León XIV recuerda en Notre-Dame que la Eucaristía renueva «el Sacrificio Redentor de Cristo» y pide liturgias vividas «con dignidad y decoro»
Vísperas del Papa en Notre Dame | Screenshot YT

Liturgia digna «también allí donde se reúnen comunidades más pequeñas»

León XIV recuerda en Notre-Dame que la Eucaristía renueva «el Sacrificio Redentor de Cristo» y pide liturgias vividas «con dignidad y decoro»

Siete años después del incendio, León XIV habló en Notre-Dame de París ante el clero francés con una advertencia sobre el templo restaurado. Privada de la acción litúrgica, dijo, la catedral «perdería su alma».

(InfoCatólica) «Privada de la acción litúrgica, perdería su alma». Con estas palabras se refirió el Papa León XIV a la catedral de Notre-Dame de París este viernes, 25 de septiembre, siete años después del incendio que destruyó su cubierta y su aguja. Ante obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y seminaristas de Francia, reunidos para el rezo de las Vísperas, el Pontífice recordó en su homilía que el templo fue erigido para la oración y la alabanza a Dios, y que «la catedral no es una envoltura de piedra destinada a ser admirada: vive del misterio sagrado que en ella se celebra».

La celebración abrió el primer día del viaje apostólico del Papa a Francia, que se prolongará hasta el 28 de septiembre e incluye una visita a la sede de la Unesco. León XIV presentó la reconstrucción de la catedral, reabierta al culto en diciembre de 2024, como modelo de acogida y participación para la Iglesia en Francia. Pidió además al clero que cultive «un amor auténtico por la liturgia», que vele por la dignidad de las celebraciones y que anteponga la comunión con el Sucesor de Pedro a sus sensibilidades personales.

«En este lugar late el corazón de un pueblo»

El Papa comenzó evocando las imágenes del fuego. «Han pasado siete años desde que el mundo entero, conteniendo el aliento, vio cómo la catedral era devorada por un terrible incendio», recordó. Añadió que aquel dolor «no fue únicamente el de los católicos, ni siquiera el de los creyentes», y que en aquella hora dramática se comprendió que Notre-Dame es mucho más que un monumento. «La participación de todos en su reconstrucción y, hoy, el esplendor del resultado, muestran que en este lugar late el corazón de un pueblo; que nos encontramos en el centro vital de una civilización; que aquí el pasado y el futuro se abrazan y el cielo y la tierra se encuentran».

El Pontífice agradeció la aportación de las instituciones públicas, eclesiales y privadas implicadas en la restauración, que a su juicio han reactivado los caminos culturales, existenciales y espirituales que la catedral ofrece. «En este contexto, la Iglesia ha entendido su misión no únicamente en términos de conservación, sino también de creatividad, haciendo vivir la tradición con la audacia de quienes tienen fe y miran hacia la Esperanza», afirmó. Dio las gracias al arzobispo de París, Laurent Ulrich, y a la comunidad diocesana por haber concebido un itinerario pastoral de primer anuncio e iniciación cristiana accesible a todos. El baptisterio situado a la entrada del templo es signo de ello.

«La reconstrucción de la catedral ha sido ocasión de un encuentro que ha ensanchado los espacios de acogida y participación más allá de las fronteras de la pertenencia eclesial», subrayó León XIV, que invitó a los presentes a dejarse inspirar por lo sucedido. «Den prioridad a la Evangelii gaudium, es decir, a esa conversión misionera de la que el Papa Francisco nos dio testimonio desde su primera Exhortación apostólica».

Una Iglesia viva que no teme la complejidad

El Papa tomó pie en la lectura de la Carta a los Gálatas proclamada en las Vísperas, «Dios envió a su Hijo» (Ga 4,4), para explicar por qué los cristianos no deben tener miedo. «Los cristianos no huyen de la complejidad, porque Dios mismo los ha llamado a seguir a su Hijo en un mundo ya habitado, ya en movimiento, ya marcado por las miserias y la bondad de los seres humanos». El camino de la cruz, añadió, revela las tinieblas que atraviesan el mundo, pero de manera aún más radical el amor de Dios que triunfa sobre la muerte.

De la Encarnación brota, según explicó, la identidad de una Iglesia llamada a estar siempre «en salida». «La comunidad cristiana no constituye un refugio en el que replegarse para protegerse de su época. Al contrario, se ofrece, como las antiguas catedrales, como un espacio de acogida, respeto, revelación y sentido para todos». En ello reside, dijo, la fuerza de una Iglesia viva, que acoge a quien está lejos pero en realidad ya está cerca, y al extranjero en quien Cristo llama ya a la puerta.

León XIV extendió esta llamada a toda Francia, incluidas las regiones más periféricas y rurales y los Departamentos de Ultramar, y pidió al clero que sea «una Iglesia viva, multiforme y cercana». «La pobreza de medios no impide la misión, porque es la gracia de Dios la que hace posibles la libertad interior y la sobriedad de vida, de modo que pueda reflejarse un estilo evangélico», recordó. Exhortó también a valorar con confianza la presencia misionera de los fieles laicos, a quienes describió como la avanzada viva de la Iglesia en las encrucijadas de la vida cotidiana.

La liturgia, razón de ser del templo

La segunda parte de la homilía se centró en la finalidad del edificio. «Tampoco debemos olvidar que la finalidad para la que fue erigido este templo, como todas las demás iglesias, es la oración y la alabanza a Dios. Es el lugar donde la comunidad cristiana celebra la forma más alta de oración y de alabanza, renovando en la Eucaristía el sacrificio redentor de Cristo». El Papa señaló que en Notre-Dame esta verdad queda de manifiesto en la disposición del altar en el centro del espacio. Así, la comunidad que alaba al Señor ocupa el corazón del edificio mientras los visitantes caminan a su alrededor y la contemplan.

«La noble sencillez del canto, de la palabra y del gesto litúrgico puede representar para muchos un destello de esperanza, un oasis de paz en una sociedad híper-conectada y ruidosa», afirmó. La celebración del año litúrgico, prosiguió, hace de los fieles contemporáneos de Cristo y los vuelve más sensibles a los signos de los tiempos. «La escucha comunitaria de las Escrituras y la oración nos permiten contemplar los acontecimientos históricos a la luz de Dios, volviéndonos más conscientes de nuestras responsabilidades, capaces de desenmascarar relaciones injustas de poder y de preservar las semillas de justicia y de paz». De ahí nacen, concluyó, vínculos de mayor fraternidad y redes de solidaridad, «fruto de la comunión en el único Sacrificio de Cristo».

Dignidad litúrgica y comunión con Pedro

«A ustedes, que celebran diariamente la Eucaristía, les pido que velen para que las celebraciones litúrgicas se vivan siempre con dignidad y decoro, también allí donde se reúnen comunidades más pequeñas», pidió el Papa. Invitó a los sacerdotes a ser herederos conscientes de los Padres y de los Santos que han transmitido la belleza de la liturgia con humildad ante el Misterio celebrado. Recordó también que el Concilio Vaticano II, «cuya riqueza debe mucho a Francia», reconoció su lugar central en la vida eclesial, y citó Sacrosanctum Concilium, 10.

«La alegría eucarística se afirma y se difunde allí donde se recupera la armonía, donde renace la dignidad, donde la autoridad se convierte en servicio, donde la libertad vuelve a abrirse camino», añadió. A continuación formuló una petición expresa: «Antepongan, por tanto, la comunión con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia a sus sensibilidades personales, para cultivar la unidad del pueblo de Dios. Juntos seremos la profecía de que un mundo reconciliado es posible».

Renacer con la catedral

León XIV exhortó a no descuidar la oración personal, «fundamento esencial de toda vocación», y citó a la mística francesa Madeleine Delbrêl: «Sin oración, no amaremos a Dios con amor. Quizá seamos sus servidores o sus combatientes, o incluso sus discípulos; pero no seremos ni hijos amantes de nuestro Padre ni amigos […] de Jesucristo». «Su misión brota ante todo de esa relación íntima con el Señor, que allí les espera», añadió.

En la parte final, el Papa vinculó el renacimiento del templo al de la Iglesia francesa. «Esta catedral ha renacido para que ustedes puedan renacer con ella en un nuevo impulso de santidad y de misión cotidiana». Invitó a levantar la mirada hacia la imagen del siglo XIV de la Virgen con el Niño que el incendio no alcanzó, y cerró con una invocación: «Santa María, Notre-Dame de Paris y Madre de la Iglesia, ruega por el pueblo francés, sostén a sus pastores y camina siempre a nuestro lado».

La Santa Corona de espinas

Antes de la celebración, el Papa recorrió en papamóvil las calles de la capital y saludó a unos 5.000 fieles congregados en el atrio. Poco antes de las 17:00 cruzó el umbral de la catedral, besó el crucifijo y bendijo a los fieles con ramas de olivo. Tras pasar por la capilla de San Jorge, veneró de rodillas la reliquia de la Santa Corona de espinas, adquirida en 1238 por el rey Luis IX, futuro San Luis, y besó su relicario. Mientras tanto sonaba el órgano del siglo XIX obra de Aristide Cavaillé-Coll.

En su saludo de bienvenida, el arzobispo Ulrich recordó el compromiso evangelizador del clero, los consagrados y los seminaristas franceses. «Se trata de unas cuarenta y cinco mil personas en Francia; obviamente, ¡no están todas aquí! Otras se encontrarán con usted en Lourdes y en Metz, el domingo y el lunes. Pero todas están en comunión». «Saben que el mundo es siempre paradójico: finge no estar interesado y, sin embargo, tiene sed de palabras verdaderas, de amor fraterno y de la paz que viene de Dios», concluyó.

3 comentarios

Yolanda
Excátedra habla mucho de lo que hay qué hacer. Le falta aplicarse en hacerlo posible. Quién sino quien se supone es cábeza de la Iglesia para acometer esas tareas?
25/09/26 9:37 PM
MARIELA
No sé referirá a la Vetus, porque ya sería el colmo de la ironía.
25/09/26 9:40 PM
Maximiliano
Nos sobrecoge que en la vida humana el alma esta sedienta de DIOS y necesita apremiantemente de la Oración ( del santo Rosario), pues sin oración como nos comenta el Papa, no amaremos a Dios con amor, y ante todo como asimismo debemos vivir a través del estado de Gracia ( la confesión ) para ser puros ante la máxima y eterna pureza de DIOS.

Y es muy cierto otra frase que recoge esta noticia: el camino de la cruz, añadió, revela las tinieblas que atraviesan el mundo, pero de manera aún más radical el amor de Dios que triunfa sobre la muerte. Esta frase - opino - resalta una profunda reflexión teológica y espiritual sobre el significado de la crucifixión y la Pasión en el cristianismo. Se puede desglosar en dos puntos clave: El camino de la cruz representa el sufrimiento, la injusticia, el dolor humano y el mal presentes en la historia. Y de forma más profunda, la cruz no es el final, sino la máxima expresión del amor de Dios, el cual supera el sufrimiento y vence definitivamente a la muerte a través de la resurrección. Nos encontraremos en la Eternidad si remamos hacia ella, con la confianza de seres a los que el Espíritu Santo nos indica - ante las tormentas de la vida - nuestra misión como faro que alumbra la salvación Eterna, pues se condena sólo el que quiere.
25/09/26 10:50 PM

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