(InfoCatólica) La diócesis de Basilea ha vuelto a poner a una mujer al frente de una de sus tres grandes regiones pastorales. Brigitte Glur-Schüpfer, doctora en Teología, es desde el pasado agosto la nueva responsable pastoral de la región diocesana de Santa Verena, que comprende los cantones de Berna, Soleura y Jura.
No es una novedad. La anterior responsable también era una mujer y la recién nombrada anteriormente había estado al frente de otra de las tres regiones pastorales diocesanas. En efecto, Brigitte Glur-Schüpfer sucede a Edith Rey Kühntopf, que había desempeñado esta responsabilidad durante once años y acaba de jubilarse.
De hecho, en las otras dos regiones pastorales de la diócesis las responsables también son mujeres: Theres Küng-Bachmann es responsable de la región de San Víctor y Antonia Hasler ocupa el mismo cargo en la región de San Urso.
Se trata de algo normal en Basilea, donde el obispo diocesano, Mons. Felix Gmür, ha apostado por el «liderazgo compartido», en el que las responsabilidades pastorales se distribuyen entre ministros ordenados y colaboradores laicos. O, mejor dicho, laicas.
El liderazgo es «compartido», porque, junto a cada mujer responsable, hay uno o más clérigos. Así, colaborarán con la nueva responsable regional el canónigo Georges Schwickerath, vicario episcopal; Marie-Andrée Beuret, delegada episcopal; y el diácono Didier Berret, delegado episcopal para la pastoral. La diócesis lo describe como una apuesta por un liderazgo «moderno, colaborativo e inclusivo».
El desplome continúa
Aunque la diócesis considera que esto no es una amenaza para la reserva del sacerdocio a los varones, lo cierto es que cada vez más se van borrando las distinciones, incluso visualmente. El nombramiento solemne de Brigitte, por alguna razón, se produjo con ella y las otras responsables revestidas con alba blanca y una franja verde que sugería una estola. Tuvo lugar en la iglesia de Cristo Rey de Biel, durante una celebración litúrgica presidida por el propio obispo Gmür.
Basilea es una diócesis muy antigua (con origen en el siglo V) y bastante grande, con unas 500 parroquias y alrededor de un millón de católicos repartidos por diez cantones suizos. A pesar de ello, solo tiene actualmente cinco seminaristas, una cifra reducidísima para las necesidades diocesanas. En 2001 todavía había diecisiete seminaristas, pero el descenso ha sido continuo.
En el mismo periodo, el número de sacerdotes diocesanos cayó de 585 a solo 340, la mayoría ancianos. Como consecuencia, el número de actos litúrgicos es de los más bajos de Suiza, ya que se celebran menos de dos misas dominicales por cada 1.000 católicos a la semana.
Al menos por ahora, el «liderazgo compartido» solo parece haber conseguido ahondar en la crisis de la diócesis.







