(InfoCatólica) «El milagro de Medjugorje es ante todo la conversión de los corazones, el regreso a los sacramentos, el renacer de la fe y de la esperanza». Con estas palabras resume monseñor Francesco Cavina, obispo emérito de Carpi, su forma de entender el encargo que acaba de recibir del Papa León XIV. Cavina es el nuevo visitador apostólico de carácter especial para la parroquia de Medjugorje, en Bosnia-Herzegovina.
El nombramiento se produjo el pasado fin de semana. El sábado, el Santo Padre aceptó la renuncia del arzobispo Aldo Cavalli, nuncio apostólico, que ocupaba el cargo desde 2021. La Sala de Prensa de la Santa Sede precisó que Cavina ha sido nombrado «por tiempo indefinido y ad nutum Sanctae Sedis», es decir, hasta que la Santa Sede disponga otra cosa. No se ha comunicado el motivo de la renuncia de Cavalli, que cumplió 80 años el 18 de octubre. El Papa Francisco lo había nombrado en noviembre de 2021, tras la muerte en agosto de ese año del arzobispo polaco Henryk Hoser.
Un pastor para los peregrinos
Según la Diócesis de Carpi, el nuevo visitador estará llamado a «acompañar pastoralmente a la comunidad parroquial de Medjugorje y a los numerosos peregrinos que llegan al santuario mariano», continuando el servicio de sus dos predecesores. De acuerdo con la parroquia, más de 50 millones de peregrinos han visitado el lugar desde 1981.
Cavina, de 71 años, trabajó en la Secretaría de Estado vaticana entre 1996 y 2011 y fue nombrado obispo de Carpi en 2012. En 2019 dejó el gobierno de la diócesis tras unas acusaciones de corrupción que, según la Fiscalía, resultaron infundadas. Desde hace años firma en la revista Il Timone la sección «Un obispo responde», y a esa misma cabecera ha concedido su primera entrevista tras el nombramiento.
En ella confiesa que la noticia fue «verdaderamente una sorpresa», después de siete años recorriendo Italia para celebraciones, confirmaciones y ejercicios espirituales. Agradece al Santo Padre «la confianza» que le ha demostrado y explica que la devoción mariana ha tenido siempre «un lugar especial» en su vida, desde el ejemplo de sus padres, que cada tarde acudían a rezar el Rosario y a la Santa Misa. «A la Virgen Santísima me confío y le entrego este nuevo tramo del camino», afirma.
«Los videntes son testigos, no el fin»
Sobre el nihil obstat concedido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe en septiembre de 2024 con la Nota La Reina de la Paz, Cavina recuerda que el discernimiento atravesó el ministerio de cuatro Pontífices. Cita la comisión presidida por el cardenal Camillo Ruini, que reconoció la credibilidad sobrenatural de los inicios de los hechos de 1981, y los juicios favorables de Hoser y Cavalli. Según las nuevas normas, añade, el nihil obstat es «el máximo grado positivo de discernimiento pastoral».
El obispo subraya que la Iglesia ha optado por no pronunciarse de forma definitiva sobre la sobrenaturalidad y por poner en el centro «la bondad de los frutos espirituales y el cuidado de las almas», según el criterio evangélico de Mt 7,16-20. «La necesaria prudencia de la Iglesia no es desconfianza; es atención pastoral», resume.
En cuanto a los videntes, Cavina considera «muy sabia» y «muy materna» la advertencia de la Nota de que los peregrinajes no se hacen para encontrarse con ellos, sino con María. «Cuando Dios actúa, no pone al hombre en el centro: pone en el centro a Jesucristo», sostiene, y recuerda la invitación de León XIV en su primera misa a «desaparecer para que permanezca Cristo». Pide, no obstante, ser justos con aquellos seis jóvenes de 1981, que soportaron presiones e interrogatorios sin abandonar su testimonio. «Los videntes son testigos, no el fin», concluye.
El «confesionario del mundo»
La expresión con que muchos describen Medjugorje le parece «profundísima». La Nota, recuerda, habla de «abundantes conversiones», de regreso a la práctica sacramental, de vocaciones y de reconciliaciones entre esposos. «No se trata solo de emociones religiosas: se trata de vidas cambiadas», afirma, y enumera a quienes vuelven a confesarse tras décadas, a los sacerdotes que recuperan su ministerio y a las familias heridas que se recomponen.
La crítica de Grillo
La entrevista, publicada parcialmente el lunes, ha tenido una réplica inmediata. El teólogo italiano Andrea Grillo, profesor de Teología Sacramental y Filosofía de la Religión en el Ateneo Pontificio San Anselmo desde 1994, y a quien se señala como ideólogo de Traditionis custodes, publicó el martes en su blog Come se non un texto contra el nuevo visitador.
Grillo abre con una comparación. Los mensajes de las galletas de la fortuna de los restaurantes chinos no requieren exégesis, pero los de Medjugorje, pronunciados «con ritmo infaliblemente semanal», sí exigen un discernimiento autorizado. A su juicio, Cavina habla «no tanto como Visitador Apostólico, sino como PR Manager del Santuario», con un tono «del todo apologético, ingenuamente entusiasta», sin «ningún discernimiento hacia la "Virgen cartera"» ni reservas sobre el protagonismo de los videntes. Califica sus afirmaciones de «desenvueltas» y sostiene que «rozan la irresponsabilidad».
La objeción alcanza a la propia Nota del Dicasterio. Grillo la considera un «experimento doctrinal» que antepone los frutos a los mensajes con una estrategia «invertida», y reprocha que conceda el culto público sin identificar bien fuentes y contenidos. Encuadra además el caso en una lectura del culto mariano según la cual la encíclica Redemptoris Mater de San Juan Pablo II supuso en 1987 el regreso de la tentación de separar el culto a María de la liturgia. Si el visitador actúa como promotor, concluye, su nombramiento sería signo de «un grave desinterés de Roma» por un discernimiento serio, porque «un Visitador Apostólico desenfrenado es claramente una contradicción en los términos».
Lo que dice la Nota
El reproche de que Cavina se aparta del texto normativo choca con la letra del documento. El número 38 de la Nota establece que, aunque no supone una declaración del carácter sobrenatural del fenómeno y los fieles no están obligados a creer en él, el nihil obstat indica que pueden recibir de esta propuesta espiritual «un estímulo positivo para su vida cristiana» y «autoriza el culto público». Es la misma expresión que Grillo incluye entre las «graves expresiones» del obispo. Tampoco es exacto que falte toda reserva sobre los videntes, puesto que Cavina hace suya la advertencia de no ponerlos en el centro.
La Nota encomienda al visitador tareas concretas. Deberá velar por que toda publicación de los mensajes incluya el documento como introducción y someter a examen los mensajes futuros, o los pasados aún inéditos, antes de autorizar su eventual publicación. El texto valoraba críticamente algunos mensajes, como el del 2 de mayo de 1982, que anunciaba unas «últimas apariciones» tras las cuales, según constataba el Dicasterio, los mensajes continuaron «sin disminuir». Por ello pedía que, al hablar de «mensajes» de la Virgen, se entienda siempre «presuntos mensajes».








