(InfoCatólica) Quienes van a misa y rezan a diario no solo se casan más y se divorcian menos que sus compatriotas sin práctica religiosa, sino que declaran matrimonios más felices y una vida sexual más frecuente y satisfactoria. Esa es la conclusión central de The Devout Difference, el informe sobre religión, calidad matrimonial y sexualidad en Estados Unidos que el Institute for Family Studies (IFS) ha publicado este mes de septiembre.
Firmado por Rich Dell'Isola, Brad Wilcox, Grant Bailey y Jane Lankes Smith, el estudio combina datos de la General Social Survey (GSS) desde 1972 con una encuesta propia realizada en 2026 a adultos de entre 20 y 54 años. Aunque el foco está en los católicos, la mayor confesión religiosa del país, el informe compara sus resultados con los de protestantes practicantes y personas sin religión.
Menos creyentes, familias más sólidas
El punto de partida es un retroceso sostenido. La asistencia frecuente a oficios religiosos cayó del 49% al 32% entre 1972 y 2024, y la tasa de matrimonios se redujo en más de un 60% en el mismo periodo. Entre quienes se declaran católicos, la misa semanal ha pasado del 44% en los años setenta al 18% actual. Las bodas católicas, que en 1970 sumaban 415.000, tocaron fondo durante la pandemia con 97.000 y se situaron en 109.000 en 2024, un 74% menos que medio siglo antes.
Los autores hablan, sin embargo, de una «paradoja fe-familia», porque los creyentes que permanecen son quienes mantienen familias más sólidas. El 60% de los estadounidenses religiosos de entre 20 y 54 años está casado, frente al 42% de los no religiosos, y la distancia entre ambos grupos se ha ampliado desde los años setenta. Descontando la edad, la formación y la raza, quienes acuden regularmente al templo tienen un 39% más de probabilidades de estar casados.
En divorcios, los católicos practicantes presentan la cifra más baja. Solo el 27% de los que alguna vez se casaron se ha divorciado o separado, frente al 34% de los protestantes practicantes, el 36% de los católicos no practicantes, el 40% de las personas sin religión y el 54% de los protestantes que no practican. El propio informe advierte de que el dato refleja en parte un efecto de selección, pues es probable que muchos católicos divorciados abandonen la fe.
La práctica, no la etiqueta
Entre los casados, el 79% de los católicos practicantes y el 74% de los protestantes practicantes se declaran muy felices en su matrimonio, frente al 66% de quienes no profesan ninguna religión. Los católicos y protestantes no practicantes no muestran ventaja alguna sobre estos últimos, lo que lleva a los autores a concluir que es la participación activa, y no la mera afiliación, lo que marca la diferencia. La oración diaria multiplica por 1,5 las probabilidades de un matrimonio feliz.
El factor de mayor peso es la coincidencia de valores entre los esposos en fe, papeles familiares, apertura a los hijos y educación de estos. Entre los católicos que comparten esos valores con su cónyuge, el 79% se declara felizmente casado, frente a solo el 38% de quienes no los comparten.
La convicción de que el matrimonio es para toda la vida resulta igualmente decisiva. Quienes la sostienen tienen 1,85 veces más probabilidades de sentirse muy satisfechos en su matrimonio, y entre los católicos que la comparten el 83% se declara feliz, frente al 70% de los que no. Solo la suscriben el 39% de los católicos practicantes y el 52% de los protestantes practicantes, frente al 6% de quienes no tienen religión.
Al margen de la «recesión sexual»
Estados Unidos atraviesa lo que el informe llama una «recesión sexual». Según la GSS, el 64% de los casados de 20 a 54 años mantenía relaciones al menos una vez por semana en los años noventa, y hoy solo el 54%. Los practicantes han quedado prácticamente al margen de esa caída, con un 62% que mantiene relaciones semanales, frente al 48% de los casados no religiosos. En la encuesta de 2026, la cifra alcanza el 69% entre los católicos practicantes.
La satisfacción sexual sigue el mismo patrón, pues la declaran el 55% de los católicos practicantes frente al 40% de quienes no tienen religión. Según los autores, la creencia en la permanencia del matrimonio predice esa satisfacción mejor que la asistencia a misa o la oración, y la relacionan con la descripción que hace el Catecismo del acto conyugal como «don total de sí mismo». Entre los católicos, la apertura a la vida multiplica por 1,69 las probabilidades de satisfacción sexual.
Los problemas pendientes
El informe no oculta las debilidades católicas. Pese a divorciarse menos, solo el 63% de los católicos practicantes percibe su matrimonio como estable, por debajo del 77% de los protestantes practicantes y del 71% de las personas sin religión. Además, el apoyo de la comunidad eclesial se asocia con más estabilidad entre los protestantes y con menos entre los católicos, algo que los autores atribuyen, como hipótesis, a que las familias católicas acuden a la parroquia cuando la crisis ya ha estallado.
Uno de cada cuatro maridos practicantes consume pornografía al menos una vez al mes, frente al 35% de los que apenas pisan la iglesia. Las familias católicas con tres o más hijos declaran menor satisfacción conyugal, y solo el 46% de los padres católicos practicantes recibe al menos «algo de ayuda» de su parroquia, frente al 57% de los protestantes.
El caso de FOCUS
El estudio está patrocinado por la Fellowship of Catholic University Students (FOCUS), movimiento misionero católico presente en campus universitarios, y dedica un apartado a sus antiguos miembros. El 84% de los casados sostiene la permanencia del matrimonio, y entre quienes llevan diez años o menos casados, el 95% percibe su matrimonio como estable, frente al 65% de los católicos practicantes en general.
Los autores reconocen que la ventaja en felicidad conyugal de este grupo pierde significación estadística al controlar por edad, y que su frecuencia y satisfacción sexual quedan por debajo del conjunto de católicos practicantes. Lo atribuyen a la corta duración media de sus matrimonios, de 5,1 años, y a la práctica de la planificación familiar natural, dado que el 91% se declara abierto a la vida.
Recomendaciones
El informe propone cultivar una vida de fe activa, discernir con cuidado la elección del cónyuge, reforzar el apoyo parroquial a las familias numerosas y formar a adolescentes y jóvenes para el matrimonio mucho antes del noviazgo. Según la GSS, los hombres y mujeres casados y religiosos tienen más del doble de probabilidades de declararse muy felices que el resto. Para los autores, fortalecer la fe y la familia no es una cuestión de nostalgia, sino de necesidad.








