Cardenal jesuita: la continuidad entre Francisco y León XIV es un «regalo del Espíritu Santo»

En relación con próxima la visita del Papa a la Amazonía

Cardenal jesuita: la continuidad entre Francisco y León XIV es un «regalo del Espíritu Santo»

El cardenal Jimeno elogia la continuidad entre los dos papas en su interés por la región amazónica, pero parece entenderla como una comprensión horizontal, progresista y secularizada de la acción de la Iglesia. Es decir, precisamente la ideología que ha descatolizado la Amazonia.

(InfoCatólica) En una entrevista recogida por la agencia Fides, el cardenal Pedro Barreto Jimeno, jesuita y arzobispo emérito de Huancayo (Perú) ha hablado largamente sobre la próxima visita de León XIV al Perú, la tierra en la que el pontífice vivió largos años, y en particular al territorio amazónico.

Quizá lo más llamativo de la entrevista sea la frase en que el cardenal quiere «resaltar un regalo del Espíritu Santo a la Iglesia: la novedad y la continuidad en la sucesión de dos Obispos de Roma». El purpurado recuerda que ha conocido personalmente a ambos pontífices y señala que, aunque se trata de «dos Papas diferentes en su personalidad y carácter», ambos han sido «firmes y decididos en lo esencial: el seguimiento de Cristo, la renovación de la vida y misión de la Iglesia» y «los dos con la decisión de anunciar la buena noticia de Jesús Crucificado y Resucitado a la humanidad».

Sin duda, planteada así, la continuidad suena muy bien. Al menos hasta que el cardenal Barreto especifica de manera concreta dónde se muestra en la práctica esa continuidad y selecciona los aspectos quizá menos afortunados del pontificado anterior.

En particular, en relación con la Amazonia, indica que el deseo de León XIV de «volver a pisar la tierra amazónica» constituye un gesto elocuente de continuar lo que iniciara el Papa Francisco». A ese respecto menciona el Sínodo especial para la Amazonia y la exhortación apostólica postsinodal Querida Amazonia, el «principal legado de Francisco y que León XIV continúa y profundiza», por tratarse de «un proceso de escucha, discernimiento y de acción pastoral coordinada, fruto de la espiritualidad sinodal». O, dicho de otra manera, un proceso en el que lamentablemente se negó con frecuencia la doctrina de la Iglesia en puntos fundamentales.

En el mismo sentido, el cardenal recuerda que el Papa Francisco afirmó que «la Amazonía es una tierra sagrada [y] ante ella debíamos descalzarnos como Moisés». También «llamó a los indígenas heroicos guardianes del bioma amazónico». Llama la atención que el cardenal haya seleccionado afirmaciones sin verdadero sentido racional más allá de una exagerada captatio benevolentiae y, estrictamente hablando, poco conformes con una visión católica del hombre y del mundo.

Esta comprensión más bien secularizada de la acción de la Iglesia es constante en la entrevista del cardenal Barreto, que a veces menciona la fe y el evangelio de forma teórica, pero, en la práctica, termina por reducirlos a una visión progresista del mundo. En efecto, en las palabras del cardenal prevalece una misión horizontal de la Iglesia, centrada en las cuestiones políticas y sociales: «los conflictos, la polarización social, política, religiosa; el crecimiento de la violencia, el crimen organizado, la corrupción, las desigualdades, la situación de la juventud y los desafíos que vivimos al interior de nuestra propia Iglesia», que «debilitan nuestra convivencia democrática y la confianza en las instituciones».

Según el purpurado, la Iglesia mantendrá la «continuidad del compromiso de acompañar a los pueblos indígenas en la defensa de la vida y del cuidado del territorio, amenazado por la deforestación y la minería ilegal» y «la presencia y el mensaje de León XIV alentará al pueblo peruano y a las Instituciones, a crear un espacio de diálogo ‘desarmado y desarmante’», unos objetivos que recuerdan más a un político que a la misión de Pedro de confirmar en la fe.

En cambio, está significativamente ausente del discurso del cardenal el problema más preocupante de la región: la desaparición progresiva del catolicismo, asolado precisamente por el progresismo rampante entre los misioneros europeos obsesionados por las cuestiones sociales, la ecología, el indigenismo y, últimamente, la sinodalidad.

La continuidad que parece desear el cardenal Barreto Jimeno se asemeja peligrosamente a la obstinación en todo aquello que ha destruido la Iglesia en la Amazonia, en beneficio de las sectas protestantes que sí hablan de Dios, del pecado, de la conversión, del bautismo, del cielo y del infierno a los indígenas. En ese sentido, quizá sea deseable que la visita del Papa León XIV defraude las esperanzas del cardenal jesuita y se centre en el retorno a la cordura católica de una región entregada durante décadas a pastores que la han sembrado de sal.

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