(InfoCatólica) Sin el ministerio de Pedro y sin la Eucaristía, la Iglesia correría el riesgo de «convertirse en una mera federación de comunidades particulares, o incluso en una ONG, de tinte cristiano». Así lo advirtió el nuncio apostólico en Alemania, Hubertus van Megen, en su primera intervención ante la asamblea plenaria de otoño de la Conferencia Episcopal Alemana, inaugurada el 28 de septiembre en Fulda y que se prolonga hasta el 1 de octubre.
El prelado neerlandés llegó a Berlín desde Nairobi tras casi dieciséis años en África. Lleva algo más de tres meses en Alemania y dos en el ejercicio oficial de su cargo, desde que presentó sus cartas credenciales al presidente federal, Frank-Walter Steinmeier. Dedicó el núcleo de su alocución a los fundamentos de la unidad eclesial, y la Conferencia Episcopal publicó el texto íntegro.
Los dos pilares de la unidad visible
«La Iglesia católica descansa sobre dos grandes pilares de su unidad visible, el ministerio petrino y la Eucaristía», afirmó el nuncio, que precisó que ambos garantizan esa unidad «de modo distinto, pero complementario». En sus palabras, «el Papa custodia la unidad de la fe y de la comunión eclesial, mientras que la Eucaristía realiza y alimenta sacramentalmente esa unidad».
Van Megen recordó que el Concilio Vaticano II describe al Romano Pontífice como «principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la multitud de los fieles» (Lumen gentium 23). Citó también a San Pablo, «el pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan» (1 Co 10,17). «La Eucaristía no es solo un símbolo de la unidad. Según la comprensión católica, crea y fortalece realmente la comunión de la Iglesia», subrayó.
El ministerio del Papa, añadió, está al servicio de esa comunión eucarística. «El servicio del Papa no es un fin en sí mismo. Su tarea consiste en proteger y promover aquella comunión que encuentra su expresión más alta en la celebración de la Eucaristía». Para ilustrarlo recurrió a San Juan Pablo II, «la Eucaristía crea comunión y educa a la comunión» (Ecclesia de Eucharistia, 40), y a la conocida fórmula del teólogo Henri de Lubac, «la Eucaristía hace la Iglesia, y la Iglesia hace la Eucaristía».
El nuncio matizó que esta garantía no debe entenderse «en un sentido puramente organizativo o mecánico», porque «la historia muestra que también dentro de la Iglesia puede haber desacuerdos, tensiones e incluso divisiones». Aun así, afirmó, «creemos que Cristo ha dado a su Iglesia medios permanentes mediante los cuales su unidad puede preservarse y renovarse una y otra vez».
Ninguna Iglesia local es más Iglesia que otra
Hablando «como representante de la Santa Sede», Van Megen señaló que «Roma es el centro visible y el garante de la unidad de la Iglesia universal, a la que también pertenece la Iglesia en Alemania». Cada Iglesia local, dijo, tiene su propia dignidad y misión, pero «ninguna Iglesia local es más o menos Iglesia que otra». Puso como ejemplo las diferencias entre la Iglesia en África, Europa, América Latina o Asia, y añadió que «ninguna de estas Iglesias tiene primacía por su tamaño o por su influencia cultural».
Sobre la sinodalidad, recordó que synodos significa caminar juntos, «por eso la sinodalidad nunca puede ser asunto exclusivo de grupos concretos, mientras otros se quedan atrás». Cerró su intervención con una exhortación a los obispos: «Donde permanecemos en comunión con Él, donde nos escuchamos unos a otros, donde preservamos la unidad con la Iglesia universal y con el Sucesor de Pedro, allí el Espíritu Santo puede abrir nuevos caminos».
«Poder», «autoridad» o «servicio»
Cinco días antes, el 23 de septiembre, el nuncio había concedido su primera entrevista de calado a katholisch.de, portal gestionado por encargo de la Conferencia Episcopal Alemana. Preguntado por los temas de reforma del Camino Sinodal, respondió con otra pregunta: «¿Por qué se dice "poder" y no "autoridad" o "servicio"? El poder tiene para mí algo negativo, algo opresivo. Lo veo también en muchos documentos del Camino Sinodal, poder, poder, poder. La pregunta ahí es siempre: ¿quién tiene el poder? Esa palabra me parece casi peligrosa».
Van Megen recordó que el Papa Francisco llegó a decir, casi con frustración, que apenas habría imaginado visiones del mundo tan distintas entre un obispo de Senegal y uno de Alemania. «Esa es la gran tensión, ¿cómo se mantiene unida esta Iglesia universal?», se preguntó el nuncio, que añadió que muchos de los problemas de la Iglesia alemana ni siquiera existen en numerosos países africanos. «A mi parecer, los alemanes quieren a menudo demasiado y demasiado deprisa».
Contó además que, cuando se supo en África su destino, sacerdotes y laicos le advirtieron, en palabras que él reproduce de forma aproximada, de que en Alemania quieren una Iglesia que no puede existir. «Esta tensión en torno al Camino Sinodal atraviesa toda la Iglesia universal», concluyó.
La ilusión de salvar la Iglesia
El nuncio fue claro sobre la motivación de fondo de las reformas. «No hay que hacerse la ilusión de que, si la Iglesia se adapta lo suficiente a la sociedad, se salvará por ello. Eso no ocurrirá. La Iglesia tiene un mensaje, el mensaje de Jesucristo. Pero la sociedad, y tenemos que ser así de sinceros, apenas tiene ya interés en ese mensaje». Más adelante insistió en la misma idea: «¿Con qué motivación se quiere reformar la Iglesia? ¿Se piensa que si hacemos esta o aquella reforma salvamos la Iglesia? Eso lo consideraría, como ya he dicho, una ilusión».
Van Megen valoró, no obstante, la actitud de los obispos alemanes hacia Roma. «Es bueno que la Iglesia en Alemania haya presentado hasta ahora siempre a Roma sus deseos de reforma. En ello se nota que la Iglesia de aquí no quiere ir por libre. Es consciente de que forma parte de la Iglesia universal».
Los estatutos, en manos de Roma
El Vaticano examina desde finales de marzo, para su recognitio, los estatutos de la Conferencia Sinodal, el órgano permanente previsto para dar continuidad al Camino Sinodal. La Curia romana y los obispos alemanes mantienen conversaciones sobre ese estatuto desde 2025.
«Por lo que sé, los estatutos se están estudiando actualmente en distintos dicasterios», explicó el nuncio, que evitó pronosticar el resultado. «Roma no es Berlín; algunas cosas en el Vaticano sencillamente tardan algo más», dijo, antes de añadir que todo «depende además en gran medida de cómo vea el Papa la cuestión». Precisó que el presidente de la Conferencia Episcopal, Heiner Wilmer, está en contacto constante con Roma. Él mismo espera viajar allí a finales de octubre para «escuchar un poco» cómo ve la Curia el asunto. Su consejo, por ahora, es «esperar con toda tranquilidad».
Gestación subrogada y edición genética
La asamblea de Fulda aborda también cuestiones de protección de la vida e inteligencia artificial. En rueda de prensa el 29 de septiembre, el Obispo de Essen, Franz-Josef Overbeck, afirmó que la Iglesia rechaza «claramente» la legalización de la gestación subrogada, porque convierte al niño en «objeto de un contrato entre adultos». El Obispo auxiliar de Augsburgo, Anton Losinger, advirtió de que la edición genética y las pruebas genéticas prenatales plantean interrogantes sobre la dignidad de las personas con discapacidad.








