(InfoCatólica) La Iglesia tiene, indudablemente, muchos enemigos externos, pero el daño que pueden hacerle es pequeño en comparación con el causado por sus propios hijos, sobre todo cuando abusan de la autoridad que la misma Iglesia les ha confiado.
El cardenal Jean-Paul Vesco es dominico y fue nombrado obispo de Orán (Argelia) en 2012. Posteriormente, el Papa Francisco lo ascendió al puesto de arzobispo de Argel (Argelia), también en el norte de África, y lo nombró cardenal en 2024. Durante esos años, no ha dejado de realizar declaraciones escandalosas, siempre en un sentido relativista y contrario a la evangelización.
La semana pasada, en una entrevista concedida a CathoBel, un portal católico de Bélgica, el arzobispo de Argel insistió en su postura de considerar al cristianismo una religión más entre otras muchas igualmente válidas: «somos la Iglesia de este pueblo. No una Iglesia proselitista, no una Iglesia que esté ahí para convertir, sino una Iglesia que aspira a ser uno de los componentes de este pueblo».
La idea subyacente es que los cristianos deben vivir la fraternidad con otras religiones, sin pretender que el cristianismo es superior en ningún sentido: «en las religiones monoteístas, el proselitismo es un veneno, porque implica considerar falsa la religión de la otra persona», algo que «pone fin al diálogo». Aparentemente, nunca se le ha ocurrido la idea de que una religión basada en que Cristo es Dios y otra basada en que Cristo no es Dios no pueden ser ciertas al mismo tiempo.
Para el cardenal, no hay que considerar las diferencias religiosas desde el «miedo», sino desde la «fraternidad». «¿Nos vemos a nosotros mismos como una fortaleza asediada?», preguntó «¿O elegimos la fraternidad? Para mí, esta es la única opción que merece la pena».
Para rematar el pastel, elogió la sinodalidad y aseguró que era impensable que en un futuro concilio ecuménico solo participaran obispos, como ha sucedido en los dos mil años anteriores de historia de la Iglesia.
Una larga trayectoria de afirmaciones heterodoxas
Nada de esto es nuevo, por desgracia, ni se reduce solo al ámbito del relativismo religioso, sino que alcanza también a la moral. Mientras era obispo de Orán, Mons. Vesco fue invitado a participar en el Sínodo de las Familias, donde destacó por su original invento: la indisolubilidad disoluble, que conllevaba la ventaja de poder cambiar la doctrina de la Iglesia simplemente renunciando a la lógica más básica.
Mons. Vesco explicó que los divorciados vueltos a casar civilmente no debían dejar a su nueva pareja, porque «su elección de comprometerse en una segunda alianza ha creado un segundo vínculo tan indisoluble como el primero» y que «ante este carácter definitivo creado por una segunda alianza, la Iglesia misma no puede hacer nada». Es decir, el primer matrimonio indisoluble se disuelve por el divorcio para crear un segundo matrimonio tan indisoluble como el primero (y el tercero o el cuarto). Nunca fue corregido por esta jerigonza incomprensible y contraria a la lógica y a la enseñanza de la Iglesia.
En otra entrevista concedida a Le Point en 2018, dijo que la transmisión del evangelio «no conduce necesariamente a un cambio de religión», porque «el propósito de la Iglesia no es intentar convertir a los musulmanes. Aunque acogemos a quienes se convierten». «Lo que me importa no es que un musulmán se convierta al cristianismo, sino que una persona tenga una experiencia espiritual».
Ya en 2022, cuando fue nombrado arzobispo de Argel, afirmó que «tenemos que deshacernos de la idea de que tenemos que evangelizar» y que «la evangelización se realiza en la fraternidad y no en la conversión. ¡Esto es revolucionario!». Como resulta difícil entender qué significa una evangelización que no se realiza en la conversión, el prelado explicó al respecto que «el bautismo no es necesario para la salvación», a pesar de que existe un dogma que dice literalmente lo contrario. También indicó, despectivamente, que, «mientras que nosotros [los católicos] afirmamos la existencia de una hermandad universal, las iglesias evangélicas hacen hincapié en la entrada en una comunidad a través del bautismo».
En cuanto a la relación con otras religiones, explicó que «también puede haber una parte de verdad en el Islam que se nos escapa» y que igualmente los evangélicos «tienen su parte de verdad que quizás se nos escapa». Al parecer, todo es verdad menos los dogmas de la Iglesia.
En la reciente entrevista concedida a CathoBel, el cardenal ha afirmado, incoherentemente, que «la fuerza de Francisco estaba en su imprevisibilidad y la fuerza de León está en su previsibilidad». Sea como fuere, con el tiempo lo que ha ido quedando claro es que la fuerza del cardenal Vesco no está en la lógica ni en la fe ni en el celo por anunciar el evangelio. El enigma restante es por qué alguien tan alejado del catolicismo más básico ha sido creado obispo y cardenal y la Iglesia no corrige sus constantes afirmaciones disparatadas.








