León XIV: «Las vocaciones no nacen de estrategias organizativas»
León con Asamblea de la Federación de Monjas Clarisas Capuchinas de Italia | © VaticanMedia

Reivindica el silencio de la clausura como anuncio en una sociedad «dominada por la prisa y el ruido»

León XIV: «Las vocaciones no nacen de estrategias organizativas»

El Papa ha recordado a las clarisas capuchinas de Italia que las vocaciones nacen de la oración, del silencio y de la familiaridad con el Evangelio.

(InfoCatólica) Ni estrategias organizativas ni campañas diseñadas sobre el papel. El Papa León XIV ha recordado este lunes a las monjas clarisas capuchinas de Italia que las vocaciones brotan de la oración, del silencio y de la familiaridad con el Evangelio, y les ha pedido que la disminución de sus comunidades no las empuje al repliegue sino a una renovación de su propia vida.

El Pontífice recibió en el Palacio Apostólico Vaticano a la Asamblea de la Federación de Monjas Clarisas Capuchinas de Italia, en un encuentro que quiso inspirar en la liturgia del día, fiesta de San Mateo, apóstol y evangelista. Partiendo de la exhortación de San Pablo a los Efesios, «comportaos de manera digna de la llamada que habéis recibido, con toda humildad, mansedumbre y magnanimidad» (Ef 4,1-2.4), León XIV invitó a las religiosas a vivir esa fidelidad según el carisma de Santa Clara y San Francisco, en la oración contemplativa, la pobreza y una adhesión total al Evangelio.

El Papa elogió el trabajo de revisión y actualización de las Constituciones de la Federación, en las que se reafirma que «primer y principal deber de todos los religiosos es la contemplación de las realidades divinas y la constante unión con Dios en la oración». Recordó también las palabras que Santa Clara dirigió a Santa Inés de Bohemia, «pon tu mente en el espejo de la eternidad, pon tu alma en el esplendor de la gloria, pon tu corazón en la figura de la divina sustancia y transfórmate toda entera, por medio de la contemplación, en la imagen de su divinidad».

Cambiar de perspectiva ante la escasez

Con esa «mente en el espejo de la eternidad» pidió León XIV a las monjas que miraran tanto al tiempo presente, «con sus dramas y sus incertidumbres», como a los desafíos de su «pequeño mundo». El Pontífice se refirió expresamente a la falta de vocaciones. «El número reducido de las vocaciones, en particular, podría empujar a alguno a opciones de cerrazón o de repliegue», advirtió.

Frente a esa tentación, el Papa repitió a las clarisas lo que ya había dicho sobre el futuro de las diócesis y los seminarios en Italia, y les propuso cambiar de perspectiva, porque las dificultades pueden ayudar a descubrir o redescubrir potencialidades inesperadas, «no tanto respecto a las fuerzas numéricas sino a la calidad de la propuesta». Lo ilustró con el Evangelio del día, «no son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos» (Mt 9,12).

«La reducción numérica de las comunidades (y el temor, que de ella deriva, de perder la propia autonomía) no debe turbar y quitar la esperanza, sino más bien impulsar a una renovación de la propia vida y a un compromiso todavía mayor en el acompañamiento espiritual de quien llama a las puertas de los monasterios, a hacer crecer comunidades alegres y vivas, en las que experimentar intimidad con Dios, afabilidad, comunión, autenticidad de las relaciones», afirmó.

Y añadió la frase central de su discurso. «Las vocaciones no nacen de la aplicación de estrategias organizativas, ni de campañas estudiadas sobre el papel, sino de la oración, de la familiaridad con el Evangelio, del silencio, del saber acogerse con las propias imperfecciones, del sentirse parte de un todo que crea unidad. Y para ello, el Señor no nos pide ser impecables, sino dejarnos moldear por su gracia, humildemente, día a día».

El silencio como anuncio

El Papa abordó después la formación, inicial y permanente. «Formaos y formad para una clausura vivida en espíritu de comunión profunda entre vosotras y con la Iglesia; para un silencio que, en una sociedad dominada por la prisa y el ruido, haga sentir la necesidad de tiempos y espacios en los que detenerse, discernir, sin temor a perder el "instante fugaz"», les pidió.

En ello situó León XIV «la misionariedad específica de la vocación claustral», que ilustró con el salmo de la liturgia del día, «sin lenguaje, sin palabras, sin que se oiga su voz, por toda la tierra se difunde su anuncio y hasta los confines del mundo su mensaje» (Sal 18,4-5). El Señor, dijo, llama a las monjas a ser sus testigos en el silencio y la contemplación, como «memoria viva y profética de la Buena Noticia».

Echar raíces en un mundo inquieto

Como hijas de Santa Clara, prosiguió, su mensaje pasa ante todo por la observancia de la Regla y de las Constituciones, y por vivir el Evangelio dejando todo lo que es del mundo. Eso implica «sobriedad, desprendimiento de las cosas, entrega de sí en la obediencia, transparencia, en una vida sencilla, pero también radical y exigente, signo precioso de fidelidad, especialmente en un mundo globalizado e inquieto, en el que parecen haberse perdido el gusto y la capacidad de "echar raíces"», palabras en las que remitió a la constitución apostólica Vultum Dei quaerere del Papa Francisco.

Para concluir, el Pontífice retomó una pregunta del asistente federal de las clarisas capuchinas, «¿pueden los monasterios femeninos de clausura ofrecer respuestas a las cuestiones de sentido de la humanidad de hoy?», y los cuatro medios que este proponía para responderla, la escucha recíproca, la koinonía como comunión de intenciones para evitar el aislamiento, la diakonía para servir y trabajar juntas y la martyría para dar testimonio del Evangelio. «Os los dejo como senderos seguros para vuestro camino», dijo.

León XIV agradeció a las monjas lo que hacen y lo que son, «antorchas, centinelas para la Iglesia y para el mundo», según una expresión del Papa Francisco, e impartió la bendición apostólica invocando la intercesión de la Virgen María, de San Francisco y Santa Clara de Asís y de la Beata María Lorenza Longo.

3 comentarios

María del Pilar
La oración es el motor de la Iglesia para todo.
Debemos hacer más oración, todos, no solo las monjas y frailes, las vocaciones nacen en la familia.
21/09/26 10:36 PM
Pierdomo
Bendito silencio. Pero la liturgia actual es ruidosa: tiene que hablar un laico al principio, tiene que recitar algo algún laico al final de la comunión, tiene que hablar un laico al final de la misa, hay q aplaudir en los cantos, o aplaudir si el presbítero anuncia algo, etc. Profanaciones todo a la manera protestante.
22/09/26 9:49 AM
Antonio L
Las únicas "estrategias diseñadas en papel" que conocemos son las que vivimos y padecemos en la cruda realidad y que se están llevando a efecto con mucho celo consistentes precisamente en ir prohibiendo y liquidando las vocaciones. Increíble.
22/09/26 1:58 PM

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