y la recepción de los sacramentos no son «actividades esenciales». Permite alguna apertura de los templos, según su apreciación de la situación sanitaria, pero con prohibición de las celebraciones litúrgicas.

Lo peor es que se haya aceptado mansamente esta pretensión totalitaria. Es verdad que, gracias a Dios, algunos sacerdotes hacen uso del sentido común y de la libertad cristiana, con beneplácito de los fieles que se acercan. Los políticos han fingido ignorar el formidable «banderazo» protagonizado por multitudes en todo el país que el 20 de Junio, «Día de la Bandera», enarbolaron la enseña patria y proclamaron su hartazgo con la cuarentena que ya es «noventena», y continuará vete a saber hasta cuándo. Nuestro Himno Nacional canta «Libertad, libertad, libertad», pero los derechos y garantías que asegura nuestra Constitución tienen dudosa vigencia en lo que fue la República Argentina, y ahora se llama «Argentina Presidencia». Nos gobiernan los DNU, «decretos de necesidad y urgencia» del Poder Ejecutivo.

En ese contexto, algunos pastores de la Iglesia han determinado que se debe recibir la Sagrada Comunión en la mano; esto donde los fieles soliciten el sacramento, y los sacerdotes estén dispuestos a cumplir con su elemental obligación pastoral. La cautela parecería razonable, aunque se ha difundido también otra opinión, según la cual habría tanto o más riesgo de contagio comulgando en la mano que en la boca. Por algo se invita hasta el cansancio a lavarnos las manos frecuentemente. Se me ocurre que, en realidad, quizá podría hacerse lo uno o lo otro con igual cuidado y sin peligro. No tengo competencia para dilucidar este asunto, y además mi intención en esta nota se dirige al después, y a recordar cuál es la disciplina vigente en la Iglesia, y el consiguiente derecho de los católicos. Vayamos al grano.

Según la disciplina eclesial se puede recibir la comunión de pie o de rodillas, en la mano o en la boca. Sin embargo, no se puede negar una tendencia, impuesta de hecho, a comulgar de pie. Lo correcto sería disponer un reclinatorio, de manera que quienes desearan conservar la forma tradicional de arrodillarse pudieran hacerlo, dirigiéndose hacia ese lugar en una fila propia. Muchos sacerdotes -lo he comprobado- se resisten a ofrecer esta solución; de ese modo se obliga prácticamente a comulgar de pie, y esta postura entonces se generaliza como si fuera la costumbre debida, la única que corresponde. No tengo nada esencialmente decisivo contra ella, pero sí me parece necesario advertir que quienes la practican no deberían omitir un gesto de reverencia o adoración. San Agustín enseñaba que «no se puede comer este Pan sin antes adorarlo»; sería simplemente la exteriorización, en el orden litúrgico de los signos, de la fe en la presencia sustancial del Señor bajo las especies eucarísticas.

La comunión en la mano, independientemente de la antigüedad del gesto, es una forma que se ha adoptado y difundido en las últimas décadas, después de siglos de vigencia de la praxis oficial en el rito latino, que era comulgar en la boca. Recuerdo haber oído hace tiempo un argumento ridículo en favor de la nueva postura: son los bebés quienes reciben el alimento en la boca; los adultos los tomamos con las manos. Pero se podría emplear otra comparación como contraargumento: tomar con la mano, tener en la mano, indica la posesión de quien se hace dueño de algo, y no podemos decir que es esa la relación de un católico con el Cuerpo del Señor, que se recibe como un don inmerecido. En mi opinión, habría que tener en cuenta otras cautelas.

Muchas veces me ha ocurrido, distribuyendo la comunión en una catedral colmada, tener que detener a alguien que se llevaba la hostia consagrada. No debo pensar mal, pero siempre puede haber algún «colado», que no sabe de qué se trata; y no se ha de excluir que haya quien la busca para fines «non sanctos». Es preciso, entonces, que el comulgante la consuma ante el ministro. Asimismo, corresponde advertir que es necesario observar si no queda en la mano una pequeña partícula; no sería una miguita de pan cualquiera; el Cuerpo del Señor está presente tanto en la hostia consagrada entera como en cada uno de sus fragmentos. Tengo la impresión de que se ha impuesto un cierto descuido, y una cierta precipitación en el acceso a la comunión eucarística. Habría que recordar la primera condición que se nos inculcaba de niños: «estar en gracia de Dios». Las otras condiciones eran el ayuno, actualmente ya no desde la medianoche anterior sino de una hora -pero que no habría que descuidar, como respeto elemental- y, como se decía: «saber lo que se va a recibir, y acercarse a comulgar con devoción». Esta última condición se refiere a la fe y a la conciencia de lo que se está haciendo; toda la vida del cristiano se expresa en ese gesto de la comunión. Las observaciones precedentes van dirigidas a que los fieles puedan obtener el máximo fruto espiritual de la comunión eucarística.

Comentando el Evangelio de San Juan, Santo Tomás de Aquino escribió que «este sacramento no es otra cosa que la aplicación a nosotros de la pasión del Señor, y por tanto todo lo que es efecto de la pasión del Señor es efecto de este sacramento». También advertía contra la posibilidad de una cierta ficción o simulación en el corazón de quien se acerca a comulgar, «cuando no responde el interior a lo que se expresa en el signo exterior... el que no tiene en el corazón el deseo de la unión con Cristo, y no procura remover todo impedimento, cae en la ficción. Entonces Cristo no está en él, ni él en Cristo». Estas palabras severas ilustran la necesidad de una recta preparación para excluir toda ligereza y asegurar la continuidad y armonía entre la fe y el amor interiores y los gestos exteriores de quien recibe el Cuerpo del Señor.

En el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1328-1332) se enumeran y explican los nombres con que se designa el sacramento: Eucaristía, Banquete del Señor, Fracción del pan, Asamblea eucarística, Memorial (de la pasión y resurrección de Cristo), Santo Sacrificio, Santa y divina liturgia, Comunión, Santa Misa. La dimensión sacrificial de la Eucaristía es inculcada repetidamente en el Catecismo: «es un sacrificio porque representa (= hace presente) el sacrificio de la cruz, porque es su memorial y aplica su fruto» (1366). La comunión nos une en banquete fraterno porque es la participación común del sacrificio de nuestra redención; así se constituye la unidad católica de la Iglesia, y los comulgantes, al recibir el agápē de Dios nos hacemos hermanos en Cristo.

El descuido que he señalado se verifica en el contexto de las numerosas arbitrariedades registradas en las últimas décadas, y de los errores teológicos -verdaderas herejías- que dieron lugar a las intervenciones magisteriales de Pablo VI y Juan Pablo II. Apunto asimismo ciertas resistencias a remarcar la autenticidad del sacramento del sacrificio del Señor. Por ejemplo: a que en la mesa del altar haya un crucifijo, como lo ha indicado Benedicto XVI, o a que la parte sacrificial del rito pueda celebrarse «ad orientem». Este punto es incomprendido, y por eso criticado con ignorancia y prejuicio. No se trata de «dar la espalda a los fieles», o de celebrar «de espaldas», sino de expresar auténtica y correctamente el sentido de la celebración. Después de haber compartido en la primera parte la Palabra de Dios, el celebrante se pone al frente de los fieles para dirigirse con ellos hacia el Señor, el Oriente, el Sol naciente -Anatolḗ ex hýpsous, Lc 1, 78- . El gesto de «volverse hacia el Señor» es el que corresponde a la ofrenda del santo sacrificio. Joseph Ratzinger lo explica cumplidamente: «En la Liturgia de la Palabra se trata, efectivamente, de un dirigir la palabra y de un responder a ella, y por tanto es sensato que el que anuncia y los que escuchan estén el uno frente a los otros, los cuales en el salmo meditan lo que han escuchado, lo acogen en sí mismos y lo transforman en oración, haciendo de ello una respuesta. En cambio, es esencial la común orientación 'hacia el este' durante la plegaria eucarística... No es importante mirar al sacerdote, sino mirar juntos al Señor. En este caso no se trata de un diálogo, sino de una adoración común, de ponerse interiormente en camino hacia Aquel que viene». Me he permitido esta digresión porque el progresismo, en su afán de cambiarlo todo, arruina los criterios y sentimientos de los fieles imponiendo una cultura antilitúrgica. En intervenciones anteriores me he referido, con pena, a disparates protagonizados por sacerdotes y por algunos obispos.

El asunto de la comunión y de las actitudes interiores y exteriores que corresponden, no puede separarse de la cuestión más amplia de la adoración de la presencia sustancial del Señor. Al respecto, Juan Pablo II escribió: «Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración». A causa de una equívoca visión del diálogo con el mundo, la Iglesia se ha mundanizado, y copia el antropocentrismo de la cultura secular. La primacía de Dios y la valoración de lo que se refiere a Él quedan desplazadas, para daño del mundo y de la misma Iglesia.

He procurado resumir en estas líneas lo que considero importante destacar en la circunstancia singular que estamos viviendo, sobre todo con vistas al «después». Habría que preguntarse si las verdades señaladas brillan con claridad en la inteligencia y el corazón de los católicos. La predicación ordinaria debería abordarlas, y tendrían que ocupar un lugar destacado en la catequesis de niños y adolescentes.

Volviendo al comienzo, y con el máximo respeto por la opinión contraria, me parece innecesario, y peligroso mirando al futuro, que se decrete a causa de la pandemia que se ha de comulgar en la mano -y, por consiguiente, de pie- ¿A quién se desea conformar con una medida semejante? ¿A la autoridad sanitaria, cuyos criterios se asumen? ¿No se corre el riesgo de que los fieles perciban ese mandato como una imposición excesiva? À quoi bon?, dice el francés.

+ Mons. Héctor Aguer, Arzobispo emérito de La Plata

 

33 comentarios

José Luis (OFS)
Eso enfurece a nuestro enemigo el diablo, cuando hay cristianos que con todo fervor y devoción se arrodillan para recibir a Jesús en la boca. La Iglesia Católica siempre ha defendido y sigue defendiendo los intereses de Jesús, es en defensa de nuestra fe y amor a Dios. La Iglesia no consiente nuestros caprichos, nuestras impiedades, porque ofenden en primer lugar a Dios y luego somos nosotros los perjudicados, que, por causa de esa pérdida de la fe, ya "todo vale", pero no a los ojos de Dios. Lo que a nosotros nos pudiera parecer bien, no puede serlo nunca a los ojos de Dios y de la verdadera piedad.



Queremos ser contados entre las almas bienaventuradas, por eso, que importante es arrodillarnos ante Jesús Sacramentado, no estamos cometiendo pecado ni queremos cometerlo.

No le molesta al maligno, que el comulgante lo reciba según su propia medida. Pero el mundo entero no tiene fe, por eso, prefiere hacerlo a su modo.

Nosotros cuidemos de nuestra fe, respeto, reverencia al Señor.
30/06/20 12:55 PM
pacomio
Brillante. Esclarecedor.
Una pena que no haya sido promovido a Cardenal.
30/06/20 2:16 PM
Saulo
Dolor, de ver las mascarillas y las manos , y no ver , que es Jesucristo En la comunión, la falta de confianza, la cobardía, el servilismo, al mundo. Oran con los labios , no con el corazón.
30/06/20 3:36 PM
Mariela
Excelente sus palabras y esclarecedoras para los que tienen ignorancia en nuestra fe católica y recordatorias para otros que parecen haber olvidado a quién se va recibir y con la reverencia que debemos recibir tan inmerecido Banquete Celestial!Muchas Gracias Monseñor.
30/06/20 3:37 PM
JUAN
En Argentina no tienen otra que hacer alguno de sus mandatarios, que, en vez de haya trabajo, asistencia social, y pensiones dignas, se dedican - porque se les acabo los dictados de sus ideologías - a ordenar lo que hacer con nuestra alma. No nos manipulen, ni traten de ser tan bondadosos con lo que no les cuesta ningún esfuerzo. ¡¡¡Que cara ¡¡¡.
30/06/20 3:45 PM
Augusto del Río
Es una lástima que este buen artículo de monseñor Aguer esté empañado por el uso de la dudosa y nunca clara “Teoría del Misterio Pascual” de Odo Cassel y que asumió el Catecismo de la Iglesia Católica en varios de sus artículos sobre el Santo Sacrificio de la Misa. Hubiera sido mucho más potente y claro usar la expresión (que también está en el Catecismo, N°1330, 1362) “actualización” del único sacrificio de Cristo en el Calvario, ya que el término “representa”, es un término que el fiel de a pie puede asimilar a cierta representación memorística cuasiteatral. De hecho también se desliza una causalidad invertida al decir que “representa el sacrificio de la Cruz PORQUE es su memorial”. No es así, es al revés, la misa es ANTE TODO un sacrificio ritual propio y POR ESO es memorial. Si hay un sacrificio verdadero, y no simplemente el signo de un sacrificio, no es por la objetividad del memorial, sino porque la transubstanciación hace que estén realmente presentes el cuerpo y la sangre de la divina Víctima. Este error está patente en el N°1365 cuando se afirma: “Por ser memorial de la Pascua de Cristo, la eucaristía es también un sacrificio”. Al revés, por ser DE HECHO un sacrificio, entonces es memorial. Es obvio que en defensa de monseñor Aguer, no se puede pretender hacer un tratado de la Santa Misa en un artículo apologético que, sin duda, le agradecemos. Pero quizás, sería más fácil en aras de la claridad volver a ciertas definiciones casi catequísticas para que no haya ningu
30/06/20 3:58 PM
Florencia Mendez Tronge
Muchísimas Gracias, Monseñor Aguer! Siempre tan claro.
30/06/20 4:25 PM
Augusto del Río
(Disculpen, se cortó por exceso de caracteres). …casi catequísticas para que no haya ninguna duda: “La Santa Misa es el sacrificio del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, ofrecido en los altares bajo las especies de pan y vino, en memoria y como renovación del sacrificio de la Cruz. En la Santa Misa se actualiza de modo real e incruento el Sacrificio cruento del Calvario. También sería bueno que se volviera a expresiones mucho más precisas y claras de la encíclica Mediator Dei de Pío XII.
30/06/20 4:32 PM
Héctor León
Toda una catequesis alrededor de la Eucaristía. Gracias Mons. Héctor por recordarnos a los fieles cristianos católicos, el verdadero sentido, respeto y piedad que debe vivirse al respecto.
30/06/20 4:36 PM
Carlos
San Juan Bosco en uno de sus sueños veía los ataques que tenía la iglesia católica y solo dos puntales la salvaban de la derrota, la Virgen María y la Eucaristía. El diablo conoce muy bien la presencia de Cristo en la eucaristía y ahí vienen todos sus ataques.
30/06/20 6:03 PM
luismi
La forma en como se comulga es una cuestión fundamental, me di cuenta de esto en mi parroquia pues durante años el párroco, que siempre vestía con sotana, tenía puesto el reclinatorio para que la gente comulgase de rodillas y en la boca. Oye, cambiar de párroco por uno que siempre le he visto vestido de seglar, y lo primero que hizo fue quitar el reclinatorio. Curioso
30/06/20 6:42 PM
maru
Muy bien, mons. Aguer! Que el Señor lo.bendiga!!!
30/06/20 6:58 PM
Frank Sinatra
Es sin dudas lamentable esta "normalización" de una práctica indebida. La circunstancia de Pandemia les ha dado pretexto para imponer algo que ya lo habilitaron en Argentina hace tiempo SIN QUE FUERA PRACTICA HABITUAL. Nos enteramos por los mismos sacerdotes como una "nueva" y optativa forma de comulgar. Mas lamentable aún ver que la gran mayoría de religiosas comulga de esta forma (desde antes de las "nuevas normalidades") como instando a seguir su ejemplo.
30/06/20 7:55 PM
Daniel Cortez Alaña.
¡No estoy de acuerdo con la Comunión en la mano!; recuerdo que en mi Patria -Venezuela- se generalizó a partir del año 1993 y que había un Sacerdote Jesuita -Párroco del Templo donde asistía- que decía que "ojalá todos comulgaran con la mano".
30/06/20 8:03 PM
Cristian Iglesias
Vean el Video:

Mons. Aguer - Sobre el Modo de Recibir la Sagrada Comunión
youtu.be/Aonbef32iKc
30/06/20 8:35 PM
Gregory
En estos momentos es lo más acertado hacerlo con la mano, conozco personas que no les gusta comulgar con la mano pero lo aceptan por la crisis originada por la Pandemia. Cuando todo pase volverán a recibirla en la boca.
30/06/20 8:52 PM
Raquel (de Argentina)
Excelente Mons. Aguer, como siempre. Recuerdo cuando era niña que me enseñaron que las manos del sacerdote eran consagradas y que era el unico que podia tocar la hostia, cuerpo de Cristo, e inclusive creo recordar que no separaban los dedos indice y pulgar despues de haber tocado a Jesus, aunque no estoy muy segura como era este rito, a mi edad me cuesta recordar toda la liturgia.
Con todo respeto Monseñor, quisiera agregar que me ha llamado mucho la atencion que los sacerdotes y tambien Obispos, porque estos ultimos han tomado intervencion en el tema de prohibir, y es que se acepte la presencia en el Templo y mas durante la Misa de señoritas vestidas inmodestamente, he llegado a presenciar no solo en los bancos sino ir a tomar la comunion, a niñas en shorts y musculosas. Falta de respeto total que no debe ser permitido. La culpa no es de ellas sino de los sacerdotes a cargo del Templo. Recuerdo que un sacerdote hace ya bastante tiempo puso carteles y no permitio entrar con vestimentas inapropiadas a las niñas, pero el Obispo lo contradijo y lo obligo a sacar los carteles, No recuerdo donde fue, creo en una provincia del norte argentino.
30/06/20 11:31 PM
Frans Verhelle
Acho que devemos ter outras preocupações agora do que este assunto..
30/06/20 11:52 PM
Silvio
Querido mons. Aguer, agradezco su mensaje y considero su catequesis como un tesoro, ahora tanto me alegra su mensaje como me apenan muchos de los comentarios que leo más arriba, y desde mi humilde lugar de laico que peregrina hacia el misterio de la Eucaristía, ruego a Dios que seamos capaces de serenar nuestros corazones, para escuchar, lo que el pastor nos dice, y poder rumiar lo que con dedicación nos enseña, ya que en muchos comentarios se desconoce el sentido del mensaje dado.
No encuentro en su artículo, una condena a la comunión en la mano, encuentro si una impecable catequesis acerca de la comunión que justamente nos llama, mediante la reflexión, a trascender este hecho del "como comulgar" (no por insignificante de la forma del acto), sino para que podamos introducirnos primero en las profundidades del sacramento, (para esto la catequesis) donde una vez meditado, va a ser nuestra propia devoción, la que de forma legitima y única definirá esta cuestión. Recién allí podremos no criticar lo que nuestra iglesia permite y muchos de nuestros hermanos ponen en práctica, sino tomar nuestra propia postura en concordancia con todo el universo de nuestra relación con Dios. Que el Espíritu Santo ilumine nuestros corazones para que brille la misericordia en todos nosotros.
1/07/20 2:17 AM
IRENE ELENA
SOY CATÒLICA,APOSTÒLICA,ROMANA PRACTICANTE.EN MI PAÌS, MONTEVIDEO URUGUAY,NO SE ESTÀN ABRIENDO LAS IGLESIAS,PORQUE EL CARDENAL ES COHERENTE,MENOS,DAR LA SANTA COMUNIÒN O EUCARISTÌA, DE LA MANO DE NADIE,NI SACERDOTES, NI DIÀCONOS NI ABSOLUTAMENTE N A D I E ...PARECE QUE NO SABEN QUE ESTÀN JUGANDO CON EL CUERPO Y SANGRE DE NUETRO SEÑOR JESUCRISTO...PRESTEN ATENCIÒN...NO TOCAR NI LA HOSTIA CONSAGRADA NI NADA...MUCHO MENOS,DAR LA SGDA.EUCARISTÌA EN LA BOCA A UN CREYENTE,CON LA MANO,DEDOS O LO QUE SEA,NO SEÑOR,PUES NI LE LLAMO POR SU NOMBRE NI CARGO RELIGIOSO...DEBE ENMENDAR LO QUE ESTÀ HACIENDO¡¡¡PONGASE A REZAR , CON PIEDAD QUE DIOS LE ILUMINARÀ ...
1/07/20 2:56 AM
Horacio Castro
Por separado de sus convicciones personales acerca de medidas sanitarias y totalitarismo; Mons. Aguer involuntariamente incurre en un falacia según se desprendería de los primeros párrafos en este post. Las autoridades del Gobierno Argentino no han promulgado ningún decreto sobre 'comulgar en la mano' y han aclarado a la Iglesia que las medidas de prevención y aislamiento se mantendrán mientras sea necesario. Actualmente son necesarias ante el peligro inmediato de proliferación de la pandemia.
1/07/20 9:15 AM
Cecilia
Lei con atención el artículo, pero lo que a mi me llama la atención es que frente a una pandemia se permita recibir en la mano o en la boca la hostia de manos del que la distribuya. Me parece muy poco seguro como método. Quién asegura que la persona que la distribuya no tenga Covid 19?
1/07/20 9:28 AM
templario
Quede bien claro que quien comulgue en la mano está ofendiendo a Dios. Recordemos lo que le ocurrió a Uza, por tocar el Arca de la Alianza en 2ª Samuel 6. Y si el Arca solo contenía objetos sagrados imaginen la Eucaristía, que es el mismo Dios. Meditemos pues en que solo los consagrados pueden tocarla.
Mensaje en El Escorial 5-7-1986:
...No sois capaces, hijos mios, de entregaros victimas de holocausto por la salvacion de las almas. Mi Hijo derramó hasta la ultima gota de su sangre.
¡Que poco respeto hacia la Eucaristía, hijos mios! ¿cuántas veces he dicho: "No me agrada, ni agrada a mi Hijo, que manos que no están Consagradas toquen su Cuerpo, hijos mios?» En el Evangelio de Cristo dice: «Todo humano de cielo y tierra, hasta los que están en la profundidad de los infiernos, doblarán la rodilla ante el Rey; ante este Rey celestial. ¡Qué poco respeto, hijos míos, y qué poco amor a mi Hijo! Mi Hijo está indignado con el ser humano.
Non Nobis.
1/07/20 10:29 AM
Charo
No logro entender esta controversia. Yo comulgo con la misma devoción y respeto en la boca que en la mano.
1/07/20 10:55 AM
Carolina
Hace años recibía la Comunión en la mano. Un día, en la Parroquia a la que asistía, el párroco se ausentó y vino otro sacerdote. Cuando fui a comulgar y puse las manos para recibir el Cuerpo de Cristo, éste me llamó la atención - no sólo a mí-con muy malos modos. Salí de la Iglesia llorando. El Vicario parroquial, que estaba en el confesionario, se percató del detalle, y a los cinco minutos me llamó por teléfono, para disculparse.
Posteriormente, un sacerdote, con cariño y serenidad, me explicó porque era mejor recibir a Cristo de rodillas y en la lengua. Desde entonces, así lo he hecho, hasta el día de hoy, que debido a la situación que vivimos, recibo a Jesús en la mano.Lo recibo en gracia de Dios, con fervor y devoción y por caridad hacia el prójimo y siguiendo la recomendación de los obispos, tan criticados en este momento por muchos sacerdotes y laicos que creen hallarse en posesión de la verdad. En mi parroquia se comulga de las dos maneras. El hecho de hacerlo de una manera o de otra, no es motivo para calificar
a nadie de hereje o de mal cristiano. Cuando se den las condiciones sanitarias para hacerlo, volveré a comulgar de rodillas y en la lengua. Entonces, tampoco veré a los que reciben el Cuerpo de Cristo en la mano,como a herejes o peores cristianos que yo. Es una cuestión de libertad, que tanto incómoda al integrismo religioso.
1/07/20 12:00 PM
Miriam
Gracias Monseñor Aguer por las reflexiones y la catequesis de la Comunión. Tan claro, formado y respetuoso de opiniones contrarias.
Si, en Argentina llevamos mas de cien días y aún sin culto, mientras tantos lugares se habilitan, la fe parece quedar al final, lamentablemente, sin la Santa Misa, que ya podría haber con protocolos. Igualmente valoramos el esfuerzo de tantos sacerdotes de transmitir la misa on line, que llega a tantos hogares y la que recibimos debidamente con un altar doméstico, humilde, pero haciéndolo lo mas digno que podemos para ofrecerlo a El, que nos dio todo.
Sobre la comunión de rodillas creo que es la forma más digna de reverenciar y adorar a nuestro Señor, como cuando nació en el portal de Belén, lo primero que recibió fue adoración de los pastores. Y en la boca, ya que que nuestras manos no están consagradas como las de los sacerdotes. María la única mujer que si las tenía, acunó en ellas al mismo Dios. El domingo fui a confesarme y a comulgar, sin misa claro, pero aún así cuesta mucho encontrar donde, y el sacerdote dijo que solo iba a dar la eucaristía en la mano, saqué mi "corporal" lo puse en mi mano, como mi esposo e hijos y así recibimos a nuestro Señor, que se merece toda la dignidad que podamos ofrecerle...mas allá de cualquier pandemia. Doy gracias por este domingo bendito en que mi familia lo recibió, aunque nunca seremos dignos del todo de recibir el Pan de Vida.
2/07/20 1:33 AM
Estela
A los que tenemos más de 30/35 años, en la Catequesis para la Primera Comunión nos enseñaron muy bien que recibimos la Comunión en la boca. Como a mí me explicaron así y de chica tomé la Comunión en la boca, no se me ocurrió nunca recibirla en la mano, pese a que luego estaban las dos formas. La idea es un poco desconcertante viéndolo desde la práctica de recibir la Hostia Consagrada en la boca, directamente del Ministro, sin manipulaciones. La hostia sin consagrar es pan, el pan desprende fácilmente partículas, cualquier ama de casa lo sabe. La Hostia Consagrada po el sacerdote debe ser tratada con suma reverencia, y si se la administra en la mano, éstas quedan con partículas del Cuerpo de Cristo. Deberían usar una tela blanca. Pero en realidad deben tomarla con la boca. Hay gente que hace genuflexión antes de tomar la Comunión y la señal de la Cruz. No he visto de rodillas, pero me parece que debería ser así salvo los imposibilitados.
2/07/20 2:17 PM
Elisa
Pues después de difundir una práctica de riesgo entre la población con más factores de riesgo, lo que pasará esta bastante claro: comulgaran menos ancianos porque ya estarán con el Señor.
3/07/20 12:56 PM
Egor
Telefono para Taussig
4/07/20 4:05 AM
Nestor
Justamente lo que hay que temer es que con ocasión de la pandemia se quiera "normalizar" para el futuro en la Iglesia la comunión en la mano incluso como la única posible, lo cual constituiría una práctica absolutamente abusiva y contraria a la mente de la Iglesia expresada de infinidad de formas a lo largo de siglos.

Los fieles tenemos derecho a comulgar como tradicionalmente se ha hecho en la Iglesia y como la misma Iglesia ha propuesto como la forma normal de hacerlo.

Violar ese derecho es introducir un factor innecesario de perturbación en la comunidad eclesial.

Saludos cordiales.
5/07/20 2:22 PM
Horacio Castro
Pero ¿quién violaría ese derecho? Sí es cierto, que hay disposiciones de la ley civil para limitar en menores determinadas costumbres de algunas confesiones religiosas.
5/07/20 4:35 PM
Mario Gabriel
Gracias Mons. Aguer.
Esto ya es cuarenterna, el gobierno ya lo ha dicho que por ser público es una de las ultimas actividades que se va a permitir, siempre y cuando no haya nuevos rebrotes lo que implicaría volver atrás con las fases y asi nunca acabar.
Hay que recordar que este gobierno es proaborto, porque en su agenda figura lo primordial para liberalizar el aborto.
¿cree que los feligreses se animen volver a la parroquia con esta peste, y aun después de que esto pase?, hay mucha desconfianza en la gente.
10/07/20 5:42 AM
eduardo
Porque seguimos en esta polémica que genera tanta división, si lo importante no es la forma, es el fondo. Que sacan con recibir la Santa Comunión en la lengua y de rodillas, si el corazón no el pertenece totalmente a Dios. No solo el que me llama Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos......lo importante es la rectitud de corazón y la coherencia de vida con lo que hace. La forma es accidental.
19/09/20 8:30 AM

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